La historia del servicio móvil Maximiliana tiene su origen durante la pandemia del Covid-19. Una de las consecuencias del confinamiento para combatir la expansión de la epidemia en marzo de 2020 fue la incomunicación, especialmente de las personas mayores. Como Maximiliana. En aquellos meses en los que se echaba tanto de menos el contacto físico, mantener una conversación telefónica era lo máximo a lo que podían aspirar muchos, sobre todo los que no contaban con medios o conocimiento para comunicarse por videoconferencia.
Afortunadamente para Maximiliana, su nieto era ingeniero informático y, de aquella dificultad, surgió la idea de un móvil que facilitara la vida a las personas más mayores y a sus familiares; un móvil que se pudiera configurar a distancia, en el que se identificaran fácilmente los contactos a los que llamar y los que llaman, que se descuelgue como los de antes… y que, además, permita funciones más avanzadas como la videoconferencia e, incluso, WhatsApp.
El día que escribo estas líneas, el contador de Maximiliana estaba en 11.507 usuarios de sus móviles preparados. El teléfono en sí mismo es un móvil convencional: un Moto G05 o 06, que cuesta en la web de Motorola entre los 100 y los 120 euros. Es un terminal de clase media que cuenta con una pantalla grande (6,67 pulgadas de diagonal en el caso del G05), algo fundamental para la personalización que le hace el equipo de Maximiliana. También está protegido contra salpicaduras (no es sumergible, pero tampoco es su público) y contra golpes. Se sirve con una funda y una cinta para poder llevarlo siempre colgando. De esta forma, puede sustituir a los sistemas de botón de pánico o alarma, que también se llevan colgando de una cinta. Para facilitar la llamada de emergencia, el administrador puede configurarla mediante el gesto de agitar el móvil. No hará falta pulsar ningún botón.
En la caja se añade el sistema completo de carga: cable, alimentador y peana. El puerto de carga se ha modificado con un conector magnético, de forma que, al colocar el móvil en la peana, no hace falta encajarlo. Puede parecer una tontería, pero la destreza fina se va perdiendo con los años y puede costar enchufar un USB-C en su lugar.
La verdadera diferencia de un Maximiliana se nota al arrancar el móvil. A pesar de que el sistema operativo es el habitual Android (en este caso, el 15), la pantalla va a mostrar en la parte superior los datos que seleccionemos: en mi caso, la hora, la fecha, el nombre del usuario, el porcentaje de batería, la temperatura y el santo del día. Justo por debajo, las aplicaciones que queramos: contactos, galería, mensajes, cámara y teléfono. Podríamos añadir otro puñado limitado de aplicaciones, como WhatsApp, si el usuario es capaz de usarlas. Y, lo fundamental, ocupa la mayor parte de la pantalla: seis grandes círculos verdes en los que vamos colocando el nombre y la fotografía de los contactos; cinco por pantalla y las pantallas que necesitemos. Lo único que necesita Joxefa para llamar es pulsar dos veces en el círculo del contacto deseado. Y, para atender una llamada, pinchar una vez. También se puede configurar para responder levantando el móvil como si fuera un teléfono de los de antes.
Los abuelos suelen ser uno de los sectores más castigados por las estafas telefónicas. A pesar de los intentos de regularlas, siempre se cuelan. Maximiliana permite una configuración extrema: establecer una lista positiva de los contactos a los que se les permite comunicar. El resto de llamadas serán desestimadas.
Además de funciones con las que cuentan otros móviles, como el volumen alto, conectar la linterna para que sirva de aviso de llamadas, definir contactos de emergencia, ubicación… tiene una especial. O a mí me lo parece. Como estos móviles están especialmente configurados para personas mayores que viven solas, creo que es un acierto que el administrador pueda arrancar desde su teléfono una videollamada que encienda la cámara del usuario. Imagina que tu padre no te está contestando las llamadas y te empiezas a preocupar. Arrancas una videollamada y puedes ver y oír lo que sucede en la habitación en la que está el móvil.
Pero también sirve para activar esa videoconferencia simplemente para conversar y verte, sin que el usuario sepa iniciar o incluso aceptar una videollamada. Se arranca en remoto y únicamente se debe preocupar de que la cámara encuadre correctamente.
Los móviles de Maximiliana no se compran. Se contrata un servicio con una cuota mensual que incluye el móvil con los accesorios, la configuración, el equipo de atención y servicio de sustitución del móvil y tarjeta SIM con llamadas ilimitadas y 25 gigas para navegación por internet. La tarifa de este paquete completo es de 29,90 euros mensuales. Existe otra tarifa, pero no incluye la SIM ni las 25 gigas de internet, por 24,90 euros al mes. Si queréis mi opinión, esta última no compensa.
¿Es mucho 30 euros mensuales? Si pensamos que puede sustituir al botón de emergencias, que puede costar, dependiendo de la comunidad autónoma y de la renta, desde seis hasta 40 euros al mes, y que te aporta funciones avanzadas de comunicación como la videoconferencia sin generar estrés al usuario… yo creo que no es caro. Al revés.