La adopción de la inteligencia artificial en el entorno empresarial avanza con fuerza, pero todavía no se traduce en resultados tangibles para la mayoría de las compañías. Así lo refleja un estudio presentado en el evento ‘Change Makers: Liderazgo Transformador, Inteligencia Artificial y Personas’, donde se puso de manifiesto que, aunque el 81% de los equipos financieros valora positivamente la IA, únicamente un 5% afirma estar obteniendo un retorno significativo de su inversión.
El encuentro, organizado por Esade Alumni y patrocinado por Mercer, sirvió para analizar uno de los grandes desafíos actuales: convertir el potencial de la IA en impacto real en la productividad. En este sentido, el debate giró en torno a la llamada curva J de la productividad, un fenómeno que describe cómo las empresas deben asumir grandes inversiones iniciales antes de empezar a ver beneficios claros, e incluso pueden experimentar un estancamiento temporal.
En este contexto, el informe ‘300,000 voices’ del Oliver Wyman Forum revela una paradoja evidente. Aunque el 97% de los ejecutivos reconoce el valor estratégico de la IA, solo el 35% considera que su organización cuenta con una estrategia clara y bien comunicada. Esta falta de definición se convierte en una de las principales barreras para avanzar hacia una implementación efectiva.
Por su parte, Pilar de Arriba, socia de Telecomunicaciones, Medios y Tecnología en Oliver Wyman, ha explicado que “capturar el valor de la IA no es cuestión de invertir más, sino de transformar la forma en la que operan las organizaciones”. En su opinión, el verdadero reto pasa por rediseñar procesos, alinear incentivos y formar a los equipos, algo que resulta especialmente complejo cuando se intenta escalar dentro de grandes compañías.
Además, el grado de adopción varía significativamente según el sector. Mientras la industria tecnológica lidera las inversiones, las telecomunicaciones destacan por integrar la IA en sus operaciones centrales. Por su parte, los servicios financieros muestran una mayor claridad estratégica, aunque esa visión no siempre se traslada al día a día. En este ámbito, el 65% de los empleados reconoce su preocupación por una posible sustitución laboral, lo que frena en parte su adopción.
A nivel geográfico, Europa avanza, pero a un ritmo más lento que otras regiones. Solo el 20% de los empleados europeos confía plenamente en la IA, una cifra muy inferior a la de Asia. Sin embargo, el continente ha registrado el mayor crecimiento interanual en adopción, con un 13% entre 2024 y 2025, lo que indica una aceleración progresiva.
En el caso de España, la situación presenta matices propios. La inversión privada sigue por debajo de la media europea, mientras aumenta la preocupación por el impacto en el empleo, con un 53% de los trabajadores temiendo perder su puesto por la IA. Esta combinación, según los expertos, puede generar una desventaja estructural si no se acompaña de una estrategia clara de innovación.
Por otro lado, el estudio pone el foco en el papel de las personas en esta transformación. Jaime Martín-Juez, director ejecutivo de Refino y Química en Repsol, ha subrayado que “el éxito del despliegue de la IA depende de cómo se gestione la última milla”, es decir, la capacidad de trasladar los proyectos piloto a la operativa real. En su opinión, factores como la calidad de los datos, la madurez de los procesos y la implicación de los equipos son determinantes.
Más allá de la tecnología, el cambio también está impactando en las expectativas laborales. La falta de realización profesional se ha convertido en una de las principales preocupaciones de los empleados, mientras que la demanda de formación se ha duplicado en los últimos cinco años. En España, además, se observa una brecha creciente entre la formación que ofrecen las empresas y las habilidades que demandan los profesionales.
En este sentido, David Novoa, socio de Mercer España, ha señalado que “los departamentos de Recursos Humanos deben evolucionar hacia un rol estratégico capaz de generar ventaja competitiva”, especialmente en áreas como la digitalización, la analítica avanzada y la adopción de la inteligencia artificial.
En conjunto, los datos apuntan a un momento de transición. La IA ya está presente en las organizaciones, pero su verdadero impacto dependerá de la capacidad de las empresas para integrarla en su modelo operativo y, sobre todo, de cómo gestionen el cambio cultural que implica.