El acceso a la tecnología ya no es el principal reto entre los menores, sino saber utilizarla bien. Un estudio de la Fundación Cibervoluntarios, en colaboración con el Ministerio de Juventud e Infancia, muestra que la formación específica en competencias digitales marca una diferencia clara: los jóvenes pasan de un uso básico a uno más consciente y seguro.
La investigación, en la que han participado 5.685 niños, niñas y adolescentes de entre 9 y 17 años, revela una mejora de hasta 1,5 puntos en sus resultados tras recibir formación. En este sentido, el cambio no es solo cuantitativo, sino también cualitativo, ya que los menores evolucionan hacia un uso más crítico, creativo y responsable de la tecnología.
Además, uno de los avances más destacados se produce en el ámbito de la privacidad y la huella digital. En este caso, la puntuación media pasa de 3,22 a 5,53, lo que refleja una mayor comprensión de los riesgos y de cómo gestionarlos. Este dato resulta especialmente relevante en un entorno donde la exposición digital comienza cada vez a edades más tempranas.
Por otro lado, el impacto es aún mayor entre los menores más jóvenes. Aquellos de entre 9 y 13 años parten de una media de 4,46 y alcanzan el aprobado con un 6, lo que confirma que la formación temprana no solo mejora competencias, sino que también ayuda a reducir desigualdades. A medida que aumenta la edad, el ritmo de aprendizaje se ralentiza, lo que refuerza la importancia de intervenir cuanto antes.
El estudio también pone el foco en las diferencias de género. Aunque las niñas muestran una mejora significativa tras la formación, persiste una brecha en términos de confianza, lo que evidencia la necesidad de acompañar el aprendizaje técnico con apoyo emocional. En este sentido, el desarrollo de competencias digitales no solo influye en el conocimiento, sino también en la seguridad y el bienestar de los menores.
Asimismo, el análisis señala que tanto familias como jóvenes son conscientes de los riesgos del entorno digital, pero no siempre disponen de las herramientas necesarias para afrontarlos. Rubén Pérez Correa, secretario de Estado de Juventud e Infancia, ha explicado que “cuando niños, niñas y adolescentes tienen más herramientas para entender dónde están, qué riesgos existen y cómo protegerse, no solo saben más: también se sienten mejor”.
En la misma línea, Yolanda Rueda, presidenta de la Fundación Cibervoluntarios, ha destacado que “la formación en competencias digitales es clave para que su uso sea consciente, crítico y creativo, y para reducir desigualdades desde edades tempranas”. Además, ha subrayado la necesidad de que este aprendizaje sea continuo para consolidar sus beneficios.
En conjunto, los resultados apuntan a una conclusión clara: formar en tecnología ya no es opcional, sino esencial. En un entorno cada vez más digital, el conocimiento no solo mejora el uso de las herramientas, sino que también fortalece la autonomía y la capacidad de los menores para desenvolverse con seguridad en su día a día.