Viajar en un coche autónomo
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¿Alguna vez ha soñado ir en un coche que se condujese solo? ¿Se imagina despertar por la mañana, que el coche haya llevado a los niños al colegio y esté listo, de nuevo, para recogernos? Los coches del futuro no están tan lejos. Ford, entre otros, ha desarrollado ya vehículos con sistemas de auto-conducción integrado y ha dado el pistoletazo de salida a la carrera hacia la autonomía. Entrar en un ‘auto-móvil’ y viajar es romper esquemas que han regido la humanidad.

Los primeros experimentos de auto conducción tuvieron lugar en los 80 cuando la Universidad de Carleton desarrolló un prototipo de vehículo patrocinado por Mercedes Benz, que podía identificar el entorno y entenderlo espacialmente.
Desde entonces, grandes empresas del sector y organizaciones interesadas, empezaron a trabajar en proyectos de vehículos y sistemas de automoción con el nada despreciable fin de conquistar el sueño dorado de la autonomía, que tiene fecha para hacerse realidad y es 2020.

En realidad, el aspecto exterior y las capacidades de un coche autónomo son las mismas que hoy conocemos en los automóviles convencionales; pero en su interior integra ITS (Sistemas de Transporte Inteligente)

“La experiencia de conducir ha dejado de ser prioritaria, nuestros esfuerzos ahora se centran en hacer la conducción más efectiva e independiente y en cuestiones como el diseño, la sostenibilidad o en el estudio de nuevos materiales con los que mejorar nuestros modelos” cuenta Andreas Schamel director del Centro de Innovación y Desarrollo de Ford en Aachen.
En realidad, el aspecto exterior y las capacidades de un coche autónomo son las mismas que hoy conocemos en los automóviles convencionales; pero en su interior integra ITS (Sistemas de Transporte Inteligente); entre ellos varios radares espaciales, sensores y un ordenador que coordina su funcionamiento y la conducción.
La autonomía se logra, pues, procesando los datos del sensor de infrarrojos que detecta las líneas de la carretera y los de un radar que mide la distancia del vehículo con respecto a su entorno. Estos datos los procesa un ordenador y los transmite al vehículo en forma de ‘órdenes’.


Según un estudio de Volvo, sólo el 58% de los consumidores se montarían en un coche totalmente autónomo; su implementación, por lo tanto, exigiría un periodo de asimilación. Esta cifra varía dependiendo del modelo de sociedad; así, en India la confianza de los clientes sería de un 80%, frente a Estados Unidos que muestra un 40%.
“La urgencia de las empresas de automoción por buscar dicha autonomía esta movida por el nuevo estilo de vida del siglo XXI; !la prioridad del cliente es llegar de manera fácil y rápida a su trabajo o a su casa para disponer de más tiempo libre!” resalta Pim Van der Jagt, director y gerente de Ford Europa.


Aun así, muchas son las empresas que ven notables ventajas en el coche sin conductor y preparan un lanzamiento oficial para el año 2020. De esta innovación de base tecnológica también formarán parte multinacionales tecnológicas como Google, Tesla o Uber, que ya están desarrollando sus prototipos. Esta intromisión de empresas externas en la industria supone un desafío para el mercado del automóvil que el lobby sectorial planea como digerir.

Mayor tranquilidad y seguridad

Un coche conducido por un ordenador no se queda dormido al volante, no discute con los pasajeros, no se altera por música de la radio o se confunde de carril, llevaría una conducción estable y en definitiva más eficiente que la de una persona.
Este nuevo sistema de transporte, reduciría en un 79% el número de casos de mortalidad al volante, según ha estudiado el Departamento de Transporte de Estados Unidos, y además, reduciría las esperas, las horas de atasco y el consumo excesivo de carburante.
“!Por supuesto que los coches autónomos van a tener accidentes! pero si nos fijamos en cuáles son las causas de siniestros más frecuentes, veríamos que resultan ser por concentración o cansancio y resulta imposible que un coche auto-conducido pase por eso” cuenta el ejecutivo de Ford.

Este nuevo sistema de transporte, reduciría en un 79% el número de casos de mortalidad al volante, según ha estudiado el Departamento de Transporte de Estados Unidos


