En su décimo aniversario, VivaTech ha dejado de ser una feria de innovación para convertirse en el escenario donde Europa debate su papel en la nueva guerra tecnológica global. Entre robots humanoides, inteligencia artificial, computación cuántica y tecnología espacial, la edición de 2026 ha estado marcada por una pregunta mucho más profunda y es quién controlará el futuro digital y bajo qué reglas.
Durante años, la gran feria tecnológica francesa ha sido el escaparate perfecto para mostrar el futuro, desde startups, grandes corporaciones, inversores y gobiernos han acudido a París para descubrir las próximas tendencias que transformarán la economía global. Sin embargo, en esta edición el ambiente ha cambiado y es que el futuro sigue estando presente, pero ahora aparece acompañado por una creciente sensación de urgencia, no se contempla únicamente como una herramienta para mejorar procesos o crear nuevos negocios sino que también se percibe como un elemento de influencia geopolítica, una cuestión de soberanía nacional y un factor estratégico capaz de determinar qué regiones liderarán la próxima revolución económica.
El décimo aniversario de VivaTech ha servido para tomar perspectiva, lo que comenzó en 2016 como una apuesta para conectar startups con grandes corporaciones se ha convertido en uno de los principales eventos tecnológicos del mundo. La propia organización quiso simbolizar esta evolución sacando parte del evento fuera de los recintos tradicionales, durante varios días, algunas de las tecnologías más llamativas pudieron verse en espacios abiertos de París, incluyendo zonas emblemáticas como los Campos Elíseos. La intención era clara: acercar la innovación al ciudadano y demostrar que la tecnología ya no es un asunto reservado para ingenieros, ejecutivos o inversores.
François Bitouzet, director general de VivaTech, defendió precisamente esa idea durante una entrevista concedida en el marco del evento, "la tecnología es demasiado importante como para dejarla solo en manos de la gente de tecnología", explicó. La frase resume perfectamente el espíritu de una edición que ha buscado democratizar un debate cada vez más complejo porque mientras los asistentes observaban robots humanoides capaces de mantener conversaciones naturales o prototipos de vehículos autónomos, las preguntas que surgían eran mucho menos futuristas y mucho más inmediatas, desde ¿qué ocurrirá con el empleo? hasta, ¿quién controlará la inteligencia artificial?.
"Creemos que la tecnología es demasiado importante como para dejarla solo en manos de la gente de tecnología" François Bitouzet (Director General de VivaTech)
Si hubiera que resumir VivaTech 2026 en una sola palabra, probablemente sería inteligencia artificial. La IA ha estado en todas partes, en los stands, en las demostraciones, en los anuncios corporativos y, especialmente, en los escenarios principales y sin embargo, a diferencia de años anteriores, el discurso ha evolucionado. En 2023 y 2024 la conversación giraba alrededor del potencial de ChatGPT y los modelos generativos, en 2026 el debate se ha vuelto mucho más complejo.
La inteligencia artificial ya no se presenta únicamente como una herramienta capaz de ayudar a trabajadores y empresas, también aparece como una fuerza capaz de alterar industrias enteras, transformar mercados laborales y modificar el equilibrio de poder entre países. Muchos de los paneles más concurridos no estaban dedicados a enseñar cómo utilizar la IA, sino a analizar sus riesgos y la preocupación por la sustitución de determinados puestos de trabajo cualificados ha ganado peso, junto a un aumento de las dudas sobre la propiedad intelectual, el uso masivo de contenidos para entrenar modelos y el impacto de las deepfakes en procesos electorales y democráticos.
Por primera vez, el optimismo tecnológico que tradicionalmente ha caracterizado a este tipo de eventos convive con una sensación de cautela, la inteligencia artificial sigue representando una oportunidad histórica, pero también ha comenzado a percibirse como una fuente de vulnerabilidades que todavía no han sido resueltas. Y precisamente ahí aparece uno de los grandes temas que han definido esta edición: la soberanía tecnológica.
Si la inteligencia artificial fue el tema dominante de VivaTech 2026, la soberanía tecnológica fue, sin duda, el concepto que más se repitió en los escenarios de París, una cuestión que apareció una y otra vez en conferencias, mesas redondas y conversaciones entre directivos, responsables políticos e inversores. Ya no se trata únicamente de desarrollar mejores modelos o construir centros de datos más potentes, la pregunta que sobrevuela Europa es mucho más incómoda: ¿qué ocurre cuando las tecnologías de las que depende una empresa o incluso un continente entero están controladas desde otro lugar?. Un sentimiento que quedó reflejado en una de las mesas de la feria, titulada Sovereignty Is the New Business Continuity, donde participaron Christel Heydemann, consejera delegada de Orange, y Stéphane Pallez, presidenta y CEO de FDJ United.
La misma preocupación apareció durante la conversación mantenida con François Bitouzet, director general de VivaTech, lejos de presentar la edición del décimo aniversario como una celebración corporativa, Bitouzet insistió en que el verdadero protagonista es el crecimiento del ecosistema tecnológico europeo durante la última década. Sin embargo, también reconoció que el contexto actual es radicalmente distinto al de los primeros años del evento, "hace diez años hablábamos de cloud, de 5G y de tecnologías que hoy son completamente normales. Ahora estamos al principio de una nueva era marcada por la inteligencia artificial", explicó.
