La autonomía depende de la capacidad disponible, aunque también intervienen el procesador, la pantalla, la gestión energética del software, la tecnología de las celdas, la velocidad de carga y, cada vez más, la capacidad para limitar su degradación.
REDMI Note 17 Series sirven como ejemplo de esta evolución, ya que Xiaomi apuesta por baterías de silicio-carbono de entre 7.700 y 9.210 mAh, con sistemas de carga de hasta 100 W y mecanismos destinados a prolongar su rendimiento durante años.
La capacidad, expresada en mAh, representa la cantidad de carga eléctrica que puede almacenar una batería. Una cifra superior establece, por tanto, un techo energético mayor, pero no determina por sí sola cuánto durará encendido el teléfono.
Además, no todas las baterías tienen las mismas características. Las baterías de iones de litio constituyen la base de los smartphones actuales, aunque existen diferentes composiciones y soluciones constructivas. Entre ellas las baterías de polímero de litio o Li-Po, cuyo electrolito permite fabricar celdas ligeras y adaptadas a los reducidos espacios disponibles dentro de los dispositivos electrónicos.
El silicio puede almacenar una cantidad de litio considerablemente superior al grafito, por lo que permite aumentar la densidad energética
Una de las evoluciones que ha cobrado protagonismo en los smartphones es el silicio-carbono. La diferencia se encuentra principalmente en el ánodo: las baterías convencionales utilizan fundamentalmente grafito, mientras que las nuevas soluciones incorporan silicio junto al carbono. El silicio puede almacenar una cantidad de litio considerablemente superior al grafito, por lo que permite aumentar la densidad energética y, en consecuencia, introducir más capacidad sin elevar el volumen en la misma proporción.
No obstante, el silicio tiene un inconveniente técnico y es que experimenta cambios importantes de volumen durante los ciclos de carga y descarga. Por ello, su incorporación requiere composiciones y sistemas de gestión capaces de controlar ese comportamiento y limitar la degradación. En el REDMI Note 17 Series, esta tecnología permite alcanzar capacidades superiores a las habituales. Por ejemplo, REDMI Note 17 Pro Max 5G incorpora una batería de silicio-carbono de 9.210 mAh con un 16% de contenido de silicio; mientras que REDMI Note 17 Pro 5G alcanza 8.340 mAh y REDMI Note 17 5G y REDMI Note 17 cuentan con 7.700 mAh.
La tecnología de la batería tampoco explica toda la autonomía. La eficiencia del procesador es determinante, puesto que los procesos de fabricación con nodos más pequeños permiten reducir el consumo energético y la generación de calor. REDMI Note 17 Pro Max 5G, por ejemplo, combina sus 9.210 mAh con un Snapdragon 6 Gen 5 fabricado mediante un proceso de 4 nm que Xiaomi cifra en una autonomía de hasta tres días bajo sus condiciones de prueba, además de 37 horas de reproducción de vídeo, 19 horas de juego o 13 horas de grabación.
La pantalla representa otro de los principales focos de consumo. Por ello, al comparar dispositivos también es relevante observar el brillo, la resolución y la frecuencia de actualización. Los paneles capaces de modificar dinámicamente su tasa de refresco pueden reducir el gasto cuando el contenido mostrado no necesita actualizarse continuamente.
Asimismo, el software tiene cada vez más responsabilidad sobre el consumo. Los sistemas actuales pueden identificar aplicaciones prioritarias, restringir procesos en segundo plano y ajustar los recursos de CPU y GPU a las necesidades de cada momento. También pueden modificar el comportamiento de conexiones como 5G, WiFi o Bluetooth en función de la señal y del tráfico de datos.
Dos teléfonos compatibles con una determinada cantidad de vatios no necesariamente ofrecen la misma experiencia
La potencia de carga se ha convertido en otra de las grandes cifras de las fichas técnicas. Sin embargo, dos teléfonos compatibles con una determinada cantidad de vatios no necesariamente ofrecen la misma experiencia.
