Opinión y Análisis de Tecnología

La Encíclica de León XIV sobre la IA y los neuroderchos: si no te dicen mira, no miras

Imagen generada por Inteligenecia Artificial
Pilar Bernat | Domingo 07 de junio de 2026

No me cabe la menor duda de que el Espíritu ha actuado como la ‘luz’ que orienta los escritos del Papa; pero para elaborar estos ‘dictados de fe’, Los pontífices suelen trabajar durante meses (a veces años) junto a teólogos, obispos y cardenales de la Curia Romana que investigan, debaten y redactan borradores y, en el caso de un matemático como Prevost, de un agustino que por principio conjuga razón, educación y Fe, con más motivo. De hecho, nos consta que ha sido la Academia de Ciencias del Vaticano la que ha escuchado las voces más destacadas del mundo de la neurotecnología, la inteligencia artificial y los neuroderechos, con el fin de sacar conclusiones que no son texto para la reflexión, sino punto de partida para la acción.



Ni siquiera me acuerdo cuantos años teníamos, puede que 15 ó16; cuando nuestras monjas (Jesuitinas), a las que mayoritariamente estamos agradecidas, porque nos impartieron un nivel de formación excepcional, fomentaban el deporte, las actividades extraescolares, la premisa de que debíamos constituirnos como ciudadanas productivas, esquivando la condición de "parásitos sociales" —concesión semántica mediante— y porque nos inculcaron que cada hora del día tenía su propia inquietud y dedicación, contrataron un ‘nuevo cura’ para darnos clase de religión.

El anterior, emito su nombre, era un poco revolucionario, decía pocos años después de morir Franco y estrenando prácticamente democracia, que en las procesiones de Semana Santa, en vez de un Cristo tenía que salir un obrero con una pancarta con su salario; y claro, los padres más conservadores convulsionaron. Así es que ‘el premio’ a las protestas generales fue don Antonio, un cura diocesano - no lo recuerdo como miembro de ninguna orden- que se tomó aquello muy en serio y nos puso las pilas eclesiásticas, pero pilas de esas que duran y duran y duran.

Y es que don Antonio nos tuvo todo el curso leyendo las principales encíclicas de la Iglesia Católica. Cambiamos aquellas clases de temas libres y un tanto progres por la Rerum Novarum, Pacem in Terris, Populorum Progressio, etc. Pero hoy, días en los que todo el mundo está aprendiendo lo que es una encíclica gracias a la ‘Magnífica Humanitas’ de Leon XIV, mis compañeras y yo, podemos decir orgullosas que nuestra cultura vaticana es superior a la media. Al menos de lo que nos acordamos…

Se fue aquel sacerdote, y vino un padre Agustino que aún nos inspira una sonrisa. ¡Ay los agustinos! Convivíamos en la calle Padre Damián (Madrid) pared con pared y su buen hacer intelectual, su concepto de la enseñanza, su dedicación y su sentir religioso, también llegó a nosotras.

Así, marco en mi haber tres puntos de conexión clara con el Papa León XIV: es agustino, ha sumado otra encíclica transcendental a mi cultura, además de su interés por la tecnología y el inquietante devenir de la misma.

Rafael Yuste y la Fundación Neuroderechos

De otra parte, dentro de mi contexto profesional y gracias a la Fundación Cruz Roja y su ciclo de ‘Conversaciones humanitarias generadoras de talento’, tuve el placer de moderar hace más de un año, una conversación titulada ‘, director del Proyecto Brain (Universidad de Columbia) y presidente dela Fundación Neuroderechos, Roberto Andorno, profesor de derecho Biomédico de la Universidad de Zurich y parte del Comité Internacional de Bioética de la UNESCO y Milena Costas, miembro del Comité Asesor de del Consejo de Derechos Humanos de la ONU, encuentro que me abrió los ojos, me puso en guardia y me alertó sobre un tema que, hasta que León XIV no lo ha puesto negro sobre blanco, no había permeado en la población.

Las conclusiones que saqué de aquella conversación fueron las siguientes: el vertiginoso avance de la neurotecnología amenaza la privacidad mental, transformando el pensamiento en una nueva frontera comercial y desmantelando nuestra última fortaleza de intimidad. Y es que, dispositivos capaces de registrar, mapear o alterar la actividad eléctrica y magnética de nuestro cerebro ya no pertenecen a la ciencia ficción; son una realidad impulsada por ambiciosos proyectos globales. El gran peligro radica en su potencial dual, ya que mientras prometen curar enfermedades neurológicas antes incurables, también abren la puerta a la descodificación indeseada de nuestras emociones y reflexiones más íntimas.

