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De los chips en todas partes a la IA en todas partes, el desafío invisible de la revolución tecnológica

Christophe Fouquet, CEO de ASML durante el VivaTech de 2026 (Foto: Miguel Castaño).

VivaTech 2026

Miguel Castaño | Jueves 18 de junio de 2026

La inteligencia artificial se ha convertido en el gran motor de transformación de la economía global, pero detrás de cada modelo, chatbot o sistema inteligente existe una infraestructura física que rara vez ocupa titulares. Durante su intervención en VivaTech 2026, Christophe Fouquet, CEO de ASML, explicó cómo la creciente demanda de IA está provocando una presión sin precedentes sobre la industria de los semiconductores y por qué la capacidad para fabricar chips avanzados será uno de los factores que determinarán el ritmo de la innovación durante la próxima década.



La IA ya no es una tendencia, es una necesidad empresarial

La conversación sobre inteligencia artificial ha dominado buena parte de VivaTech 2026, sin embargo, mientras la mayoría de debates se centran en modelos generativos, agentes autónomos o aplicaciones empresariales, Christophe Fouquet quiso dirigir la atención hacia la infraestructura que hace posible todo ese ecosistema. Para el directivo de ASML, la IA representa probablemente la mayor transformación tecnológica de nuestra era, su impacto no se limitará al software o a determinados sectores, sino que acabará integrándose en prácticamente todas las industrias, desde la sanidad y la energía hasta la movilidad, las telecomunicaciones o la manufactura.

Esta evolución está provocando que empresas de todos los tamaños aceleren sus inversiones en inteligencia artificial. Según explicó Fouquet, aquellas organizaciones que no sean capaces de adoptar estas tecnologías de forma significativa corren el riesgo de perder competitividad en los próximos años y la consecuencia directa es una demanda creciente de capacidad de computación, una necesidad que está impulsando inversiones multimillonarias en centros de datos, aceleradores de IA y nuevas infraestructuras tecnológicas.

El crecimiento de la inteligencia artificial está desencadenando una nueva carrera industrial a escala mundial, actualmente, alrededor del 80% de las inversiones relacionadas con infraestructura para IA se concentran en Estados Unidos, aunque China y Europa también están incrementando significativamente sus esfuerzos para reforzar su posición en este mercado estratégico. Fouquet advirtió de que esta primera gran ola de inversión apenas representa el comienzo, a medida que la IA se extienda a más sectores y aplicaciones, la necesidad de recursos computacionales continuará aumentando de forma acelerada.

La previsión de la industria apunta a que la demanda de componentes críticos para la IA, especialmente semiconductores avanzados, podría duplicarse durante los próximos dos o tres años, algo que está generando una enorme presión sobre toda la cadena global de suministro, desde los fabricantes de chips hasta los proveedores de equipamiento industrial.

El fin de la Ley de Moore y una nueva escala de crecimiento

Durante décadas, el progreso de la industria tecnológica estuvo marcado por la Ley de Moore, formulada en 1965 por Gordon Moore, cofundador de Intel, el cuál sostenía que el número de transistores en un chip se duplicaría aproximadamente cada dos años, permitiendo aumentar la potencia de cálculo mientras se reducían los costes. Sin embargo, la revolución de la inteligencia artificial está llevando esa lógica a un nuevo nivel.

Fouquet recordó cómo recientemente Jensen Huang, CEO de Nvidia, afirmó que "la Ley de Moore ha muerto", una declaración que refleja la magnitud del cambio que atraviesa actualmente la industria. La demanda de IA ya no requiere simplemente duplicar la capacidad de los chips, sino que existe una necesidad de incrementos muy superior en potencia de cálculo, memoria y eficiencia energética. El ejemplo más evidente es Nvidia, uno de los grandes protagonistas de la actual revolución de la IA, mientras que generaciones anteriores de sus sistemas utilizaban decenas de obleas de silicio para construir un producto completo, las futuras arquitecturas requerirán cantidades muy superiores para integrar un volumen creciente de transistores, algo que fuerza a la industria en un escenario en el que la innovación ya no depende únicamente de miniaturizar componentes, sino de multiplicar la capacidad de fabricación y coordinación de toda la cadena tecnológica global.

Una cadena de suministro bajo presión

El crecimiento explosivo de la IA está generando un efecto dominó en toda la industria de los semiconductores, cada nuevo modelo de inteligencia artificial requiere más capacidad de procesamiento, más servidores y más chips avanzados y como consecuencia, empresas como Nvidia, los fabricantes de obleas y los proveedores de equipamiento especializado están viendo cómo aumenta la presión para ampliar su capacidad de producción.

Para Fouquet, este será uno de los grandes retos de los próximos años, la cuestión ya no es si la demanda seguirá creciendo, sino si la industria será capaz de responder a tiempo, de hecho, el éxito de la revolución de la inteligencia artificial dependerá tanto de los avances en software como de la capacidad de fabricar millones de chips cada vez más complejos. Si existe una empresa que simboliza la importancia estratégica de los semiconductores en la era de la inteligencia artificial, esa es ASML.

