Pei ha situado el debate en la estructura actual del ecosistema móvil, que mantiene la misma lógica desde hace años: pantallas de inicio, aplicaciones independientes y navegación fragmentada entre servicios. Según ha explicado, esta arquitectura no responde al nivel de madurez tecnológica actual.
“El modo en que usamos los teléfonos es muy antiguo”, afirma el cofundador de Nothing, al describir una experiencia que obliga al usuario a encadenar acciones para completar tareas simples. En este sentido, subraya que cada aplicación funciona como un entorno aislado, lo que introduce fricción en procesos cotidianos.
Además, ha advertido sobre el impacto de este cambio en el sector. “Las apps van a desaparecer”, señala, en referencia a un escenario donde la inteligencia artificial absorbe su funcionalidad. Esta transformación, según ha apuntado, afectará directamente a modelos de negocio basados en aplicaciones como núcleo de valor.
El planteamiento de Nothing introduce un cambio de enfoque: el dispositivo deja de ser una herramienta de ejecución manual y pasa a interpretar la intención del usuario. A partir de ahí, organiza y completa la acción sin intervención directa. Pei ilustra esta idea con un caso habitual: organizar un encuentro implica hoy el uso de varias aplicaciones: mensajería, mapas, transporte y calendario, pero este proceso, en su opinión, evidencia la ineficiencia del modelo actual.
“Creo que el futuro de los smartphones... debería ser: 'Te conozco muy bien... Yo solo lo hago por ti'”
“Creo que el futuro de los smartphones... debería ser: 'Te conozco muy bien... Yo solo lo hago por ti'”, explica Carl Pei. El objetivo consiste en reducir los pasos intermedios y concentrar la experiencia en un único sistema inteligente. Esta lógica sitúa a la inteligencia artificial como intermediario universal entre el usuario y los servicios digitales, con capacidad para integrar funciones que hoy operan de forma separada.
Asimismo, Pei apunta a que todo ello seguirá una transición progresiva hacia este modelo. En una primera fase, la industria introduce funciones de IA capaces de ejecutar órdenes concretas, como reservas o gestiones automatizadas. No obstante, considera este nivel como limitado. El siguiente paso, según explica, incorpora aprendizaje continuo, de modo que el sistema analice comportamientos, preferencias y objetivos para anticipar necesidades. A partir de ahí, genera sugerencias y ejecuta acciones sin necesidad de interacción explícita.
“Creo que se vuelve aún más potente cuando empieza a surgir sugerencias para ti”, apunta. Esto supone un paso final en la evolución mediante la cual la iniciativa recae en el propio sistema, que actúa en función de un conocimiento acumulado del usuario.
El cambio que propone el directivo no se limita a la capa de interacción, sino que afecta a la arquitectura del sistema. Pei defiende la necesidad de desarrollar interfaces específicas para agentes de IA, en lugar de adaptar estos sistemas a entornos diseñados para personas. En este sentido, rechaza el modelo actual en el que la inteligencia artificial replica la interacción humana, navegando por menús o simulando gestos. “No es el futuro… necesitas crear una interfaz para el agente”, advierte.
Este enfoque implica una transformación del sistema operativo, que debe permitir una integración directa entre la IA y los servicios, sin pasar por interfaces visuales tradicionales.
Pese al carácter disruptivo de su propuesta, Pei reconoce que el cambio se producirá de forma progresiva. En el corto plazo, las aplicaciones convivirán con nuevas capas de inteligencia artificial, mientras el sector desarrolla sistemas más avanzados y fiables. Nothing, de hecho, ya experimenta con nuevas formas de interacción dentro de su sistema operativo, que permiten adaptar la experiencia a este modelo emergente.