Un ejercicio de memoria colectiva que conecta lo personal con lo cultural. En el ámbito tecnológico, ese mismo viaje al pasado permite entender hasta qué punto 2016 fue un año clave por los productos que se lanzaron, pero también por los cambios estructurales que aún definen la relación entre personas y tecnología.
Uno de los momentos más recordados de aquel año llegó con la presentación del iPhone 7. Apple tomó una decisión que entonces parecía radical: eliminar el conector de auriculares. La polémica fue inmediata, pero el movimiento vino acompañado del lanzamiento de los primeros AirPods. Aquel accesorio inauguró una nueva categoría de producto y aceleró la transición hacia un ecosistema inalámbrico que hoy resulta cotidiano. Diez años después, la ausencia de cables es norma y no excepción, y el mercado de auriculares true wireless se ha convertido en uno de los más competitivos del sector.
2016 también fue el año en el que la tecnología salió literalmente a la calle. Pokémon Go se transformó en un fenómeno global que trascendió el videojuego. Millones de personas recorrieron ciudades enteras guiadas por la pantalla del móvil, mezclando realidad física y digital como nunca antes se había visto a gran escala.
En paralelo, Google decidió cambiar su papel en el mercado móvil con el lanzamiento del primer Pixel, que no llegaría a España. Fue el momento en el que la compañía apostó por controlar directamente el diseño de su smartphone, integrando hardware, software y servicios. El Pixel sentó las bases de una estrategia centrada en la experiencia de usuario, la fotografía computacional y la inteligencia artificial.
Las redes sociales tampoco fueron las mismas después de 2016. Instagram introdujo los Stories, copiando un formato efímero que introdujo Snapchat en el mercado y que transformó para siempre la forma de consumir y compartir contenido. Ese mismo año, la plataforma abandonó el orden cronológico en favor de un algoritmo que priorizaba relevancia y engagement, y estrenó un nuevo logotipo que, con ciertos matices, se mantiene a día de hoy.
No todo fueron éxitos. Samsung vivió uno de los episodios más delicados de su historia con el Galaxy Note 7. Los problemas de batería provocaron incendios y obligaron a retirar el dispositivo del mercado a nivel mundial, incluso prohibiendo su transporte en aviones. Aquel fallo supuso un antes y un después en los controles de calidad y en la gestión de crisis dentro de la industria tecnológica, además de reforzar la idea de que la innovación sin seguridad puede tener un coste reputacional enorme.
En España, el recuerdo tecnológico de 2016 también incluye el conocido Bellotagate. El caso de Zetta estalló, acusada de vender móviles como productos diseñados y fabricados en nuestro país, cuando la realidad es que eran equipos fabricados por Xiaomi a los que se les modificaba la capa de personalización del sistema operativo y estrenaban trasera modificando simplemente el logo.