Es urgente blindar los neuroderechos —privacidad, identidad, libre albedrío, protección contra sesgos y acceso equitativo— antes de que la actividad neuronal se convierta en el nuevo petróleo de las corporaciones tecnológicas

Ante este escenario, los ponentes consideraban que es urgente blindar los neuroderechos —privacidad, identidad, libre albedrío, protección contra sesgos y acceso equitativo— antes de que la actividad neuronal se convierta en el nuevo petróleo de las corporaciones tecnológicas; y denunciaban que el vacío legal actual permite que los contratos de consumo de las empresas que desarrollan estos dispositivos se apropien por defecto de la información cerebral de los usuarios. Así, si no actuamos a tiempo para establecer una regulación internacional firme y equitativa, corremos el riesgo de crear brechas de desigualdad extrema basadas en el aumento cognitivo.

Por tanto, a diferencia de lo que ocurrió con el caos desregulado de las redes sociales, hoy la humanidad tiene la oportunidad histórica de colocar guardarraíles éticos antes de que los abusos sean masivos e irreparables.

Las encíclicas papales

Hace unos días, León XIV desvelaba no sólo su vinculación de pensamiento con León XIII sino que puso a la sociedad mundial en un estado de alerta que ningún otro ser humano hubiera conseguido desde un ámbito de conocimiento, paz y concordia. “Ningún algoritmo te va a abrazar cuando lo necesitas”, nos recordaba.

Y nos decía en un escrito largo y contundente que “si en su momento León XIII hablaba de ‘nuevos asuntos’ (rerum novarum) en la primera encíclica social de la iglesia, hoy no podemos limitarnos simplemente a repetir sus valiosas enseñanzas, sino que debemos pedirle a Dios la sabiduría para interpretar las grandes tendencias de nuestro tiempo, en particular los avances de la tecnología digital”.

La Encíclica afirma que en los últimos años se ha hecho cada vez más evidente cuán rápida y profundamente la digitalización, la inteligencia artificial (IA) y la robótica están transformando nuestro mundo y señala que “a lo largo de los siglos, el desarrollo tecnológico ha contribuido a una mejora significativa de las condiciones de vida de la humanidad; pero que, al mismo tiempo, cada etapa del progreso también ha puesto de manifiesto el lado ambiguo de instrumentos capaces de causar daño cuando no se orientan hacia el bien”.

El Pontífice aborda la custodia de la personas en la era de la inteligencia artificial y critica el paradigma tecnocrático que reduce al ser humano a datos a la vez que defiende la vulnerabilidad como núcleo de la dignidad frente al transhumanismo

“Hoy, sin embargo -apunta-, nos encontramos ante una situación nueva, en la que el poder y la omnipresencia de las tecnologías emergentes se entrelazan con el tejido de la vida cotidiana, moldean los procesos de toma de decisiones e inciden profundamente en el imaginario colectivo.” El Pontífice aborda la custodia de la personas en la era de la inteligencia artificial y critica el paradigma tecnocrático que reduce al ser humano a datos a la vez que defiende la vulnerabilidad como núcleo de la dignidad frente al transhumanismo.

El documento alerta sobre la concentración de poder digital en pocas corporaciones, exigiendo una regulación internacional basada en un marco moral que evite la marginación. Además, subordina la tecnología al trabajo y la justicia social al insistir en que el progreso “debe medirse por la protección de los miembros más vulnerables de la sociedad” y pone un énfasis crítico en el impacto de la automatización dentro de la esfera geopolítica y familiar, denunciando el desarrollo de armas autónomas y la mercantilización de los menores en entornos digitales.

Como bien he explicado, aún llevo marcada la dificultad que supone para un ciudadano de a pie la lectura de una encíclica, pero el mensaje de esta ‘Magnífica Humanitas’ transciende la religión y habla de la vida, de la ciencia, de nuestro presente y de los peligros que puede traer el futuro.

“Nuestra Fundación está muy alineada con la posición del Papa actual y del anterior”, me explicaba hace un par de días el Profesor Rafael Yuste, y todos deberíamos tomar nota y pasar a la acción.

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