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NitiBraid, el implante vascular flexible creado en España que gana el James Dyson Award 2026

Miguel Castaño | Miércoles 16 de septiembre de 2026

Carlos Aguilar, investigador de la Universidad Politécnica de Madrid (UPM), ha sido proclamado ganador nacional del James Dyson Award 2026 gracias a NitiBraid, un proyecto que busca transformar la fabricación de implantes vasculares mediante una combinación de impresión 3D, Nitinol y estructuras inspiradas en tejidos y trenzados. La propuesta parte de un problema relacionado con la fabricación de dispositivos médicos personalizados.



NitiBraid se basa en la impresion 3D

Los implantes vasculares deben adaptarse a anatomías que pueden presentar formas y dimensiones muy diferentes entre pacientes, pero las posibilidades de la fabricación convencional pueden limitar la capacidad de crear estructuras que combinen diferentes niveles de flexibilidad.

NitiBraid plantea utilizar Nitinol, una aleación conocida por sus propiedades de superelasticidad y memoria de forma, para fabricar mediante impresión 3D estructuras ultraflexibles. La tecnología permite diseñar una misma pieza con zonas más rígidas y otras capaces de deformarse, con el objetivo de conseguir implantes que puedan adaptarse mejor a las características anatómicas de cada paciente.

“El conocimiento debe salir de los laboratorios para resolver problemas reales”

El proyecto aborda además una de las limitaciones de la impresión 3D de Nitinol, según la información facilitada por el equipo, las piezas fabricadas mediante procesos aditivos presentan una menor elasticidad y capacidad de deformación que las producidas mediante métodos industriales convencionales. NitiBraid busca solucionar esta diferencia no modificando únicamente el material, sino cambiando la arquitectura de la propia estructura.

Una arquitectura inspirada en tejidos

La tecnología combina impresión 3D y algoritmos capaces de generar estructuras inspiradas en tejidos textiles y trenzados, a través de parámetros como el grosor, el espaciado y la geometría de las fibras, el sistema puede controlar localmente el comportamiento mecánico de cada zona.

De esta forma, una misma estructura puede presentar diferentes niveles de rigidez, capacidad de carga, absorción de energía y tenacidad. El equipo sostiene que estos parámetros pueden modificarse en varios órdenes de magnitud únicamente mediante el diseño de la geometría.

El desarrollo comenzó con el estudio de las limitaciones de la fabricación de Nitinol mediante impresión 3D y la optimización del proceso, posteriormente, el equipo exploró diferentes alternativas, entre ellas estructuras basadas en origami, kirigami y mecanismos cinemáticos, hasta llegar a los diseños textiles y trenzados que dan forma a NitiBraid. El siguiente paso fue desarrollar algoritmos capaces de generar y controlar estas geometrías, que posteriormente fueron sometidas a diferentes pruebas de compresión.

Aunque la principal aplicación planteada para NitiBraid está relacionada con los implantes vasculares personalizados, la tecnología podría tener aplicaciones más allá del ámbito médico. La capacidad para fabricar estructuras ligeras, resistentes y deformables mediante Nitinol también abre posibilidades en sectores como el aeroespacial, precisamente, una de las características del proyecto es que la arquitectura puede adaptarse a diferentes necesidades mediante el control de sus propiedades mecánicas. Esto podría permitir explorar su utilización en estructuras avanzadas donde sean necesarias simultáneamente ligereza, resistencia y capacidad de deformación.

El reconocimiento del James Dyson Award proporciona al proyecto una aportación económica de 5.770 euros, destinada a apoyar sus siguientes fases de desarrollo y comercialización. Para Carlos Aguilar, el premio supone además una oportunidad para trasladar una tecnología desarrollada en el ámbito académico hacia aplicaciones prácticas, “el conocimiento debe salir de los laboratorios para resolver problemas reales”, señala Aguilar, quien considera que el respaldo del premio puede ayudar a demostrar la viabilidad de una tecnología desarrollada en el ámbito del DeepTech.

El proyecto se encuentra todavía en una fase de desarrollo, entre los próximos objetivos está llevar los prototipos a escenarios más exigentes y validar su funcionamiento frente a problemas reales, tanto en aplicaciones clínicas como en posibles usos espaciales.

NitriTrack y Prometheus completan los proyectos españoles

Junto a NitiBraid, el James Dyson Award ha seleccionado otros dos proyectos españoles como finalistas nacionales, uno de ellos es NitriTrack, desarrollado por Sara Fernández, alumna de la Universidad Politécnica de Cataluña. El proyecto busca facilitar la medición del óxido nítrico presente en la saliva mediante un dispositivo portátil que analiza digitalmente el color de las tiras utilizadas para realizar la prueba.

El sistema transforma el resultado del análisis en una medición digital que puede clasificarse en seis niveles y almacenar los datos para facilitar su seguimiento. El prototipo tiene un coste inferior a 60 euros, según la información facilitada por la organización. El segundo finalista es Prometheus, de Eduardo Mayoral, una propuesta centrada en el suministro energético para pequeñas plataformas espaciales, el proyecto plantea un sistema modular basado en una fuente beta que puede proporcionar energía de forma continua durante largos periodos sin depender de la luz solar.

La tecnología utiliza una cadena de conversión betafotovoltaica para transformar parte de la energía en fotones del infrarrojo cercano, que posteriormente son aprovechados por un receptor fotovoltaico basado en un semiconductor III-V. Los tres proyectos españoles pasarán ahora a la fase internacional del James Dyson Award. Los 20 finalistas internacionales se anunciarán el 14 de octubre, mientras que los ganadores mundiales serán seleccionados por James Dyson y se darán a conocer el 4 de noviembre. El premio internacional asciende a 35.000 euros.

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