Las Oakley Meta HSTN llegan como una reinterpretación tecnológica de un diseño icónico de la marca, integrando cámara, micrófonos, altavoces y Meta AI en una montura que, sobre el papel, debería combinar estilo, rendimiento y conectividad.
La pregunta es inevitable: ¿estamos ante unas gafas deportivas inteligentes… o ante unas gafas urbanas con estética deportiva? Tras varias semanas de uso, la respuesta no es tan simple como podría parecer.
Las Oakley Meta HSTN mantienen la silueta característica del modelo HSTN: líneas marcadas, frontal contundente y una presencia que no pasa desapercibida. Sus dimensiones (145 x 51 x 22 mm) y sus 53 gramos de peso las sitúan dentro de lo razonable para unas smart glasses, aunque son algo más pesadas que unas gafas convencionales.
La construcción transmite calidad. La montura se siente robusta, bien ensamblada y coherente con el posicionamiento premium del producto. El estuche de carga, con 133 gramos, es compacto y sólido, y añade ese punto de seguridad necesario en un dispositivo que no es precisamente barato.
Ahora bien, aquí aparece el primer matiz importante. Aunque Oakley es sinónimo de deporte, estas gafas solo cuentan con certificaciones de resistencia IPX4 lo que supone que no están preparadas para impactos frecuentes o entornos extremos, aunque sí para sudor intenso y lluvia ligera, y si nos ponemos exquisitos, tampoco son especialmente cómodas en jornadas largas. No son unas gafas técnicas de ciclismo, ni de trail, ni de entrenamiento exigente. Son más bien un producto lifestyle con estética deportiva. Y esto, tratándose de Oakley, es un pequeño conflicto de identidad.
El sistema de audio está compuesto por dos microaltavoces integrados en las patillas, acompañados por cinco micrófonos. El resultado es una experiencia de sonido abierto bastante convincente para el formato.
La música se escucha con claridad en entornos tranquilos, con un volumen suficiente para pasear por ciudad o trabajar en espacios compartidos. No sustituyen a unos auriculares dedicados, ni lo pretenden, pero cumplen con solvencia como una solución de audio casual. Las llamadas se oyen bien y la captación de voz es correcta incluso con algo de ruido ambiental.
Aquí sí se aprecia madurez respecto a generaciones anteriores de gafas inteligentes. La experiencia es estable y coherente con el precio, aunque sin sorpresas revolucionarias.
Las Oakley Meta HSTN incorporan una cámara de 12 megapíxeles con ultra gran angular de 100º, capaz de capturar imágenes a 3024 x 4032 píxeles y vídeo en 1440 × 1920 o 2203 × 2938 píxeles a 30 fps.
La calidad es correcta para lo que son: una cámara integrada en unas gafas. Con buena luz, las fotos ofrecen detalle suficiente y una perspectiva muy natural gracias al punto de vista a la altura de los ojos. El vídeo, aunque no alcanza niveles de acción-cam dedicadas, resulta más que válido para clips cortos en redes sociales o capturas rápidas sin sacar el móvil.
El valor diferencial aquí no es la calidad absoluta, sino la inmediatez. Pulsar el lateral y grabar sin usar las manos cambia la forma en la que capturas ciertos momentos. Es cómodo, discreto y útil en situaciones cotidianas.
Eso sí, no sustituyen a una cámara deportiva real ni están optimizadas para movimientos bruscos intensos. De nuevo, más urbano que técnico.
La integración de Meta AI es idéntica a la que encontramos en las Ray-Ban Meta, lo cual tiene lógica: el cerebro es el mismo. La activación por voz funciona con rapidez, y las órdenes básicas como hacer una foto, grabar vídeo o consultar información sencilla se ejecutan sin fricción. En ese sentido, la experiencia es fluida y está bien integrada en el uso diario.
