África se encuentra ante uno de los grandes retos de la transformación digital, conseguir que el acceso a Internet deje de depender únicamente de la existencia de una red y se convierta en una herramienta realmente accesible y útil para la población. Con este objetivo, la GSMA y la Partnership for Digital Access in Africa (PDAA) han presentado una nueva hoja de ruta que fija como meta conectar a 1.000 millones de personas en el continente antes de 2030.
El documento, presentado durante la Asamblea General de Naciones Unidas en Nueva York, plantea un cambio de enfoque, el desafío ya no pasa únicamente por desplegar más antenas o ampliar la cobertura móvil, sino por conseguir que quienes viven dentro de una zona con cobertura puedan utilizar Internet de manera habitual, segura y productiva.
Uno de los principales datos que recoge la hoja de ruta refleja la dimensión del problema, según el análisis, alrededor de 906 millones de personas en África forman parte actualmente de la denominada brecha de uso, es decir, disponen de cobertura de banda ancha móvil pero no utilizan Internet móvil. La cifra representa cerca del 60% de la población del continente, una proporción muy superior a la de quienes todavía se encuentran fuera del alcance de una red de banda ancha móvil, en este último caso, el documento calcula que son aproximadamente 122 millones de personas, equivalentes al 8% de la población africana.
La diferencia resulta especialmente relevante porque demuestra que ampliar la cobertura no es suficiente para garantizar la inclusión digital, existe una parte importante de la población que ya podría conectarse técnicamente, pero que se encuentra con otras barreras que dificultan o impiden el acceso.
A escala global, el informe de la GSMA sobre el estado de la conectividad móvil en 2026 calcula que 3.100 millones de personas viven en zonas con cobertura de banda ancha móvil pero no utilizan Internet móvil, África concentra, por tanto, una parte especialmente significativa de esta brecha.
Uno de los ejes centrales de la estrategia pasa por acelerar la transición desde las tecnologías móviles más antiguas hacia dispositivos y redes capaces de ofrecer una experiencia completa de Internet, la hoja de ruta plantea convertir más de 600 millones de conexiones móviles heredadas en formas de participación digital basadas en smartphones y redes 4G y 5G.
Para que la expansión de las redes se traduzca en nuevos usuarios, los dispositivos deben encontrarse al alcance de la población y ofrecer suficiente capacidad para acceder a servicios educativos, sanitarios, financieros o administrativos. Pero el precio del teléfono no es la única barrera, la hoja de ruta también señala la necesidad de mejorar las competencias digitales, generar confianza en los servicios online y disponer de contenidos relevantes para las comunidades locales.
Otro de los grandes pilares de la propuesta es la relación entre conectividad y acceso a la electricidad, la GSMA y PDAA consideran que ambas infraestructuras deben planificarse de manera coordinada, ya que la disponibilidad de energía condiciona tanto la economía de las redes como la posibilidad de utilizar dispositivos digitales. Esta cuestión adquiere especial importancia en las zonas rurales y más alejadas de los grandes núcleos urbanos, allí, el despliegue de infraestructuras de telecomunicaciones puede resultar más complejo y costoso, mientras que la falta de suministro eléctrico estable añade otra barrera para la adopción de Internet.
Por ello, el documento apuesta por integrar las inversiones en energía y conectividad en lugar de tratarlas como proyectos independientes, la intención es crear unas condiciones que permitan que las redes sean sostenibles y que los usuarios puedan aprovechar realmente los servicios disponibles. Llevar Internet a las zonas rurales será otro de los grandes retos
La tercera prioridad identificada por la hoja de ruta está relacionada con el coste de conectar comunidades rurales y otras zonas que todavía se encuentran desatendidas, la propuesta contempla fórmulas como el uso compartido de infraestructuras, nuevas tecnologías de conectividad, financiación pública vinculada a resultados y la creación de demanda a través de instituciones como escuelas, centros sanitarios y otros servicios públicos.
El planteamiento parte de que no existe una única solución para todo el continente, mientras algunos países necesitan continuar ampliando la cobertura y mejorando el acceso a la electricidad, otros pueden obtener mayores avances actuando sobre el precio de los smartphones, las capacidades digitales, la seguridad online o la disponibilidad de servicios que hagan que conectarse resulte útil.
La hoja de ruta también propone modificar la manera en la que se mide el progreso de la transformación digital africana, en lugar de centrarse exclusivamente en indicadores como el número de antenas desplegadas o la superficie cubierta por una red, GSMA y PDAA plantean prestar mayor atención al uso real de Internet y a los beneficios que genera.
La propuesta reclama además una mayor coordinación entre gobiernos, operadores, empresas tecnológicas, inversores y organizaciones de desarrollo, PDAA pretende actuar como una plataforma para coordinar estos actores, alinear inversiones, reducir duplicidades y facilitar que soluciones que ya han demostrado su utilidad puedan extenderse a otros mercados.
La iniciativa fue presentada formalmente el 21 de septiembre en un encuentro celebrado en la Rockefeller Foundation de Nueva York, donde representantes del sector público y privado analizaron las medidas necesarias para acelerar la participación digital en el continente. Para Ellen Johnson Sirleaf, copresidenta de PDAA y expresidenta de Liberia, alcanzar el objetivo de 1.000 millones de personas conectadas requiere combinar conectividad, electrificación, dispositivos asequibles y capacidades digitales mediante una colaboración efectiva entre los sectores público y privado.
Por su parte, John Giusti, director regulatorio de GSMA y presidente de GSMA Foundation, señala que África ya ha construido una parte importante de la infraestructura necesaria para su futuro digital y que el siguiente desafío consiste en cerrar la brecha de uso. Ibrahima Guimba-Saïdou, CEO de PDAA, insiste en una idea similar, disponer de una red no garantiza por sí solo la participación digital si no existen energía fiable, dispositivos asequibles, conocimientos y servicios que respondan a las necesidades de la población.