Una de las claves está en el protocolo. USB Power Delivery (USB-PD) es un estándar abierto que permite que cargador y dispositivo negocien diferentes niveles de potencia. PPS, integrado en USB-PD, permite ajustar de manera más precisa el voltaje y la corriente suministrados durante el proceso.
Frente a estos estándares existen tecnologías propietarias de los fabricantes. Estas soluciones pueden alcanzar potencias elevadas mediante una combinación específica de cargador, cable, electrónica y gestión térmica. Por este motivo, antes de comprar un smartphone conviene comprobar su potencia máxima, pero también qué protocolos admite y qué velocidad puede alcanzar con cargadores de terceros.
Siguiendo el ejemplo de los nuevos equipos de Xiaomi, REDMI Note 17 Pro Max 5G alcanza 100 W HyperCharge y, según las pruebas internas de la marca asiática, 20 minutos proporcionan energía para un día completo de uso. REDMI Note 17 Pro 5G ofrece 67 W y puede alcanzar el 50% en 34 minutos, mientras que REDMI Note 17 y Note 17 5G disponen de 45 W. Toda la familia incorpora además carga inversa por cable: 27 W en el Pro Max y 22,5 W en el resto.
La temperatura supone otro factor importante: mayor potencia implica la necesidad de controlar con precisión el calor, el voltaje y la corriente que llegan a las celdas. Algunos diseños recurren a baterías divididas en dos celdas para distribuir la carga y reducir el esfuerzo térmico. Asimismo, la carga inalámbrica ofrece mayor comodidad, aunque presenta una eficiencia inferior a la conexión por cable y puede generar más calor durante la transferencia de energía.
La autonomía inicial tampoco permite determinar por completo la calidad de una batería. Todas las baterías de litio pierden capacidad con el tiempo debido a su degradación química, por lo que la vida útil se ha convertido en otro parámetro relevante.
En este punto es fundamental entender qué significa un ciclo, ya que pese al pensamiento general éste no equivale necesariamente a conectar una vez el teléfono al cargador. Un ciclo se completa cuando se ha consumido, de forma acumulada, el equivalente al 100% de la capacidad. Por ejemplo, consumir un 50%, recargar el teléfono y posteriormente utilizar otro 50% equivale aproximadamente a un ciclo completo.
El calor excesivo y mantener la batería durante largos periodos al 100% aceleran el deterioro de los componentes internos
Las baterías actuales suelen diseñarse para conservar al menos el 80% de su capacidad original después de cientos de ciclos, aunque el resultado depende de la química empleada y de las condiciones de uso. El calor excesivo y mantener la batería durante largos periodos al 100% aceleran el deterioro de los componentes internos.
Por esta razón, el software vuelve a jugar un papel relevante ya que los smartphones modernos incorporan algoritmos de carga adaptativa que aprenden los horarios del usuario, detienen temporalmente la carga alrededor del 80% y completan el porcentaje restante poco antes de que normalmente se desconecte el teléfono. El objetivo pasa por reducir el tiempo durante el cual la batería permanece sometida a niveles elevados de voltaje.
Xiaomi asegura que el sistema de gestión de REDMI Note 17 Series permite conservar al menos el 80% de la capacidad original después de 1.600 ciclos completos, cifra que la compañía equipara a aproximadamente seis años de uso habitual bajo sus condiciones de prueba. Además, los cuatro modelos cuentan con certificaciones de rendimiento de batería de cinco estrellas de TÜV SÜD.
De este modo, elegir un smartphone por su batería exige mirar bastante más allá de los mAh. La química y densidad energética de las celdas, la eficiencia del procesador y la pantalla, la gestión por software, los protocolos de carga, el control térmico y la capacidad restante después de cientos de ciclos permiten realizar una comparación mucho más útil. La mejor batería no tiene por qué ser simplemente la que acumula más energía, sino la que consigue aprovecharla con eficiencia, recuperarla con rapidez y conservar sus prestaciones durante buena parte de la vida útil del teléfono.