La inteligencia artificial está entrando en terrenos que van mucho más allá de la productividad, la búsqueda de información o la generación de contenidos, cada vez más usuarios recurren a estas herramientas para algo mucho más personal, decidir qué decir cuando una conversación se complica. Una nueva encuesta realizada por Use.AI a 7.684 adultos de Estados Unidos, Reino Unido, Australia, Canadá, la Unión Europea y América Latina muestra hasta qué punto la IA comienza a formar parte de ese momento privado que precede a una conversación difícil.
El fenómeno adquiere especial relevancia entre las generaciones más jóvenes, más de la mitad de los participantes de entre 18 y 34 años, concretamente un 54%, asegura haber recurrido a la IA para este propósito. Entre los encuestados de 45 años o más, el porcentaje se reduce al 29%, los datos reflejan así un uso de la inteligencia artificial que no necesariamente tiene que ver con delegar completamente una conversación. En muchos casos, la herramienta se convierte en una especie de espacio de ensayo en el que el usuario puede escribir lo que está pensando, comprobar cómo suena y modificarlo antes de decidir qué respuesta quiere trasladar finalmente a la otra persona.
Las discusiones tienen una característica habitual: muchas veces la respuesta que una persona considera adecuada aparece cuando el conflicto ya ha terminado, con la conversación todavía abierta, las emociones pueden dificultar encontrar las palabras exactas, mientras que después resulta más sencillo pensar qué se podría haber dicho.
La inteligencia artificial introduce una nueva posibilidad en ese proceso, en lugar de esperar a que termine la conversación para reconstruir mentalmente una respuesta, el usuario puede recurrir a un modelo de IA mientras el intercambio continúa y utilizarlo para explorar distintas formas de contestar. La encuesta de Use.AI apunta precisamente hacia esta función, el usuario puede plantear a la herramienta el contexto de una discusión y pedirle ayuda para construir una respuesta concreta. La IA puede convertirse entonces en un espacio intermedio entre la emoción inicial y el mensaje que finalmente se envía.
No significa necesariamente que el usuario copie y pegue la respuesta generada, de hecho, los datos distinguen entre quienes utilizan la IA para elaborar una contestación y quienes terminan utilizando una respuesta producida con ayuda de la herramienta en una interacción real. El resultado es una nueva capa dentro de la comunicación digital, la conversación ya no tiene únicamente un emisor y un receptor, sino que puede existir un tercer elemento utilizado en privado para preparar el mensaje.
El 43% registrado por la encuesta supone una proporción considerable de los participantes, el estudio no limita este comportamiento a un tipo concreto de conflicto, sino que incluye situaciones en las que una persona ha sido molestada, criticada o insultada y decide recurrir a la inteligencia artificial para preparar su respuesta. La cifra es todavía mayor entre los adultos jóvenes, el 54% de las personas de 18 a 34 años afirma haber utilizado IA de esta manera, frente al 29% de los mayores de 45 años.
La diferencia generacional muestra que los usuarios más jóvenes están incorporando estas herramientas a un espectro cada vez más amplio de situaciones cotidianas, la IA no se utiliza únicamente cuando hay que escribir un documento, resolver una duda o generar una imagen, sino también en momentos en los que entran en juego las relaciones personales y la forma en la que cada individuo quiere presentarse ante los demás.
Este comportamiento también plantea una cuestión interesante sobre la relación entre autenticidad y asistencia tecnológica, si una persona utiliza una IA para encontrar la forma adecuada de expresar algo que realmente piensa, la herramienta funciona como apoyo para la comunicación. Pero cuando la respuesta generada acaba siendo enviada prácticamente sin modificaciones, la frontera entre ayudar a expresarse y participar directamente en la conversación se vuelve más difusa.
La encuesta muestra además que la IA no solo se utiliza para encontrar las palabras, sino también para decidir cómo deben sonar, el 31% de los participantes afirma haber pedido a una herramienta de inteligencia artificial que modificara una respuesta para hacerla más incisiva, fría, divertida o mordaz. Esto convierte el tono en uno de los elementos que los usuarios pueden experimentar antes de responder.
La posibilidad de solicitar diferentes versiones permite transformar un mismo mensaje en función del efecto que se busca provocar, una respuesta puede ser más directa, más distante, más irónica o más contundente sin que el usuario tenga que redactar desde cero cada alternativa. En este sentido, los modelos generativos funcionan como una herramienta de edición emocional, el usuario aporta la situación y sus intenciones, mientras que la IA ayuda a encontrar distintas maneras de expresarlas.
El estudio no determina, sin embargo, que todos estos usos sigan una misma secuencia, el 31% que pide modificar el tono y el 43% que utiliza IA para formular una respuesta representan comportamientos diferentes. Del mismo modo, utilizar una herramienta para preparar un mensaje no implica necesariamente que ese mensaje termine siendo enviado.
El dato que refleja con mayor claridad el paso de la experimentación a la comunicación real es que el 22% de los encuestados afirma haber utilizado una respuesta elaborada con ayuda de IA en una interacción real. La cifra indica que para una parte de los usuarios la inteligencia artificial ya no se queda en el terreno de las pruebas o de las conversaciones privadas con el chatbot.
Esta práctica puede abarcar desde una respuesta ante una crítica hasta un mensaje en una discusión personal, la herramienta se sitúa antes de la comunicación y ayuda a construir el mensaje que posteriormente recibe otra persona. El fenómeno resulta especialmente significativo porque modifica uno de los aspectos más espontáneos de la comunicación interpersonal, hasta ahora, aunque una persona pudiera consultar a un amigo o escribir varias versiones antes de enviar un mensaje, el proceso estaba limitado por el tiempo y por la disponibilidad de otras personas. Con una IA, ese asesoramiento está disponible de forma inmediata y puede repetirse tantas veces como sea necesario.
El caso de las discusiones es especialmente revelador de cómo está cambiando el uso cotidiano de la inteligencia artificial, durante los últimos años, buena parte de la adopción de estas herramientas se ha relacionado con tareas claramente identificables, redactar correos electrónicos, resumir documentos, generar contenidos o resolver problemas.
El uso que recoge esta encuesta pertenece a una categoría diferente, la IA se introduce en un momento previo a una interacción humana y ayuda al usuario a decidir qué quiere decir y cómo quiere decirlo. Esto convierte al chatbot en algo parecido a un interlocutor previo, aunque la conversación real continúe siendo entre dos personas, antes de responder, el usuario puede probar distintas alternativas, analizar el tono o buscar una formulación que considere más adecuada.