Acaban las navidades y con ellas el estrés de esas compras que alteran completamente el sentido que debería tener el día de Navidad y el de Reyes. Pero no voy a ponerme estupenda ni voy a predicar, porque todos pasamos por el mismo aro y caemos en que ‘demostrar cariño’ a alguien es comprar algo, lo que sea para quedar lo mejor posible, dentro de nuestras posibilidades.
Tal vez por eso, porque no quería parecer un anuncio de Navidad, no había escrito este texto antes, pero creo que merece la pena recordar cómo fue mi 2025 tecnológico, porque seguro que fue peculiar y diferente al de otros.
Para empezar, los teléfonos. Entre Honor y Samsung anda el juego, con los modelos plus de los dos: el Honor Magic7 Pro y el Galaxy S25 Ultra. Reconozco que si antes batería, procesador, cámaras eran un factor determinante para mí, la integración de la IA ha pasado a ser un ‘must have’. Tener la posibilidad de grabar las ruedas de prensa, las entrevistas, las reuniones, poderlas transcribir en castellano y trabajar ya sobre esos apuntes, supone un ahorro de tiempo incalculable para cualquier periodista. Como dirían los latinos, cuyos dichos empiezan a fundirse con los nuestros: “los amo”. La IA vinculada a la imagen, tanto en creación como en captura, grabación o edición, no es un capricho, es toda una herramienta de trabajo.
He de reconocer también que me he hecho adicta a algunos productos de software como pueden ser todas las herramientas de inteligencia artificial en todas las versiones que han estado a mi alcance y que me resultan de utilidad e interés. Me encanta investigar, explorar, descubrir, enseñar… y por eso utilizo ChatGPT, Gemini, NotebookLM, Pinpoint, Perplexity, Comet, Sora, AIKit, Midjourney, Copilot, Grok, ClipAi y todo lo que sale y me despierte curiosidad.
Pero según avanza la tecnología, las conexiones, la IA y los caprichos tecnológicos me voy vinculando a productos de los que me resulta imposible desprenderme si no es para cambiarlos por una versión mejor. En mi caso, por ejemplo Dreame ha llegado a mi vida. Esa casa de la playa sin arena, sin pelos de perros, con el suelo limpio y brillante cada día, sin que yo haya hecho el mínimo esfuerzo, me sulibeya. También el aspirador sin cables con IA que adora todo el mundo en casa y regula su potencia según el nivel de suciedad o el secador que te permite llevar cualquier tipo de estilismo. Técnicamente bueno, estéticamente impecable; cualquiera de los aparatos que fabrica y se busca un hueco en el mercado tiene un interés. En la misma línea, Roborock: marcas nuevas, poco conocidas que apuestan fuerte por integrarse en nuestro hogar.
En cuestión del hogar, la IA también ha llegado a lavaplatos de Beko, con nivel de energía A, según la escala actual, y que aplica los algoritmos en la detección del nivel de suciedad para ajustar la temperatura y duración del programa, de forma que aporta limpieza eficiente y menor consumo energético y de agua, entre otras bondades.
En cuanto a accesorios, soy de relojes Huawei. ¿Por qué? Pues porque recargo mi reloj en algún rato libre una vez a la semana, más o menos y, además de la consiguiente medición de pasos o de decenas de tipos de ejercicio distinto, me mide la calidad de sueño, el oxígeno en sangre o me hace ECG (aproximado, por supuesto); de forma que tengo un control de mis constantes que me ayudan a gestionar mi día a día con mayor impacto en mi bienestar.
También accesorios son los cascos, técnicamente llamados auriculares y popularmente y en plan guay, los ‘buds’ . Reconozco que alterno tres modelos según el momento. Los Samsung Galaxy Buds3 que me acompañan en los largos trayectos de transporte público; los Huawei Free Buds 7i, que además de calidad excelente tienen doble canal y los mantengo conectados al teléfono y a la televisión simultáneamente, y para trabajar, me he sumado a la moda de los Freeclip, pero de eso ya hablaremos más adelante.
Y los cascos son importantes porque también he incorporado a mi vida los podcast y los audiolibros. “Bienvenido a Audible” (con voz profunda y acento anglo) ha pasado a ser una frase de mi día a día. Reconozco que me resultó curioso escuchar la voz del Rey Juan Carlos asociada a su libro ‘Reconciliación’ o mi propio nombre en el capítulo de agradecimientos del ‘La caza del ejecutor’ de Vicente Vallés. ¡Venga! Voy a ser sincera, me llenó el ego.
No puedo cerrar este recuento anual de mis favoritos tecnológicos sin mencionar el que es mi portátil por antonomasia y desde hace años, el LG Gram, cuyos nuevos modelos siempre me gustan más que el del año anterior y que me he resistido más de siete años a abandonar. Pero he solicitado el Kit Digital y, a pesar de que me han hecho hacer un curso entre lo malo lo peor y me han aportado un software que le cuesta actualizarse, me ha permitido renovar mi equipo personal y, sí, he tenido que pagar algo, pero mi elección ha sido el Samsung Galaxy Book4 de 15,6 pulgadas. La relación calidad precio es magnífica y las prestaciones del ordenador excepcionales.
Mi propósito de distanciarme de las redes sociales prospera; salvo por los ratos que paso viendo los vídeos de Daniel Quesada para Zonamovilidad; quién llegará todo lo lejos que él quiera y mi interés por el mundo de las telecomunicaciones no disminuye; por eso me he me he mantenido muy atenta a las operaciones financieras de Meinrad Spenger (vaya crack), a los nuevos fichajes, cambio de ruta y ERE de Telefónica y al devenir de Vodafone que dicen que ha mejorado en cuanto a números, pero ha perdido lo mejor que tenía: la calidad en todos y cada uno de los ámbitos en que operaba y de los que estaban tan orgullosos como satisfechos sus clientes. ¡Me han dado las Navidades! Si eso es lo que hacen los fondos, esperemos que esta travesía termine pronto.
Todo mi respeto, cariño y admiración para las empresas de infraestructuras, especialmente para aquellas que atienden el mundo rural. Y mi recelo para las instituciones oficiales que adjudican dinero de forma caprichosa, con poca transparencia y sin control posterior ninguno.
Y si algo he aprendido este año, y reconozco que no tenía ni idea, es de tokenización y más concretamente de proyectos de tokenización inmobiliaria. He tenido oportunidad de hablar con expertos que aseguran que quien no se sume a este mundo, dentro de unos años estará perdido en la gestión del dinero; así es que yo me aplico mi máxima y considero que lo mejor es aprender.
"No todo lo que vende una marca o lleva publicidad añadida, sea en el formato que sea es lo mejor"
¿Cuántica? Estamos en ello, prospero adecuadamente, pero soy de letras…
En fin, que no todo lo que vende una marca o lleva publicidad añadida, sea en el formato que sea es lo mejor. El camino para disfrutar de la tecnología al 100% es informarse y sacar el mejor provecho a nuestra inversión; bien sea a la hora de comprar un electrodoméstico, un teléfono, pagar un software o buscar un refugio para nuestros ahorros.