El problema aparece cuando intentas ir un paso más allá. En pruebas con consultas simples como datos concretos, preguntas de cultura general o información contextual, la respuesta no siempre es consistente. En ocasiones el asistente pide “ver” a través de la cámara incluso cuando la pregunta no requiere reconocimiento visual. Otras veces responde con precisión, pero pierde contexto tras varias preguntas consecutivas. No es inusable, pero tampoco transmite esa sensación de asistente sólido y fiable que uno espera en 2026, quedando una experiencia muy por detrás de la que ofrecen otros asistentes como Gemini.
La función de reconocimiento visual es probablemente lo más llamativo. Poder preguntar “¿qué estoy viendo?” y recibir una descripción funciona razonablemente bien en escenas claras, aunque la identificación de objetos o lugares concretos todavía necesita refinamiento. Puede acertar con monumentos conocidos o elementos evidentes, pero también cometer errores en detalles específicos. Es útil como apoyo puntual, no como referencia absoluta.
Donde sí demuestra madurez es en la integración con el ecosistema Meta. La lectura de notificaciones de WhatsApp es práctica y configurable, y al caminar o moverse con las manos ocupadas resulta cómoda. No sustituye al teléfono, pero sí reduce la necesidad de sacarlo constantemente. Eso sí, en entornos públicos la lectura automática puede resultar invasiva si no se gestiona bien.
Meta AI tiene potencial, pero hoy por hoy no es el argumento definitivo para comprar estas gafas. Funciona, aporta comodidad y deja entrever hacia dónde va la tecnología wearable, pero todavía está en una fase evolutiva. Es una promesa interesante… no una revolución consumada.
Las Oakley Meta HSTN prometen hasta ocho horas de uso intermitente con una sola carga, y hasta 48 horas combinando cargas con el estuche completamente cargado.
En la práctica, la duración depende mucho del uso de cámara y audio. Para un uso ligero como la música ocasional, alguna foto, interacción puntual con Meta AI, la autonomía es suficiente para un día completo. Si se abusa de la grabación de vídeo, la batería cae más rápido.
En conectividad, cumplen con WiFi 6e y Bluetooth 5.3, ofreciendo una conexión estable tanto con iOS (15.2 o superior) como con Android (10 en adelante). La memoria interna de 32 GB permite almacenar más de 1.000 fotos o más de 100 vídeos cortos antes de necesitar sincronización.
Las Oakley Meta HSTN son unas gafas inteligentes bien construidas, con una integración tecnológica madura y una experiencia general estable. Funcionan mejor como accesorio urbano conectado que como herramienta deportiva avanzada, y ahí está tanto su virtud como su mayor contradicción. Audio abierto competente, cámara funcional y una interacción por voz que, aunque imperfecta, aporta comodidad real en el día a día.
El problema es de posicionamiento. Oakley es sinónimo de rendimiento, y estas gafas no explotan ese territorio. No están pensadas para entrenamientos exigentes ni ofrecen ventajas claras frente a unas gafas técnicas tradicionales en entornos deportivos reales. Son más lifestyle que performance. Y en una marca con ese ADN, eso pesa.
En comparación con las Ray-Ban Meta, la diferencia es más estética que funcional. Comparten base tecnológica, capacidades de cámara, almacenamiento y Meta AI. Las Ray-Ban encajan mejor en un entorno urbano clásico y discreto; las Oakley aportan un diseño más moderno y activo, pero ninguna ofrece una ventaja clara sobre la otra en rendimiento puro. La elección depende más del estilo personal que de la experiencia tecnológica.
A 549 euros, las Oakley Meta HSTN son un producto interesante, pero no imprescindible. Funcionan, son cómodas y apuntan hacia el futuro de los wearables con IA integrada, pero todavía no justifican plenamente su promesa deportiva ni su precio premium. Son una buena primera iteración en el universo Oakley + Meta, aunque todavía lejos de convertirse en el estándar del sector.
Nota: 7,5/10
Lo mejor: integración natural de cámara y audio en formato portátil
Lo peor: identidad deportiva poco explotada y Meta AI aún irregular