Con este movimiento, la compañía, propiedad de SoftBank, abandona parcialmente su tradicional enfoque basado en licencias de diseño para entrar directamente en la producción de silicio, en un contexto marcado por el auge de la inteligencia artificial. El anuncio supone un cambio relevante en el equilibrio competitivo del sector. Arm pasa a competir de forma directa con algunos de sus propios clientes, entre ellos Nvidia, Google o Amazon, así como con fabricantes tradicionales como Intel y AMD, todos ellos actores clave en el desarrollo de chips para infraestructuras de IA.
La decisión responde a la transformación del mercado de computación. La irrupción de la inteligencia artificial, y en particular de los sistemas agénticos, ha modificado la arquitectura de los centros de datos y ha incrementado la demanda de capacidad de procesamiento.
“La IA ha redefinido cómo se diseña y despliega la computación” y “la computación agéntica está acelerando ese cambio”
El CEO de Arm, Rene Haas, ha subrayado este punto al afirmar que “la IA ha redefinido cómo se diseña y despliega la computación” y que “la computación agéntica está acelerando ese cambio”. En este contexto, el directivo ha señalado que el lanzamiento del nuevo chip marca “la siguiente fase de la plataforma de computación Arm y un momento decisivo para la compañía”.
Asimismo, ha explicado que la nueva estrategia permitirá ofrecer “más opciones a los socios, todas basadas en la computación de alto rendimiento y eficiencia energética de Arm, para soportar la infraestructura de IA agéntica a escala global”.
El nuevo procesador está diseñado específicamente para cargas de trabajo asociadas a la inteligencia artificial en centros de datos. El Arm AGI CPU integra hasta 136 núcleos Neoverse V3 por unidad, con un ancho de banda de memoria de 6 GB/s por núcleo y latencias inferiores a 100 nanosegundos.
Además, el chip cuenta con un consumo térmico de 300 vatios y está optimizado para ofrecer un alto rendimiento sostenido. Según la compañía, permite duplicar el rendimiento por rack frente a arquitecturas tradicionales x86, un dato clave en entornos donde la eficiencia energética y la densidad de computación resultan determinantes. En este sentido, Arm destaca que su arquitectura permite desplegar sistemas de alta densidad, con configuraciones que alcanzan más de 8.000 núcleos por rack en sistemas refrigerados por aire y más de 45.000 núcleos en configuraciones con refrigeración líquida.
El desarrollo del chip se ha llevado a cabo en colaboración con Meta, que ha participado como socio principal en la optimización de la infraestructura para sus plataformas digitales. Según Santosh Janardhan, responsable de infraestructura de la compañía, “la entrega de experiencias de IA a escala global exige soluciones de silicio diseñadas específicamente para acelerar cargas de trabajo y optimizar el rendimiento”.
La colaboración con Arm permitirá “mejorar significativamente la densidad de rendimiento en los centros de datos y soportar una hoja de ruta multigeneracional para los sistemas de IA”.
El directivo ha añadido que la colaboración con Arm permitirá “mejorar significativamente la densidad de rendimiento en los centros de datos y soportar una hoja de ruta multigeneracional para los sistemas de IA”.
Además de Meta, Arm ha confirmado acuerdos con compañías como Cerebras, Cloudflare, F5, OpenAI, SAP o SK Telecom, que utilizarán el nuevo procesador en casos de uso vinculados a la gestión de aceleradores, el procesamiento del plano de control o el despliegue de aplicaciones en la nube.
Para su fabricación, Amr se apoyará en TSMC utilizando tecnología de 3 nanómetros, uno de los nodos más avanzados de la industria. En paralelo, Arm trabaja con fabricantes de sistemas como ASRock Rack, Lenovo, Quanta Computer y Supermicro para acelerar la comercialización.
Los primeros sistemas ya están disponibles, mientras que el despliegue a gran escala está previsto para la segunda mitad del año.