Fundada en 1984 en los Países Bajos como una escisión de Philips, la compañía comenzó su actividad con apenas 31 empleados, y ahora, cuatro décadas después, se ha convertido en el único fabricante del mundo capaz de producir las máquinas de litografía ultravioleta extrema (EUV), la tecnología indispensable para fabricar los chips más avanzados que utilizan compañías como Nvidia, Apple, AMD, Intel o TSMC; sin sus equipos, simplemente no sería posible fabricar los procesadores que impulsan la actual revolución de la inteligencia artificial.

Fabricar chips más pequeños que un virus

Para comprender la complejidad del trabajo de ASML es necesario entender la escala a la que opera la industria de los semiconductores, el ejemplo dispuesto en la conferencia fue el siguiente, un cabello humano tiene aproximadamente 80.000 nanómetros de grosor, los chips más avanzados del mercado contienen estructuras que apenas alcanzan los 8 nanómetros, es decir, unas 10.000 veces más pequeñas que un cabello humano y, en algunos casos, incluso más reducidas que determinados virus. La misión de las máquinas de ASML consiste precisamente en imprimir esas estructuras microscópicas sobre las obleas de silicio que posteriormente se convertirán en procesadores.

Cada detalle debe reproducirse con una precisión prácticamente perfecta, no hay cabida para un error mínimo que podría inutilizar un chip cuyo desarrollo ha requerido miles de millones de dólares en inversión, por ello, la litografía se ha convertido en una de las disciplinas más complejas de toda la ingeniería moderna. Uno de los aspectos más sorprendentes de las máquinas EUV es la forma en que generan la luz necesaria para fabricar los chips, la luz ultravioleta extrema prácticamente no existe de manera natural en nuestro entorno. Solo aparece en fenómenos de altísima energía, como los que tienen lugar en el Sol debido a las enormes temperaturas presentes en su superficie.

Para reproducirla artificialmente, ASML ha desarrollado un sistema extraordinariamente complejo, el proceso comienza disparando láseres de alta potencia contra diminutas gotas de estaño que miden apenas unas micras y se repite aproximadamente 60.000 veces por segundo. Cuando el láser impacta sobre la gota, genera un plasma que alcanza temperaturas cercanas a los 220.000 grados centígrados, produciendo la radiación ultravioleta extrema necesaria para grabar los circuitos microscópicos de los chips.

La precisión más extrema de la ingeniería moderna

Una vez creada, esa radiación debe dirigirse con precisión nanométrica hasta la oblea de silicio y para ello, ASML utiliza algunos de los espejos más precisos jamás construidos, de hecho, la tolerancia de fabricación de estos componentes se mide en picómetros, una unidad miles de veces más pequeña que un nanómetro. Durante su intervención, Fouquet destacó que la precisión requerida es comparable a proyectar desde la Tierra una moneda sobre la superficie de la Luna y acertar exactamente en el lugar deseado. A esto se suma la complejidad de los sistemas mecánicos que desplazan las obleas y las máscaras de impresión a velocidades extremadamente elevadas mientras mantienen una precisión prácticamente perfecta.

El resultado es una combinación única de óptica avanzada, física de plasma, mecánica de ultra precisión e ingeniería informática que convierte cada máquina EUV en una de las creaciones tecnológicas más sofisticadas de la historia. La complejidad de estos sistemas también se refleja en su fabricación.

Según explicó Fouquet, la construcción de una sola máquina puede requerir entre cuatro y seis meses de trabajo en las instalaciones de ASML en Veldhoven, sin embargo, el proceso completo, incluyendo ensamblaje, calibración, transporte e instalación en las fábricas de los clientes, puede prolongarse durante aproximadamente un año. El tamaño de estos equipos también resulta impresionante. Los modelos más avanzados ocupan el espacio equivalente a varios autobuses de dos pisos y requieren una logística internacional extremadamente compleja para ser transportados. Cada sistema está formado por miles de componentes fabricados por una extensa red de proveedores especializados repartidos por todo el mundo, lo que convierte a ASML en uno de los mejores ejemplos de colaboración tecnológica global.

Alianza entre Mistral y ASML

Cuando la inteligencia artificial ayuda a construir la inteligencia artificial

La propia compañía está incorporando inteligencia artificial en sus procesos internos para acelerar la investigación, optimizar el diseño de sus sistemas y mejorar la eficiencia operativa. Fouquet destacó que los datos se han convertido en uno de los activos más valiosos para la compañía ya que ASML gestiona un enorme volumen de información procedente de sus equipos desplegados en todo el mundo y de los procesos de fabricación asociados.

Para aprovechar ese potencial, la empresa ha establecido una colaboración estratégica con Mistral AI, una de las compañías europeas más destacadas en el desarrollo de modelos de inteligencia artificial. El objetivo es utilizar estas capacidades para analizar datos, optimizar procesos de ingeniería y acelerar el desarrollo de futuras generaciones de equipos de litografía, reforzando así la posición de Europa dentro de una industria cada vez más estratégica.

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