La inteligencia artificial ya forma parte de la hoja de ruta del sector asegurador, aunque no a cualquier precio. Según un reciente estudio de SAS, casi el 60% de las aseguradoras prevé incrementar su inversión en IA en 2026, pero lo hará de forma gradual y con un foco claro: reforzar la confianza, la gobernanza y la calidad del dato antes de escalar su despliegue.
El informe, titulado La confianza como clave, dibuja un sector que avanza, pero con cautela. En un contexto donde la IA promete impulsar el crecimiento y la eficiencia, las compañías aseguradoras parecen tener claro que sin una base sólida de datos y procesos, la inversión puede quedarse en promesa.
Uno de los hallazgos más llamativos es que las aseguradoras declaran confiar más en la IA generativa que en la tradicional. Sin embargo, esa confianza no siempre viene acompañada de una inversión suficiente en gobernanza y madurez tecnológica.
De hecho, solo el 7% de las compañías se considera “transformadora” en el uso de IA, el porcentaje más bajo frente a otros sectores como la banca o la Administración Pública. Además, el 14% mantiene aún infraestructuras de datos en silos, una barrera clara para la innovación a escala corporativa.
En términos de presupuesto, el crecimiento será moderado: apenas un 8% prevé aumentar el gasto en IA más de un 20%, mientras que cerca del 60% estima incrementos de entre el 4% y el 20%. Incluso un tercio contempla subidas mínimas o ajustes a la baja.
Más allá del presupuesto, el informe señala un problema estructural. El 51% reconoce que no cuenta con una gobernanza de datos eficaz, y el mismo porcentaje admite que sus bases de datos no están centralizadas ni optimizadas.
A esto se suma la falta de talento especializado: el 44% percibe escasez de perfiles expertos en IA, lo que complica el despliegue seguro y responsable de estas tecnologías.
En paralelo, persisten brechas de confianza. Más del 40% de las aseguradoras se mueve entre dos extremos: infrautilizar sistemas fiables o, por el contrario, depositar demasiada confianza en soluciones aún no suficientemente probadas.
El estudio también apunta hacia un cambio de enfoque. Las iniciativas centradas únicamente en la reducción de costes son, según los datos, las que generan menor retorno. En cambio, las oportunidades más prometedoras se sitúan en la mejora de la experiencia de cliente, la expansión de cuota de mercado y el refuerzo de la resiliencia empresarial.
El mensaje que deja el informe es claro: la IA no es una solución automática. Para que se convierta en ventaja competitiva, el sector asegurador deberá invertir no solo en tecnología, sino también en gobernanza, calidad del dato y talento especializado.