La transformación digital ya no depende únicamente de aplicaciones, plataformas o algoritmos. Para el Gobierno, ahora el verdadero desafío pasa por las infraestructuras que sostienen esa economía digital, por ello consideran que la actual regulación ya no responde a una nueva realidad tecnológica actual en la que satélites, centros de datos, cables submarinos y nuevas capacidades de computación se han convertido en activos estratégicos para la competitividad, la seguridad y la autonomía tecnológica europea.
"La regulación fue diseñada para una realidad menos integrada, menos intensiva en datos y menos dependiente de la inteligencia artificial"
Durante su intervención en DigitalES Summit 2026, del que Zonamovilidad es media partner, el secretario general ha defendido la necesidad de adaptar el marco regulatorio europeo a un ecosistema cada vez más integrado y dependiente de la inteligencia artificial. "La regulación fue diseñada para una realidad menos integrada, menos intensiva en datos y menos dependiente de la inteligencia artificial", reconoce, y advierte que esta separación entre redes terrestres, satelitales, cloud y otras infraestructuras digitales “se está difuminando", lo que obliga a que "la mirada política y la mirada regulatoria también tenga que adaptarse".
González ha puesto el foco en tres grandes infraestructuras que están transformando la realidad económica: redes no terrestres, cables submarinos y centros de datos. El secretario general ha explicado que el papel tradicional del satélite está cambiando de forma acelerada gracias a la llegada de las constelaciones de órbita baja, la integración con los estándares móviles y los futuros servicios direct-to-device, que permitirán utilizar conectividad satelital desde terminales convencionales.
"Esto cambia el paradigma, cambia el papel que el satélite va a tener en la conectividad, pasando a formar parte integrante de este sistema global", asegura González. A su juicio, esta evolución permitirá complementar la cobertura terrestre en zonas rurales y remotas, reforzar la resiliencia de las redes y mejorar la continuidad de los servicios ante situaciones de emergencia.
Sin embargo, también ha reclamado prudencia regulatoria. "Este escenario exige rigor y exige prudencia regulatoria", apunta González, al recordar que las comunicaciones satelitales plantean desafíos relacionados con las interferencias, la gestión del espectro radioeléctrico, la coordinación internacional o la protección de servicios vinculados a la seguridad y la defensa.
"Europa necesita aprovechar la oportunidad de la regulación de esta banda para fortalecer su autonomía estratégica"
En este contexto, ha situado como uno de los principales debates regulatorios la revisión europea de las licencias de la banda de 2 GHz. "Europa necesita aprovechar la oportunidad de la regulación de esta banda para fortalecer su autonomía estratégica", defiende.
Asimismo, ha recordado que otro momento decisivo llegará con la Conferencia Mundial de Radiocomunicaciones de 2027, donde se debatirá la compatibilidad entre determinadas bandas móviles terrestres y los nuevos servicios satelitales.
La segunda gran prioridad señalada por González son los cables submarinos, una infraestructura que considera esencial para el funcionamiento de la economía digital. "Vivimos en una economía aparentemente inalámbrica, pero la realidad es que está profundamente cableada", ya que una parte muy significativa del tráfico global sigue circulando por redes de fibra y cables submarinos que conectan continentes y sostienen servicios digitales críticos.
El secretario general ha recordado además que España ocupa una posición privilegiada como punto de interconexión entre Europa, América, África y el Mediterráneo. No obstante, ha advertido que esta ventaja implica también nuevas responsabilidades. "Los cables submarinos están expuestos a riesgos de seguridad física, de ciberseguridad e incluso geopolíticos", motivo por el que tanto la Unión Europea como los organismos internacionales están incrementando su atención sobre estas infraestructuras.
Respecto a los centros de datos, González ha defendido que el debate no debe centrarse exclusivamente en su consumo energético. "El cloud está en algún lugar. No es inmaterial. Y la IA se tiene que entrenar en centros físicos", recuerda el secretario general.
Además, ha insistido en que la soberanía tecnológica no depende únicamente de la ubicación geográfica de las infraestructuras. "No basta con que la infraestructura esté físicamente en territorio nacional o europeo", recuerda, ya que, en su opinión, también son determinantes aspectos como la jurisdicción, la seguridad, la continuidad operativa, el control efectivo de los datos y la capacidad de respuesta ante situaciones de crisis.
Como conclusión, González dibuja un escenario en el que las infraestructuras digitales convergerán cada vez más. "El futuro de la conectividad no va a ser el de una única red o el de redes aisladas, ni el de una única tecnología, sino un ecosistema híbrido", asegura.
"La regulación que necesitamos debe habilitar la inversión, dar seguridad jurídica, proteger activos críticos, permitir escalar la innovación y reforzar la resiliencia”
Ese ecosistema combinará redes terrestres y satelitales, fibra, 5G, cables submarinos, cloud, edge computing y centros de datos distribuidos. Ante este escenario, ha defendido una regulación capaz de acompañar la innovación sin obstaculizarla. "La regulación que necesitamos debe habilitar la inversión, dar seguridad jurídica, proteger activos críticos, permitir escalar la innovación y reforzar la resiliencia”, ha apuntado González, insistiendo en que "no se trata de regular por regular. Se trata de crear soluciones para que estas infraestructuras puedan desplegarse, crecer, protegerse y contribuir al interés general".
Con ello, González ha concluido con una advertencia que resume buena parte del debate actual sobre soberanía digital e infraestructuras críticas: "Lo invisible no puede ser secundario", ya que estas infraestructuras sostienen la economía digital, la inteligencia artificial, la seguridad y la capacidad de competir de Europa en los próximos años.