La prueba se ha desarrollado este jueves en Taipéi y otras seis ciudades y localidades, después de un ejercicio similar realizado días antes en el centro de la isla. Los operadores de telecomunicaciones redujeron la capacidad de acceso a Internet móvil hasta aproximadamente el 1% de sus niveles habituales, lo que bloqueó en la práctica servicios que requieren un mayor ancho de banda, como el vídeo en streaming, los videojuegos o las transferencias de archivos. Las llamadas telefónicas y los SMS, sin embargo, continuaron operativos.
Los ciudadanos recibieron además una alerta en sus teléfonos que advertía de “ataques aéreos simulados contra las infraestructuras de comunicaciones” y recomendaba recurrir a conexiones de banda ancha fija o WiFi en interiores. El presidente de Taiwán, Lai Ching-te, ha pedido disculpas por las molestias y ha defendido que se trataba de “un ejercicio necesario”.
La incorporación de las redes móviles en estos ejercicios militares refleja el creciente peso que las telecomunicaciones han adquirido en los planes de defensa taiwaneses. Las maniobras buscan reproducir escenarios cada vez más próximos a una crisis real, con una mayor participación de reservistas, población civil y administraciones locales.
El ejercicio también pretende medir la preparación psicológica y logística de los ciudadanos ante un posible bloqueo informativo
El ejercicio también pretende medir la preparación psicológica y logística de los ciudadanos ante un posible bloqueo informativo. Hasta ahora, algunas pruebas de defensa civil habían tenido un impacto limitado en la actividad cotidiana. Esta vez, además de restringir la conectividad, las autoridades han cerrado temporalmente los accesos de estaciones como Taipei Main Station y han obligado a los pasajeros a permanecer en zonas protegidas.
Toda esta situación busca preparar al país ante una posible invasión de la isla asiática después de que entre el miércoles y la mañana del jueves, Taiwán detectase 18 aviones militares chinos y 11 buques de la Armada alrededor de la isla siguiendo una histórica reclamación por parte de China sobre la soberanía de Taiwán, contrario sin embargo a los intereses de Estados Unidos, la OTAN y una gran parte de la población taiwanesa.
Además, un eventual conflicto no tendría que comenzar necesariamente con una ofensiva convencional. Los analistas de defensa identifican los ciberataques y la interrupción de las telecomunicaciones como posibles herramientas para paralizar infraestructuras, dificultar la coordinación interna y aislar digitalmente al territorio.
Pese a todo, la prueba todavía presenta diferencias importantes frente a un apagón real. La reducción de velocidad estaba programada, duró únicamente 30 minutos y no afectó a la banda ancha fija ni al WiFi. Además, el sur y el este de Taiwán quedaron fuera del ensayo pese a albergar infraestructuras estratégicas, desde instalaciones de fabricación de semiconductores hasta puertos militares y zonas destinadas al despliegue de fuerzas.
Una de las principales vulnerabilidades se encuentra bajo el mar, ya que Taiwán depende de 14 cables submarinos internacionales para transportar la mayor parte de su tráfico de datos con el exterior. La exposición de estas infraestructuras a accidentes, sabotajes o acciones en la denominada zona gris convierte la conectividad internacional en uno de los puntos críticos de su resiliencia.
En febrero de 2023, las islas Matsu quedaron prácticamente desconectadas durante semanas después de que se cortaran los dos cables submarinos que las enlazaban con el exterior. Aunque no se demostró que se tratase de una acción deliberada, Taiwán sospechó que los daños estaban provocados por dos embarcaciones chinas diferentes con apenas seis días de diferencia. La población tuvo que depender de una red de respaldo basada en radioenlaces de microondas, con capacidad y velocidad muy inferiores.
A ello se suma la presión en el ciberespacio. Según los datos de la Oficina de Seguridad Nacional taiwanesa, el país registró una media de 2,63 millones de intentos de intrusión diarios durante 2025, con infraestructuras críticas como redes energéticas, hospitales y parques industriales tecnológicos entre los objetivos.