Una vez que el coche autónomo esté listo para salir tendrá que lidiar con la realidad del mercado y adaptare a las leyes y estándares de las distintas áreas geográficas.
El tema legal es el primer aspecto que frena el lanzamiento de estos vehículos. En el mercado europeo su circulación en la vía pública, actualmente, no está permitida; en Estados Unidos, por el contrario, las empresas pueden jugar con ese nicho legal, ya que la ley ni lo contempla ni lo prohíbe.
“El hecho de que se no se permita su circulación en Europa no solo obstaculiza su lanzamiento sino que impide que el vehículo se pruebe y se corrijan errores prácticos. Se necesitan muchos kilómetros para testar pequeños errores” asegura Van der Jagt.
En 2011, el estado de Nevada fue pionero en establecer una regulación y definir lo que se entendía por ‘coche autoconducido. Esto contribuyó a que en 2013 otros estados como Michigan, Nevada o Florida se animaran a crear cierto control sobre dichos automóviles, pero sobre todo abrió la cuestión sobre la responsabilidad legal que tendría el vehículo sobre los pasajeros.
“El mayor conflicto al que nos enfrentamos es el de la asignación legal de responsabilidades; resulta necesaria una regulación que determine quién sería garante de los pasajeros en el caso de que el coche sufriera un accidente” explica el especialista.
Volviendo al ejemplo de EEUU, el Departamento de Transportes de Nevada dictó que dicha responsabilidad recaería sobre el dueño del transporte y no sobre la empresa productora; en Europa, sin embargo, es un tema aún por determinar. En el caso de España la ley que debería aplicarse sería la de responsabilidad a terceros, que llamaría a responder del siniestro al fabricante y no al dueño del vehículo, por no existir ley comЬn en el marco europeo.
En materias de seguridad, el factor que supone mayor amenaza es el de los delincuentes cibernéticos, al ser, los coches autónomos, dependientes de Sistemas Inteligentes de Transporte (ITS) y su motor un ordenador.
En los últimos años, expertos informáticos han insistido en mostrar la vulnerabilidad de nuestros coches, manipulando los vehículos con la simple ayuda de un portátil. Los coches autónomos se convertirían, por lo tanto, en la diana más fácil para los hackers; quienes podrían parar los frenos o deshabilitar el embrague con un solo clic.
“Si bien somos conscientes de que en el futuro el coche necesitará de ayuda exterior en el entorno de una smartcity, hemos construido nuestros coches de modo que no procesen información que venga del exterior sino solo aquella que provenga de los mandos internos” responde convencido Van der Jagt.
Aunque esta medida otorgaría una mayor seguridad, estos vehículos en el futuro necesitarán coordinar datos entre ellos y recibir la información exterior de la ciudad; es decir, de verán integrarse con los sistemas de las smartcities. La comunicación de datos entre vehículos (V2V) y entre infraestructuras (V21/ I2V) es necesaria para el rendimiento de los sistemas de automatización. En consecuencia, la vulnerabilidad ante ataques cibernéticos seguiría siendo una amenaza.

En ruta… pero sin conducir

En Aachen, Alemania, en el Centro de Innovación y desarrollo de Ford (RIC), se ha construido el primer modelo de coche semiautónomo y lo llevamos a la carretera.
La experiencia de conducir un coche autónomo supera todas las expectativas, el conductor no puede concebir que toda la responsabilidad de la conducción la tiene un ordenador. Es algo nuevo, impactante.
En el RIC, el técnico arranca el vehículo, sale a la carretera y suelta el volante; por un momento, los pasajeros del coche contenemos la respiración, pero el coche supera la primera curva, cambia solo de marcha y continúa confiado. A los 10 kilómetros se respira más calma, no parece haber ningún peligro; el coche ha tomado las curvas con precisión, ha cambiado de carril, cambiado de marcha y se ha metido con eficacia en la rotonda.
Parece magia, pero no es más -ni menos- que la combinación de cuatro radares coordinada por computación; es tecnología sobrepasando de nuevo nuestras expectativas. Lo difícil de creer es que un coche conducido por un ordenador pueda tener un control mayor sobre la carretera que un humano.

La experiencia de conducir un coche autónomo supera todas las expectativas, el conductor no puede concebir que toda la responsabilidad de la conducción la tiene un ordenador


“Este primer prototipo no está hecho para ser conducido de manera independiente al 100 por 100, aun no es posible hacer frente a cambios repentinos en la carretera como obras o el desprendimiento de una ladera”, cuenta Andreas Meyer técnico de autonomía de Ford en el RIC, mientras retoma el control del volante ante un corte de la vía por obras.
“Este automóvil aún demanda cierto apoyo del conductor, por lo que hemos integrado una pantalla táctil. Los coches se comunican en el interior mediante una pantalla instalada en el salpicadero y emite un sonido cuando es necesario volver al control manual” remata Meyers.
El reflejo del trabajo hecho vehículo, ha sido probado en la Mcity, un prototipo de ciudad que abrió en julio para el desarrollo de nuevas tecnologías de automoción. La ciudad desarrollada por la Universidad de Michigan recrea carreteras y escenarios a escala, que imitan el entorno urbano real.
Por otra parte, el RIC de Aachen ha celebrado este año su 20 aniversario como centro de innovación; sus esfuerzos están volcados mayormente en el desarrollo de la conducción autónoma, pero también se trabaja en la investigación de nuevos materiales, nuevos motores, sistemas sostenibles o estructuras más resistentes y ligeras.
“Nos consideramos prácticamente un ‘think tank’, somos mucho más que un centro de investigación sobre el automóvil, somos una burbuja de ideas e innovación que podría cambiar la sociedad” reconoce Monica Wagener directora de comunicaciones del RIC.
El concepto de movilidad que tenemos podría cambiar de forma radical, los coches podrían no ser concebidos como propiedad privada y el transporte público quizás estaría condenado a desaparecer. Un hecho que la universidad de Columbia ha retratado en pérdidas de casi 200 millones de dólares al provocarse una reducción radical de la flota de vehículos.
“El futuro de los coches de completa autonomía no es muy lejano; de aquí a 5 o 10 años los nuevos vehículos estarán completamente integrados en el mercado y la forma de movernos como la concebimos habrá cambiado” remata Van der Jagt.

Texto: María Mercedes Robles Jiménez

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