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Bosch lleva los sentidos a los robots para acelerar la próxima revolución industrial

Antonio Rodríguez | Lunes 22 de junio de 2026
Durante décadas, la robótica industrial se ha basado en un principio sencillo: repetir una misma tarea con precisión dentro de entornos perfectamente controlados.

La irrupción de la inteligencia artificial y la necesidad de automatizar cada vez más procesos, sin embargo, están impulsando una nueva generación de robots capaces de percibir el mundo que les rodea, interpretar información y adaptar su comportamiento en tiempo real.

Ese es el escenario que Bosch visualiza para los próximos años, al considerar que la evolución de la robótica pasa por dotar a las máquinas de capacidades similares a los sentidos humanos mediante sensores avanzados, software e inteligencia artificial. El objetivo va más allá de automatizar movimientos y persigue que los robots comprendan lo que ocurre a su alrededor para actuar de forma autónoma.

La base tecnológica de esta transformación se encuentra en los sensores MEMS, dispositivos microelectromecánicos capaces de medir movimiento, orientación, presión o vibraciones con una precisión extremadamente elevada. Algunas de sus estructuras apenas alcanzan los cuatro micrómetros, un tamaño diez veces inferior al grosor de la pata de una hormiga.

Gracias a estos sensores, los robots pueden recopilar información constante sobre su entorno y sobre su propio comportamiento. De este modo, dejan de limitarse a ejecutar órdenes programadas para comenzar a reaccionar ante situaciones cambiantes.

Bosch, uno de los principales fabricantes mundiales de sensores MEMS para automoción, electrónica de consumo e industria, está trasladando esta experiencia al ámbito de la robótica avanzada con el fin de convertirse en el proveedor de los elementos esenciales que permitirán funcionar a los robots del futuro: sensores, software, inteligencia artificial y plataformas abiertas.

El tacto y la visión como nuevos aliados

Uno de los avances más significativos se encuentra en el desarrollo del sentido del tacto. Para un ser humano resulta natural sujetar un vaso de cristal o coger un huevo sin romperlo. Sin embargo, para un robot esta tarea implica múltiples procesos simultáneos.

En primer lugar, el sistema debe identificar el objeto mediante visión artificial y reconocer sus características. Después, los algoritmos determinan si se trata de un elemento frágil y calculan la fuerza necesaria para manipularlo. Finalmente, sensores de presión y unidades de medición inercial supervisan cada movimiento y corrigen cualquier desviación en tiempo real.

La visión constituye el segundo gran pilar de esta evolución. Los robots incorporan cámaras y sistemas de percepción capaces de interpretar el entorno mientras se desplazan. Para evitar errores provocados por el movimiento, utilizan sensores que estabilizan las imágenes y garantizan una percepción precisa incluso en situaciones dinámicas.

Asimismo, tecnologías como LiDAR, cámaras tridimensionales y sistemas avanzados de mapeo permiten construir representaciones digitales del entorno, desplazarse de forma autónoma y mantener el equilibrio sobre superficies complejas.

Estas capacidades ya forman parte de numerosos entornos industriales y logísticos. No obstante, el siguiente desafío consiste en trasladarlas fuera de las fábricas hacia espacios mucho menos predecibles como hogares, hospitales, ciudades o centros asistenciales que tienen escenarios cambiantes. Acciones aparentemente sencillas, como recoger un objeto del suelo o manipular utensilios domésticos, representan todavía importantes retos tecnológicos.

En este sentido, Bosch considera que esta evolución marcará una nueva etapa para la automatización para un potencial negocio global de sensores MEMS que superará los 16.500 millones de euros en 2030, según estimaciones de la industria.

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