La inteligencia artificial vuelve a dar un salto. Y esta vez no se trata solo de generar textos o automatizar tareas puntuales, sino de delegar decisiones y procesos completos. La llamada IA agéntica está acelerando su adopción en las empresas y empieza a cambiar la forma en que personas y tecnología colaboran dentro de las organizaciones.
Así lo recoge el informe The Emerging Agentic Enterprise: How Leaders Must Navigate a New Age of AI, elaborado por Boston Consulting Group (BCG) y MIT Sloan Management Review, que analiza cómo esta nueva generación de sistemas autónomos está ganando terreno frente a la IA tradicional y la generativa. En menos de dos años, el 35% de las compañías ya está explorando su uso y otro 44% prevé implementarla a corto plazo. Sin embargo, el estudio advierte de que la mayoría aún no ha adaptado sus modelos de gestión, gobernanza o inversión para aprovechar todo su potencial.
A diferencia de otras formas de inteligencia artificial, la IA agéntica no se limita a asistir. Puede ejecutar procesos complejos, tomar decisiones y adaptarse en tiempo real, lo que la sitúa en un punto intermedio entre herramienta y compañero de trabajo. De hecho, el 76% de los más de 2.000 ejecutivos encuestados (procedentes de 21 sectores y 116 países) la percibe más como un colaborador que como una simple tecnología de apoyo.
Por su parte, Sam Ransbotham, profesor de análisis en Boston College y coautor del informe, señala que la clave está en entender su naturaleza híbrida. Según explica, la IA agéntica no encaja en las categorías tradicionales: “no es solo una herramienta ni únicamente un miembro del equipo, es ambas cosas”. A su juicio, las organizaciones que mejor se adapten serán aquellas que integren esa ambigüedad como parte de su diseño operativo.
El impacto no se limita al ámbito tecnológico. Las empresas que lideran la adopción de esta IA anticipan transformaciones profundas en su funcionamiento interno. El 66% prevé modificar sus modelos operativos en los próximos años, frente al 42% de las compañías que apenas están empezando. Además, el 58% espera cambios en su estructura de gobernanza a corto plazo.
El estudio apunta también a un aumento significativo de los sistemas con autonomía real en la toma de decisiones, multiplicándose por 2,5 el número de soluciones con capacidad decisoria. Este escenario está llevando a muchas organizaciones a replantear la composición de sus equipos: el 43% prevé contratar más perfiles generalistas, el 45% anticipa una reducción de los niveles intermedios de gestión y el 29% estima que disminuirán los puestos de entrada.
Para Alfonso Abella, Managing Director & Senior Partner de BCG, el verdadero reto no es tecnológico, sino organizativo. A su juicio, el impacto de la IA agéntica se materializa cuando las compañías rediseñan procesos clave e integran la tecnología como motor estructural de cambio, avanzando hacia modelos más ágiles y colaborativos.
El informe también analiza cómo esta adopción afecta a la experiencia de los empleados. En las organizaciones más avanzadas, el 95% de los trabajadores afirma que la IA ha mejorado su satisfacción laboral, principalmente porque les permite centrarse en tareas de mayor valor añadido y reducir actividades repetitivas.
En paralelo, el 73% de los líderes considera que la IA agéntica reforzará la capacidad competitiva de sus empresas, frente al 53% entre aquellas que todavía no la han incorporado. Esta percepción también se traslada a nivel individual: el 76% de los profesionales en compañías líderes cree que la adopción de esta tecnología aumentará su ventaja frente a otros perfiles, frente al 49% en organizaciones rezagadas.
En conjunto, el estudio dibuja un escenario en el que la IA deja de ser un apoyo puntual para convertirse en un actor con capacidad de decisión dentro de la empresa. El desafío, no es solo implantar la tecnología, sino repensar cómo se trabaja cuando las máquinas también participan activamente en la toma de decisiones.