Para el responsable de VivaTech, una de las principales conclusiones de esta edición es precisamente la creciente dimensión política de la tecnología, “vemos este año que la tecnología es aún más política que nunca, con toda la cuestión de la soberanía", afirmó. Bitouzet considera que Europa dispone de una oportunidad única para reforzar su ecosistema tecnológico, aunque para ello será necesario acelerar la colaboración entre startups, grandes empresas, instituciones públicas e inversores. Su visión encaja perfectamente con una de las grandes sensaciones que deja esta edición, Europa parece haber despertado, pero todavía busca la fórmula para transformar la preocupación en acción.
El concepto de soberanía tecnológica ya no pertenece exclusivamente al ámbito institucional sino que se ha convertido en un elemento operativo que afecta directamente al funcionamiento diario de las empresas, la responsable de FDJ United explicó que su compañía opera en un entorno “altamente regulado” donde la confianza es un activo fundamental, una interrupción tecnológica o la pérdida de acceso a sistemas críticos no solo tendría consecuencias económicas, sino que podría poner en riesgo la propia capacidad de operar en determinados mercados.
La solución, según defendió, pasa por identificar cuidadosamente los puntos de dependencia y convertir la soberanía tecnológica en un criterio más dentro de la toma de decisiones empresariales. No se trata necesariamente de reemplazar todas las tecnologías extranjeras ni de aislarse del mercado global sino que el objetivo consiste en comprender dónde se encuentran las vulnerabilidades y reducir la exposición a riesgos que hasta hace pocos años apenas se contemplaban. La idea apareció repetidamente durante el evento, muchas empresas europeas han comenzado a incorporar análisis de dependencia tecnológica en sus procesos de compra, especialmente en ámbitos relacionados con la nube, la inteligencia artificial, las comunicaciones o la gestión de datos.
"Hace 10 años, cuando fundamos VivaTech, fue para decirle al mundo que en Europa tenemos grandes startups, gran talento y gran innovación" François Bitouzet (Director General de VivaTech)
Muchos de los participantes en VivaTech coincidían en una misma reflexión, las decisiones que se tomen durante los próximos años determinarán si Europa se convierte en un actor relevante de la revolución de la inteligencia artificial o si termina dependiendo de tecnologías desarrolladas y controladas por otros. Y precisamente esa sensación de urgencia fue una de las emociones más presentes en los pabellones de París, porque detrás de cada demostración tecnológica, de cada robot humanoide y de cada nuevo modelo de IA, aparecía siempre la misma pregunta, ¿quién controlará las herramientas que definirán la próxima década?
Durante cuatro días, los visitantes han podido contemplar avances que parecen sacados de una novela de ciencia ficción, robots capaces de interactuar de forma natural con humanos, sistemas de inteligencia artificial que ejecutan tareas complejas sin supervisión, nuevas arquitecturas de computación cuántica o tecnologías médicas capaces de transformar la atención sanitaria durante las próximas décadas. Sin embargo, bajo esa capa de optimismo tecnológico existe una contradicción que ha estado presente en gran parte de las conversaciones celebradas en París.
Muchas de las soluciones que se presentan como respuesta a los grandes desafíos de nuestro tiempo todavía necesitan años para alcanzar una escala real, desde la crisis energética, la presión sobre los sistemas sanitarios, la necesidad de nuevas fuentes de energía o el enorme consumo de recursos asociado a la propia inteligencia artificial siguen siendo problemas actuales para los que las respuestas definitivas todavía están en construcción y esque VivaTech funciona así como una especie de ventana temporal, un lugar donde las empresas muestran cómo imaginan el mundo dentro de diez años mientras gobiernos, ciudadanos y compañías siguen enfrentándose a problemas que requieren soluciones inmediatas.
Peter DeSantis, vicepresidente senior de Amazon Web Services, defendió que todavía nos encontramos en la línea de salida de la inteligencia artificial, según explicó, los avances recientes son impresionantes, pero la verdadera transformación llegará cuando los modelos sean capaces de interactuar de manera mucho más natural con las personas y cuando la infraestructura consiga responder de forma eficiente a una demanda que sigue creciendo exponencialmente.
El principal desafío ya no consiste únicamente en desarrollar mejores algoritmos, la cuestión crítica es cómo alimentar esos sistemas y es que la industria se enfrenta a una ecuación compleja donde convergen potencia de cálculo, disponibilidad energética, capacidad de red, almacenamiento y sostenibilidad económica. Cada nueva generación de modelos requiere más recursos y cada nueva aplicación aumenta la demanda, obligando a replantear cómo construir la infraestructura necesaria para soportar la siguiente fase de crecimiento. Por eso gran parte de la conversación tecnológica ha dejado de centrarse exclusivamente en los modelos para trasladarse hacia los centros de datos, las redes, los semiconductores y la energía.
Europa, por su parte, intenta encontrar un espacio propio entre ambos gigantes y la sensación general en París es que la próxima década estará marcada por esta competición, no solo por quién desarrolla la mejor inteligencia artificial, sino por quién controla la infraestructura, los datos, la capacidad computacional y las reglas que determinarán cómo se utiliza esa tecnología.
Al cumplir diez años, VivaTech ha dejado de ser simplemente una feria tecnológica, lo que comenzó como un punto de encuentro para startups e inversores se ha convertido en un observatorio privilegiado desde el que analizar algunas de las grandes transformaciones de nuestro tiempo. La inteligencia artificial ha sido la protagonista absoluta del evento, pero también ha servido como catalizador de preguntas mucho más amplias.
¿Quién controlará las infraestructuras digitales del futuro? ¿Cómo garantizar la autonomía tecnológica de regiones enteras? ¿Qué papel desempeñarán los humanos en un entorno cada vez más automatizado? ¿Y cómo evitar que la dependencia tecnológica se convierta en una nueva forma de vulnerabilidad estratégica? Quizá esa sea la gran conclusión que deja París este año.