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El apagón digital de Feijóo: un país del siglo XXI con recetas del siglo pasado

Alberto Núñez Feijóo, candidato a la Presidencia del Gobierno por el Partido Popular
Alfonso de Castañeda | Martes 20 de octubre de 2026
Hay algo casi entrañable en los documentos políticos que terminan con una firma solemne. Un folio cuidadosamente maquetado, doce compromisos numerados y una rúbrica al final, como si el futuro de un país pudiera quedar suficientemente explicado en unas cuantas líneas.

Alberto Núñez Feijóo ha decidido presentar así su ‘Contrato con España’ de cara a las elecciones del próximo 29 de noviembre, con la promesa de recuperar la confianza de los ciudadanos y reconstruir un país que, según su diagnóstico, necesita volver a funcionar. Hasta ahí, todo bastante reconocible en cualquier campaña electoral. Lo sorprendente llega cuando uno termina de leerlo y descubre que, en esa España que aspira a gobernar, prácticamente no existe la industria tecnológica.

He repasado sus doce compromisos buscando alguna referencia a las telecomunicaciones, la digitalización de la economía, la inteligencia artificial, la ciberseguridad o la investigación tecnológica. Nada. La tecnología aparece únicamente como un instrumento para reforzar las fronteras y las redes sociales como un riesgo frente al que proteger a los menores. Es decir, uno de los sectores que más condiciona la competitividad, la productividad y la autonomía económica de cualquier país queda reducido a una herramienta de vigilancia y a un problema de seguridad infantil.

Conviene aclarar algo antes de continuar: este documento no es el programa electoral del Partido Popular, ni pretende recoger todas las medidas que podría adoptar un eventual Gobierno de Feijóo, pero sí se presenta como una declaración de prioridades y compromisos personales y precisamente por eso es tan revelador. Cuando alguien dispone de doce puntos para explicar qué considera esencial para el futuro de España, aquello que decide dejar fuera también cuenta una historia.

Una soberanía que se olvida de los datos

"Es difícil comprender cómo puede hablarse de soberanía nacional en 2026 sin dedicar una sola línea a la soberanía tecnológica"

El primer compromiso de Feijóo consiste en defender la soberanía nacional y la integridad territorial. El último, en recuperar el prestigio internacional de España y sus alianzas. Entre ambos aparecen la vivienda, las pensiones, la sanidad, la educación, la seguridad, los impuestos y los salarios. Asuntos fundamentales, desde luego, pero es difícil comprender cómo puede hablarse de soberanía nacional en 2026 sin dedicar una sola línea a la soberanía tecnológica.

Porque las fronteras de un país hace tiempo que dejaron de terminar en sus aduanas. También atraviesan los cables submarinos que transportan sus comunicaciones, los centros de datos donde almacena información sensible y los proveedores tecnológicos de los que dependen sus administraciones. España puede reforzar sus fronteras con todos los medios que considere necesarios, pero seguirá dependiendo de terceros para sostener buena parte de su economía digital. Y sobre eso, el contrato guarda un silencio bastante incómodo.

Europa lleva años alertando de su dependencia tecnológica de Estados Unidos y China, mientras discute cómo recuperar terreno en semiconductores, inteligencia artificial e infraestructuras críticas. Sin embargo, el principal partido de la oposición parece haber decidido que estos asuntos pueden esperar a otro documento, si es que llega. La soberanía sirve para hablar de fronteras, pero desaparece cuando toca preguntarse quién controla los datos, las redes o la tecnología que utilizan millones de españoles.

Productividad por arte de magia

El punto undécimo promete elevar el salario medio y reconoce que aumentar la productividad es imprescindible para conseguirlo. Hasta ahí, todo el mundo podría estar de acuerdo. El problema es que Feijóo parece confiar en que esa productividad llegará por generación espontánea.

 

"¿De verdad se puede plantear una estrategia económica para España en 2026 sin reservar un solo compromiso a las herramientas que están transformando los procesos productivos de medio planeta?"

¿Cómo pretende mejorar la competitividad de las empresas españolas sin mencionar la digitalización, la automatización, la inteligencia artificial o la inversión tecnológica? ¿De verdad se puede plantear una estrategia económica para España en 2026 sin reservar un solo compromiso a las herramientas que están transformando los procesos productivos de medio planeta?

La misma desconexión llega en la sanidad y la educación. Se prometen más médicos, mejores condiciones laborales, mayor exigencia educativa y autoridad docente: todo muy reconocible en el debate político tradicional. Mientras tanto, la interoperabilidad de los datos sanitarios, la modernización de los hospitales, las competencias digitales o el papel de la inteligencia artificial en las aulas parecen pertenecer a una conversación que nadie ha considerado necesario incorporar, por lo menos entre los asesores del futurible presidente.

Y ahí está precisamente lo preocupante: la tecnología desaparece incluso de aquellos compromisos donde debería tener un papel fundamental. Se habla de modernizar España con un vocabulario que podría haberse utilizado prácticamente igual hace veinte años.

La firma y lo que falta

Sería injusto afirmar que el Partido Popular carece de propuestas tecnológicas porque no aparezcan en este contrato. Seguramente habrá medidas en su programa electoral, pero también sería ingenuo restar importancia a una omisión tan evidente en un documento que su candidato presenta expresamente como la relación de sus grandes prioridades.

Hay espacio para comprometerse a construir un millón de viviendas, reducir ministerios, reformar el sistema de elección de los jueces o actualizar las pensiones conforme al IPC. Sin embargo, no lo hay para la investigación, las telecomunicaciones, la ciberseguridad o la transformación digital de la economía.

"La tecnología lleva demasiado tiempo relegada a capítulos secundarios de los programas electorales"

Y convendría que esta crítica sirviera también para el resto de partidos. La tecnología lleva demasiado tiempo relegada a capítulos secundarios de los programas electorales mientras los mismos dirigentes llenan auditorios con discursos sobre innovación, competitividad y liderazgo europeo. Después llegan las grandes declaraciones de intenciones y las fotografías con empresarios del sector, pero a la hora de establecer prioridades políticas parece que seguimos instalados en otra época. Veremos, cuando haya programas (y candidatos y partidos) qué, quién, cómo y cuándo proponen, si lo hacen, en materia tecnológica.

Feijóo ha querido dar especial importancia a su firma y a su palabra. Bien. Precisamente por eso es legítimo preguntarle qué lugar ocupa la tecnología en el país que pretende reconstruir.

Quizá el programa electoral despeje las dudas. De momento, la firma está puesta. La tecnología, ausente.

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