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Apple cumple 50 años: el hack que dio origen a la compañía

(Foto: Ilustración elaborada con GenAI).

Apple cumple 50 años

Alfonso de Castañeda | Miércoles 01 de abril de 2026
En 1976 nació Apple. Medio siglo después, la historia oficial insiste en el garaje de Los Altos como punto de partida. Sin embargo, el origen real de la compañía se sitúa cinco años antes, en un experimento técnico que puso a prueba la mayor infraestructura de telecomunicaciones del mundo.

Steve Wozniak en 1968
En 1971, Steve Wozniak y Steve Jobs descubrieron que podían controlar la red de AT&T, el operador de telecomunicaciones de Estados Unidos, mediante sonidos. Aquella intuición técnica, convertida después en producto, definió la cultura y la ambición de la futura Apple.

A comienzos de los años setenta, la red telefónica de AT&T operaba como una máquina global, compleja y aparentemente inaccesible. Sin embargo, para una generación de ingenieros jóvenes, aquella infraestructura no representaba un límite, era más bien un desafío. Entender cómo funcionaba equivalía a encontrar una forma de interactuar con ella.

La vulnerabilidad de una red diseñada para otra época

En ese contexto apareció el phreaking, una práctica que combinaba curiosidad técnica y un profundo conocimiento de la red. Sus protagonistas identificaron que el sistema respondía a tonos concretos, de manera que cada señal tenía un significado preciso dentro de la arquitectura de la red.

En el fondo, el problema era estructural: la red no separaba señalización y comunicación. Las órdenes de control viajaban por el mismo canal que la voz, lo que permitía que cualquier usuario, si conocía las frecuencias adecuadas, pudiera enviar instrucciones a la infraestructura mediante sonido.

Steve Jobs en 1972

Precisamente, justo un día antes de que empezasen las clases en Berkeley en otoño de 1971, un joven estudiante (21 años) de la Universidad de California, Steve Wozniak, se encontró en la mesa de la cocina de sus padres en Sunnyvale el número de octubre de la revista Esquire, a la que sus padres estaban suscritos, y ojeando encontró un reportaje que captó su atención. Bajo el título ‘Secrets of the Little Blue Box’, el periodista Ron Rosenbaum desgranaba cómo un grupo de personas anónimas con conocimientos técnicos y que usaban nombres falsos y vivían en sitios diferentes conseguían burlar a las compañías telefónicas creando redes cuya existencia nadie imaginaba.

“Lo leí una y otra vez, y cuanto más lo leía, más posible y real me parecía”, recuerda Wozniak en su autobiografía iWoz. El cofundador de Apple apunta además que “los personajes que se describían eran realmente gente del mundo de la tecnología, muy parecidos a mí, gente a la que le gustaba diseñar cosas solo para ver qué era posible, y sin ningún otro motivo, en realidad”.

Bill Fernandez en 1972
Siguiendo su relato, Wozniak asegura que es en ese momento cuando coge el teléfono y llama a un jovencísimo Steve Jobs, estudiante de último curso de secundaria (17 años) al que había conocido solo unos meses atrás gracias a su vecino Bill Fernandez, compañero de Jobs en la escuela de secundaria Homestead, para contárselo todo. Media hora después, ambos se dirigieron a la biblioteca del Centro de Aceleradores Lineales de Stanford (SLAC), que contaba con una amplia colección de libros técnicos. “Si había algún lugar que tuviera un manual de teléfonos que incluyera las frecuencias de los tonos, ese sería el SLAC”, rememora Jobs.

“Me quedé paralizado, agarré a Steve y casi grité de emoción al darme cuenta de que lo había encontrado. Prácticamente temblaba, se me había puesto la piel de gallina. Fue un momento de auténtico eureka"

Tras rebuscar en los libros de referencia encontraron una norma técnica internacional de telefonía que enumeraba las frecuencias MF. “Me quedé paralizado, agarré a Steve y casi grité de emoción al darme cuenta de que lo había encontrado. Los dos nos quedamos mirando la lista, con la adrenalina a tope. No parábamos de decir cosas como ‘¡Joder!’ y ‘¡Vaya, esto es de verdad!’. Prácticamente temblaba, se me había puesto la piel de gallina. Fue un momento de auténtico eureka. No pudimos dejar de hablar durante todo el camino a casa. Estábamos muy emocionados. Sabíamos que podíamos construir esto. ¡Ahora teníamos la fórmula que necesitábamos! Y, sin duda, ese artículo era real’”.

Wozniak y Jobs no esperaron para actuar y ese mismo día compraron kits de generadores de tonos analógicos en una tienda de electrónica local y esa misma noche lograron grabar los primeros pares de tonos en una cinta de casete, suficientes para hacer una llamada con una blue box, pero no funcionó por completo y solo consiguieron desconectar una llamada, pero sus grabaciones de tonos MF no surtieron efecto.

A principios de 1972 lograrían poner en marcha la primera caja azul digital del mundo y con ello se unieron a las filas de los ‘phone phreaks’ y se apodaron a sí mismos Berkeley Blue (Wozniak) y Oaf Tobar (Jobs). Entre los ‘phone phreaks’, bautizados así en el reportaje de Esquire, se encontraba un personaje que llamaba especialmente la atención, Captain Crunch (su nombre real era John Draper), que lograba que la red telefónica bailase a su antojo soplando un silbato de juguete, que emitía en la banda de 2600 Hz y que se regalaba en las cajas de cereales Cap'n Crunch.

