La inteligencia artificial se ha convertido en el principal motor de inversión tecnológica a escala mundial. Sin embargo, el crecimiento de la infraestructura necesaria para sostener esta nueva generación de servicios también está poniendo a prueba los compromisos medioambientales de las grandes compañías.
La última en hacerlo es Microsoft, que ha reconocido en su Informe de Sostenibilidad 2026 que la demanda de energía, agua, suelo y materiales asociada a la IA está creciendo más rápido que las soluciones destinadas a reducir su impacto ambiental, una advertencia que refleja uno de los principales desafíos para el futuro de los centros de datos y las redes digitales.
El informe sitúa la expansión de la inteligencia artificial en el centro del debate sobre sostenibilidad. Microsoft señala que la IA está transformando la economía y acelerando la innovación, aunque ese crecimiento también exige una capacidad sin precedentes de infraestructuras físicas para alimentar nuevos centros de datos.
En este sentido, la compañía admite de forma explícita que "la infraestructura de IA está impulsando la demanda de energía, agua, tierra y materiales, mientras que las soluciones de sostenibilidad no están escalando con la suficiente rapidez para satisfacer esa demanda". Asimismo, insiste en que esta tensión obliga a replantear la forma en la que se diseñan, construyen y operan las infraestructuras tecnológicas, con un mayor foco en la eficiencia y en el impacto sobre las comunidades donde se despliegan.
Las emisiones totales de gases de efecto invernadero crecieron un 25% durante el ejercicio fiscal 2025 respecto al año anterior
Las dificultades también aparecen reflejadas en los indicadores ambientales de Microsoft. Según el informe, las emisiones totales de gases de efecto invernadero crecieron un 25% durante el ejercicio fiscal 2025 respecto al año anterior, principalmente por la ampliación de su infraestructura de centros de datos y por un cambio en su estrategia de adquisición de energía renovable.
La empresa explica que ha dejado de utilizar determinados certificados de energía renovable para priorizar inversiones destinadas a incorporar nueva generación eléctrica libre de carbono a las redes. Aunque esta decisión incrementa las emisiones contabilizadas a corto plazo, Microsoft considera que aportará beneficios ambientales más duraderos mediante el desarrollo de nueva capacidad energética.
El documento también identifica un cambio en la composición de su huella de carbono. Las emisiones indirectas asociadas al consumo energético aumentaron de forma notable y pasaron a representar el 13% del total, frente a cerca del 2% registrado el año anterior. Para la compañía, este incremento pone de manifiesto la importancia que adquieren los sistemas energéticos en la sostenibilidad de la infraestructura digital.
En este sentido, la compañía considera que el desarrollo responsable de la inteligencia artificial dependerá de la capacidad de construir infraestructuras más eficientes, reforzar las redes energéticas, impulsar materiales con menor huella de carbono y adaptar las estrategias de sostenibilidad al ritmo que marca la expansión de la IA.