Tecnología

MasOrange logra modificar un estándar europeo con un nuevo diseño de antenas más pequeñas y eficientes

Alfonso de Castañeda | Lunes 01 de junio de 2026
Las grandes innovaciones en telecomunicaciones no siempre llegan en forma de nuevas generaciones móviles o espectaculares aumentos de velocidad. En muchas ocasiones, los cambios más relevantes se producen en elementos invisibles para el usuario, pero fundamentales para el funcionamiento de las redes. Es precisamente en ese terreno donde MasOrange acaba de conseguir uno de sus mayores hitos tecnológicos.

La compañía ha logrado que el Instituto Europeo de Normas de Telecomunicaciones (ETSI) incorpore a sus estándares una metodología desarrollada por sus propios equipos de ingeniería para el diseño de radioenlaces, una tecnología esencial para transportar tráfico de datos entre distintos puntos de la red, especialmente en zonas rurales, despliegues temporales o infraestructuras donde la fibra óptica no resulta viable.

La nueva metodología, denominada Backhaul Traffic Availability (BTA), modifica la forma tradicional en la que se calculan y dimensionan estos enlaces inalámbricos y abre la puerta a redes más eficientes desde el punto de vista técnico, económico y energético.

Un problema de diseño heredado durante décadas

Los radioenlaces funcionan mediante antenas direccionales que transmiten información a través de ondas de radio entre dos ubicaciones. Su diseño siempre ha estado condicionado por un criterio conservador: garantizar la máxima disponibilidad posible incluso en condiciones meteorológicas extremas.

Este enfoque ha permitido construir redes robustas, pero también ha provocado que numerosos enlaces estuvieran sobredimensionados respecto a las necesidades reales de tráfico. En consecuencia, muchos operadores han desplegado antenas de mayor tamaño, consumiendo más energía y ocupando más recursos de los estrictamente necesarios. Para analizar esta situación, MasOrange inició en 2021 un proyecto de investigación centrado en comprender con precisión qué parte de las limitaciones de un radioenlace dependía realmente de la meteorología y cuál estaba relacionada con el comportamiento del tráfico.

En este contexto, la compañía que lidera Meinrad Spenger ha desarrollado una herramienta específica capaz de separar ambas variables y analizar su impacto individual. Tras estudiar numerosos enlaces en producción, los ingenieros han detectado que existía margen para optimizar significativamente los criterios de diseño utilizados por la industria.

Validación en entornos reales

A partir de estos resultados, la teleco ha diseñado un nuevo modelo teórico basado en patrones reales de utilización de la red. La metodología, sometida posteriormente a un proceso de validación durante un año completo en distintas provincias españolas (Sevilla, Alicante, Asturias y Pontevedra) con condiciones climáticas muy diferentes, ha incorporado equipamiento de diversos fabricantes para garantizar que los resultados fueran extrapolables a diferentes escenarios tecnológicos.

Según explica la compañía, los ensayos han confirmado que es posible reducir el tamaño de las antenas manteniendo los mismos niveles de disponibilidad y capacidad exigidos por los operadores. Así, el nuevo modelo permite ajustar con mayor precisión el diseño de cada enlace en función del tráfico real esperado y de las condiciones específicas del entorno, evitando sobredimensionamientos innecesarios.

Cómo afecta al sector

La adopción de BTA por parte de ETSI supone que esta metodología pasa a formar parte de los estándares de referencia utilizados por la industria europea de telecomunicaciones. Más allá del reconocimiento técnico para MasOrange, la decisión puede tener implicaciones directas para fabricantes de equipamiento, desarrolladores de herramientas de planificación y operadores de red, que podrán beneficiarse de diseños más eficientes.

Entre las ventajas identificadas destacan la reducción del diámetro y peso de las antenas, un menor consumo energético, un uso más eficiente del espectro radioeléctrico y una disminución de los costes asociados al despliegue y mantenimiento de infraestructuras.

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