El silbato de juguete, que emitía en la banda de 2600 Hz y que se regalaba en las cajas de cereales Cap'n Crunch

Tras meses de búsqueda, lograron dar con él a través de un amigo del instituto de Jobs. El excéntrico personaje trabajaba en la radio KKUP de Cupertino y tras conversaciones, quedaron con Draper en la habitación de Wozniak en la residencia de Berkeley. “El Capitán Crunch llamó a nuestra puerta con un aspecto descuidado, con el pelo un poco revuelto a un lado. Y olía como si no se hubiera duchado en dos semanas, lo cual resultó ser cierto. Además, le faltaban un montón de dientes”, recuerda Steve Wozniak, que con poca esperanza le preguntó si era realmente el Capitán Crunch a lo que respondió “yo soy él”. Tras horas de conversación e intercambios de diseños, Draper les enseñó cómo conseguir llamar al extranjero.

De experimento técnico a negocio

No tardarían mucho en descubrir que más allá de un juego, la brecha encontrada en el sistema de AT&T podría convertirse en algo mucho más importante: su primer negocio juntos. Fue Steve Jobs quien saltó con la idea y sugirió vender las cajas por 170 dólares. Poco después ya empezaban a vender las primeras cajas en las residencias de Berkeley con una estrategia ideada por Jobs: llamaban a las puertas de las habitaciones al azar y preguntaban por un nombre inventado. Cuando el ocupante, desconcertado, respondía “¿Quién?”, ellos decían: “Ya sabes, el tipo que hace todas las llamadas gratis”. Dependiendo de la reacción del ocupante, podían añadir: “Ya sabes, tiene las cajas azules”. Si la persona con la que hablaban se animaba y se emocionaba, sabían que tenían un cliente potencial seguro que probablemente no los delataría.

Steve Jobs y Steve Wozniak trabajando en la caja azul

Pese a la ilegalidad del asunto, Wozniak incluía en las cajas una pequeña nota (con el texto ‘Tiene el mundo entero en sus manos’) que servía como garantía de que eran suyas y si dejaba de funcionar y se la mandaban, él la reparaba sin coste. Sin embargo, las cajas acabaron llegando al laboratorio del FBI, donde las desmontaron y encontraron las notas, unas manuscritas y otras mecanografiadas, pero los agentes nunca lograron relacionar las cajas con los dos Steves. Con ello, se calcula que vendieron unas 40 cajas y ganaron unos 6.000 dólares.

“Si no hubiera sido por las Blue Boxes, no habría habido Apple”, reconocía Jobs años después. Esta historia marca el inicio real de su colaboración que años más tarde se convertiría en lo que hoy, 50 años después de su fundación, es la segunda empresa más valiosa del mundo, Apple.

Esquema de la Blue Box de Wozniak firmado por él mismo, propiedad de Chema Alonso

El modelo que anticipó Apple

La caja azul sirvió como primer ensayo completo de lo que después sería el imperio del iPhone: Wozniak diseñaba el hardware y Jobs definía el producto y lo llevaba al mercado, una dinámica que se repetiría en el Apple I y en el Apple II. Además, el proyecto introdujo una forma concreta de entender la tecnología. El control sobre el hardware, la importancia del diseño funcional y la necesidad de simplificar sistemas complejos aparecen ya en esta etapa.

Cincuenta años después del nacimiento de Apple, la Blue Box sigue fuera del relato oficial, pero explica mejor que cualquier garaje el origen de la compañía. Antes de diseñar ordenadores, Jobs y Wozniak aprendieron a leer un sistema consolidado y a utilizarlo en su propio beneficio. Apple no nació en un garaje. Nació cuando dos jóvenes descubrieron que podían reescribir las reglas de una red que parecía intocable.

Ordenador Apple 1 original de 1976 en un maletín

La llamada al Vaticano: la broma que demostró el poder de la Blue Box

A comienzos de los años setenta, la Blue Box dejó de ser solo una herramienta de exploración técnica para convertirse en un instrumento con el que Steve Wozniak puso a prueba los límites de la red telefónica. Cada llamada funcionaba como un experimento real sobre la infraestructura de AT&T.

El episodio más destacado tuvo lugar cuando Wozniak decidió llamar al Vaticano. Para hacerlo, adoptó un acento alemán y se hizo pasar por Henry Kissinger, entonces secretario de Estado de Estados Unidos. “Estamos en la cumbre en Moscú, y necesitamos hablar con el Papa Pablo VI”, afirmó, asegurando que llamaba en nombre de Richard Nixon.

La llamada llegó de madrugada a Roma, en torno a las 4:30. Desde el Vaticano le informaron de que el Papa dormía, pero que intentarían despertarlo. Wozniak pidió que le devolvieran la llamada una hora después, convencido de que el experimento había funcionado. Cuando volvió a contactar, le pasaron con un obispo que actuaría como traductor. Sin embargo, el Vaticano ya había verificado la historia. “Escuche, acabo de hablar con el Sr. Kissinger hace una hora”, respondió el interlocutor, dejando al descubierto el engaño.

Más allá del fracaso de la broma, la llamada cumplió su objetivo. Wozniak y Jobs confirmaron que su dispositivo podía atravesar la red telefónica global sin restricciones y conectar con cualquier punto del mundo.

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