Samsung nos llevó a Galicia con el Galaxy Z Fold8 y el Galaxy Watch Ultra2 en una experiencia que mezcló rafting, yoga y una última etapa del Camino de Santiago para comprobar qué aporta realmente su ecosistema cuando se sale de una sala de presentación.
Hay dispositivos que se entienden perfectamente sobre una mesa y otros que necesitan salir al exterior para demostrar para qué están hechos. Samsung eligió esta segunda vía para acercarnos el Galaxy Z Fold8 y el Galaxy Watch Ultra2 durante dos jornadas en Galicia en las que la tecnología quedó integrada en una experiencia mucho más amplia, deporte, naturaleza, descanso y, como cierre, la llegada a la plaza del Obradoiro.
El primer contacto serio con el Galaxy Watch Ultra2 llegó en el agua, el rafting obliga a olvidarse bastante rápido del teléfono, hay que remar, reaccionar a los cambios del río y asumir que todo lo que llevas encima acabará mojado. En ese contexto, el reloj se convirtió en el dispositivo más lógico para permanecer accesible sin interferir con la actividad.
Samsung ha diseñado el Watch Ultra2 para este tipo de escenarios exigentes, su cuerpo mantiene una construcción orientada al uso deportivo y cuenta con resistencia 10 ATM e IP69K, de modo que la presencia constante de agua durante el descenso no obligaba a tratarlo como un dispositivo delicado. Más allá de la certificación, lo importante durante la experiencia era precisamente esa tranquilidad, poder mantenerlo en la muñeca y olvidarse de él mientras seguía registrando la actividad.
La pantalla Super AMOLED de 1,5 pulgadas también resultaba útil al aire libre, en una actividad con movimiento continuo no tiene sentido detenerse a consultar menús complejos, pero sí poder echar un vistazo rápido a la información básica directamente desde la muñeca. Esa es una de las ventajas del reloj frente al móvil en una situación así, la tecnología está presente, y más cuando una de las mejoras de esta nueva generación es el aumento de brillo en la pantalla.
El Galaxy Z Fold8, por su parte, tenía un papel diferente, durante el rafting era más lógico mantenerlo protegido y recurrir a él antes o después de entrar al agua, sobre todo para fotografías, vídeos y para revisar el contenido generado. Es en esos momentos donde su formato plegable empieza a tener sentido, cerrado sigue siendo un teléfono relativamente compacto y más sencillo de transportar, aunque es importante destacar que a pesar de ser un dispositivo de este estilo plegable, cuenta también en cierta medida con certificación de protección contra el agua y el polvo.
El Galaxy Z Fold8 es el Fold más ligero de Samsung hasta la fecha, con 201 gramos, una cifra especialmente relevante en un viaje de este tipo, cuando se pasa buena parte del día caminando, llevando mochila o cambiando de actividad, reducir peso deja de ser una cuestión puramente estética. El terminal mantiene una pantalla exterior de 5,5 pulgadas para el uso rápido y una principal de 7,6 pulgadas que transforma por completo la forma de consultar contenido cuando hay tiempo para detenerse.
Esa doble naturaleza fue especialmente práctica durante las pausas, para una consulta rápida bastaba con utilizar la pantalla exterior, mientras que abrir el teléfono permitía revisar fotografías, vídeos o mapas con más espacio. También facilita trabajar con varias aplicaciones a la vez, algo que en una jornada de viaje puede ser tan simple como tener abierta una ruta mientras se consulta una fotografía o se responde a un mensaje.
El sistema de cámaras también tuvo un papel evidente durante las dos jornadas, el Z Fold8 incorpora dos cámaras traseras de 50 megapíxeles, gran angular y ultra gran angular, una combinación especialmente adecuada para un entorno como Galicia, donde el paisaje y los grupos de personas forman parte constante de la escena.
Después de una mañana de rafting, la tarde cambió por completo de registro, Samsung sustituyó los rápidos del Ulla por una sesión de yoga, una actividad mucho más calmada que permitió ver el Watch Ultra2 desde otra perspectiva. Los relojes deportivos suelen asociarse con carreras, rutas o entrenamientos intensos, pero una parte importante de su utilidad está también en acompañar sesiones de menor intensidad y ofrecer una lectura continua de cómo responde el cuerpo.
