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Los mayores también se conectan: uno de cada tres españoles de más de 75 años ya usa Internet a diario

Gabi Galdón López-Quesada | Sábado 13 de junio de 2026

Internet hace tiempo que dejó de ser cosa de jóvenes. La vida cotidiana se ha ido trasladando poco a poco a la pantalla, desde pedir cita médica hasta hablar con la familia, consultar el banco o hacer una compra. Y en ese cambio también están entrando los usuarios más veteranos. En España, uno de cada tres mayores de 75 años ya utiliza Internet todos los días, una cifra que muestra cómo la brecha generacional empieza a reducirse, aunque todavía queden diferencias importantes.



El dato procede del Instituto Nacional de Estadística, con cifras correspondientes a 2025, y ha sido analizado por Adamo con motivo del Día de Internet, celebrado el pasado 17 de mayo. La fotografía que dejan los números es clara: los mayores no están al margen de la digitalización, sino que avanzan de forma progresiva hacia un uso cada vez más habitual de la Red.

La incorporación es especialmente visible entre las personas de 65 a 74 años, donde el porcentaje de usuarios de Internet alcanza ya el 83%. En el caso de los mayores de 75, el ritmo es menor, pero el hecho de que uno de cada tres se conecte a diario refleja un cambio relevante en los hábitos de una generación que no creció con tecnología digital, pero que empieza a utilizarla como parte de su día a día.

El uso de Internet, además, está prácticamente generalizado en el conjunto de la población adulta. Más del 96% de las personas de 16 a 74 años se conectó en los últimos tres meses, 0,5 puntos más que en 2024. Por su parte, el 92,5% lo utilizó a diario, lo que supone un incremento de 1 punto respecto al año anterior.

Ese crecimiento también se nota en el comercio electrónico. Casi el 60% de la población compró por Internet en los últimos tres meses por motivos particulares, 2,9 puntos más que en la encuesta anterior. La Red ya no se usa solo para informarse o comunicarse, sino también para resolver tareas cotidianas que antes dependían de la presencia física.

Por sexo, las mujeres presentan porcentajes ligeramente superiores a los hombres en varias categorías. Registran 0,4 puntos más en el uso de Internet durante los últimos tres meses, 1,5 puntos más en el uso diario y 1,1 puntos más en las compras online. Aunque la diferencia no es muy amplia, sí confirma que la adopción digital femenina se mantiene algo por encima en estos indicadores.

También hay diferencias por territorios. La Comunidad de Madrid encabeza el uso de Internet, con un 98% de usuarios y un 65% de personas que compraron online en los últimos tres meses. Le siguen Cataluña, con cifras cercanas al 98% de usuarios y al 65% de compradores, y Baleares, con más del 97% de usuarios y cerca del 64% en comercio electrónico.

Estos datos vuelven a poner sobre la mesa una cuestión de fondo: para que Internet sea realmente una herramienta cotidiana, la conexión tiene que llegar también fuera de las grandes ciudades. En este contexto, Adamo recuerda su despliegue de fibra óptica en zonas rurales, donde la conectividad puede marcar la diferencia entre estar dentro o fuera de muchas oportunidades digitales.

La compañía asegura que ya ha conectado a su red de fibra más de 3,2 millones de hogares en 2.400 municipios, una cifra que equivale a cerca de uno de cada tres ayuntamientos españoles. Además, ha desplegado más de 70.000 kilómetros de fibra, principalmente en localidades rurales de la práctica totalidad de las comunidades autónomas peninsulares.

Para Adamo, este despliegue responde a una necesidad que va más allá de la tecnología. La empresa defiende que conectar pueblos y zonas menos pobladas contribuye a reducir la desigualdad de medios y oportunidades respecto a las grandes ciudades. Internet permite trabajar, estudiar, comprar, hacer trámites y mantener vínculos personales, pero solo si la infraestructura acompaña.

El avance de los mayores en el uso diario de Internet confirma que la digitalización ya alcanza a casi todas las edades. Sin embargo, también recuerda que la brecha digital no depende solo de saber usar una herramienta, sino de tener acceso real a ella. Y ahí, la conectividad rural sigue siendo una pieza clave para que nadie se quede fuera de una vida cada vez más digital.

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