Sin embargo, la estrategia impulsada en los últimos meses refleja un cambio de enfoque que combina eficiencia financiera, optimización de costes y adaptación a las nuevas infraestructuras digitales, y es que lejos de tratarse de operaciones aisladas, la venta de inmuebles emblemáticos, el alquiler de espacios infrautilizados, la reducción de superficies comerciales y la reconversión de antiguas centrales de cobre dibujan una transformación profunda del mapa inmobiliario de Telefónica.
El movimiento más significativo se encuentra en la histórica sede de Gran Vía 28, uno de los edificios más emblemáticos de Madrid y de la propia industria española de las telecomunicaciones. La operación de venta a Tomás Olivo continúa ultimando sus últimos detalles jurídicos, aunque diversas informaciones sitúan la transacción en torno a los 120 millones de euros y contemplan la permanencia de Telefónica como inquilina durante aproximadamente cuatro años tras el cierre de la compraventa.
La desinversión forma parte de una estrategia más amplia de optimización de activos inmobiliarios. De hecho, distintas fuentes sitúan esta operación dentro de un plan orientado a generar liquidez, reducir costes y liberar recursos para otras áreas estratégicas del negocio.
Y pese a ser el más significativo, no es el único inmueble afectado ya que en los últimos años, Telefónica también ha vendido diversos edificios en Madrid mediante fórmulas de sale & leaseback, como los de las calles Alcalá y Miguel Yuste, adquiridos por el grupo Abauco por cerca de 25 millones de euros. Ambos activos mantendrán temporalmente actividad vinculada a la teleco antes de su futura transformación en proyectos residenciales.
La racionalización también llega a la red de tiendas físicas, y precisamente esta semana se ha conocido uno de los principales ejemplos en Barcelona, donde Movistar abandonará el histórico local que ocupaba desde 2013 en el número 16 de Plaza Catalunya para trasladarse a un espacio más reducido situado en el número 9 de la misma plaza, antiguo establecimiento de Huawei.
La decisión supone dejar atrás un establecimiento de aproximadamente 1.800 metros cuadrados que durante más de una década actuó como buque insignia comercial de la marca en Cataluña para pasar a una nueva ubicación que cuenta con 773 metros cuadrados distribuidos en dos plantas, una superficie significativamente menor que refleja la evolución del modelo comercial y la necesidad de optimizar costes en ubicaciones prime.
La sede corporativa de Las Tablas también forma parte de esta reorganización, para lo cual, según ha avanzado El Confidencial, Telefónica ha aprobado la puesta en alquiler de más de 40.000 metros cuadrados actualmente sin uso dentro de Distrito C, su gran complejo corporativo de Madrid.
Según las informaciones publicadas, la compañía está negociando contratos de arrendamiento con empresas ajenas al grupo para ocupar edificios y plantas que han quedado vacíos tras años de ajustes de plantilla y la consolidación de modelos híbridos de trabajo. Con ello, la teleco busca generar ingresos adicionales y poner en valor espacios infrautilizados dentro de un complejo construido en 2007 para albergar hasta 14.000 trabajadores.
Sin embargo, no todos los activos inmobiliarios se venden o alquilan. Algunos están encontrando una nueva función directamente ligada a la evolución tecnológica de las redes. En concreto, Telefónica ha completado recientemente el despliegue de una red nacional de 17 nodos Edge distribuidos por toda España que aprovecha antiguas centrales de cobre reconvertidas en minicentros de datos.
Esta transformación permite reutilizar infraestructuras heredadas de la red fija tradicional para responder a nuevas necesidades asociadas al Edge Computing, la inteligencia artificial, el procesamiento local de datos y los servicios digitales de baja latencia.