Durante una sesión de yoga, la frecuencia cardiaca, el tiempo de actividad y la continuidad del registro cobran más importancia que la velocidad o la distancia, el reloj integra sensores de frecuencia cardiaca, temperatura, electrocardiograma y análisis de impedancia bioeléctrica, además de acelerómetro, barómetro y giroscopio. No todos esos sensores intervienen de la misma forma en cada entrenamiento, pero el conjunto permite que el dispositivo mantenga una visión más completa de la actividad a lo largo del día.
El contraste entre rafting y yoga también resumía bastante bien la filosofía del evento, en apenas unas horas, el mismo wearable pasaba de acompañar una actividad en el agua a otra centrada en movilidad, respiración y control corporal. Y lo hacía sin necesidad de cambiar de dispositivo ni de alterar la experiencia alrededor del reloj.
La segunda jornada era la más simbólica, tocaba completar una última etapa del Camino de Santiago y terminar en la plaza del Obradoiro. Aquí el Galaxy Watch Ultra2 asumió probablemente el papel más natural de toda la experiencia, registrar la caminata, mantener accesible la información de actividad y servir como referencia sin necesidad de consultar continuamente el smartphone.
El reloj dispone de GPS y compatibilidad con los principales sistemas de posicionamiento, una característica especialmente útil cuando la actividad se prolonga durante horas, en una ruta a pie, poder consultar desde la muñeca el progreso, el tiempo o los datos básicos del recorrido evita sacar el móvil constantemente y ayuda a que la tecnología pase a un segundo plano.
La autonomía también es importante en este tipo de uso, el Watch Ultra2 incorpora una batería de 800 mAh y Samsung anuncia hasta 80 horas de uso típico con la pantalla siempre activa desactivada. En una experiencia de dos días, ese margen permite afrontar las diferentes actividades con bastante menos preocupación por encontrar un cargador entre una sesión y otra.
El Fold8 volvía a asumir el papel de herramienta visual y de consulta, durante el Camino, el teléfono servía para capturar fotografías, revisar el recorrido y aprovechar la pantalla principal cuando llegaba el momento de detenerse. La diferencia frente a un smartphone convencional no estaba tanto en hacer algo imposible para otro teléfono, sino en hacer determinadas tareas con más espacio sin tener que recurrir a una tableta.
La entrada en Santiago fue también el momento en el que toda la parte tecnológica perdió protagonismo de forma natural, después de dos días entre agua, actividad física y kilómetros a pie, llegar a la plaza del Obradoiro tenía más que ver con la experiencia compartida que con cualquier cifra en una pantalla.
Aun así, los dispositivos seguían ahí para cerrar el recorrido, el reloj permitía detener el registro y consultar lo realizado durante la jornada, mientras que el Fold8 se convertía en la cámara con la que inmortalizar la llegada y revisar las imágenes con la Catedral de Santiago como fondo. Es probablemente la mejor forma de entender el papel de ambos productos durante el evento: uno permanecía en segundo plano durante casi todo el tiempo; el otro aparecía cuando queríamos capturar, consultar o compartir algo.
El Galaxy Watch Ultra2 funciona como una extensión constante de la actividad, registra, muestra información rápida y permanece en la muñeca incluso cuando el entorno se complica. El Galaxy Z Fold8 es más intervencionista, pero también más versátil cuando hay que consultar información, hacer fotos, revisar contenido o aprovechar su gran pantalla.
En el río Ulla, durante una sesión de yoga o caminando hacia Santiago, esas características dejan de ser números y pasan a tener un contexto concreto. La resistencia del reloj importa porque no quieres pensar en él cuando estás empapado; su pantalla importa porque necesitas ver la información de un vistazo; y el formato plegable del teléfono tiene sentido cuando quieres convertir un dispositivo de bolsillo en una superficie mucho más cómoda para revisar lo que acabas de vivir.