El crecimiento acelerado de la inteligencia artificial ha alterado las prioridades de la industria de semiconductores. Los fabricantes centran sus esfuerzos en memorias de alto rendimiento destinadas a centros de datos, lo que reduce la disponibilidad para otros segmentos como ordenadores personales, smartphones o consolas. Como consecuencia, los precios de estos dispositivos comienzan a reflejar la tensión en el suministro.
En este contexto, Michael Dell plantea una previsión que ilustra la magnitud del problema. Según sus cálculos, la demanda total de memoria asociada a la inteligencia artificial podría multiplicarse por 625 en los próximos años. Este incremento responde a dos factores simultáneos: el aumento de la memoria por acelerador y la expansión del número de sistemas desplegados en centros de datos.
El directivo explica que las GPUs de alto rendimiento han pasado de 80 GB de memoria en 2022 a previsiones de hasta 2 TB en 2028. Este salto supone multiplicar por 25 la capacidad por unidad. Además, el número de aceleradores instalados también crecerá en la misma proporción. De este modo, la combinación de ambos factores genera un efecto exponencial sobre la demanda global de memoria.
Dell descarta una resolución rápida del problema. “Todavía estamos en las primeras etapas”, señala el ejecutivo, quien subraya que la adopción de infraestructuras de inteligencia artificial apenas ha comenzado.
Asimismo, advierte que la capacidad de producción de memoria no puede expandirse al mismo ritmo que la demanda, ya que la fabricación de este tipo de componentes requiere inversiones elevadas y largos ciclos de desarrollo industrial. En consecuencia, el desajuste entre oferta y demanda se prolongará durante varios años. Además, la presión no muestra señales de desaceleración, ya que las empresas continúan invirtiendo de forma intensiva en capacidades de IA para mejorar su productividad.
En este sentido, el directivo apunta que las compañías no tienen margen para frenar estas inversiones. La inteligencia artificial se consolida como un factor clave de competitividad, lo que obliga a mantener el ritmo de despliegue de infraestructuras pese al incremento de costes.
En este contexto, la falta de memoria impacta directamente en el mercado de consumo, donde fabricantes de dispositivos se enfrentan a mayores costes de producción y se traduce en precios más elevados para ordenadores, móviles o consolas.
Además, algunos actores del sector ya experimentan dificultades para asegurar suministro a precios razonables. Este contexto genera una competencia más intensa por los recursos disponibles, en la que las grandes tecnológicas cuentan con ventaja frente a empresas de menor tamaño.
Asimismo, la memoria adquiere un papel estratégico dentro de la arquitectura de los sistemas de inteligencia artificial. Ya no se trata solo de disponer de GPUs avanzadas, sino de garantizar el acceso a grandes volúmenes de datos en tiempo real. Esto incrementa el peso de la RAM en el coste total de los centros de datos y obliga a replantear las inversiones en infraestructura.