Noticias Tecnología

Qué hay detrás de la entrada de Estados Unidos en el accionariado de Intel

Alfonso de Castañeda | Viernes 29 de agosto de 2025
La reciente decisión del gobierno de Estados Unidos de convertirse en accionista de Intel marca un punto de inflexión en la industria de los semiconductores. Más allá de una simple inyección de capital, el movimiento refleja una estrategia política y económica orientada a garantizar la producción de chips en territorio estadounidense y reducir la dependencia de fabricantes extranjeros como TSMC.

El acuerdo, anunciado la semana pasada, otorga al gobierno federal un 10% de participación en Intel mediante la conversión de 8.900 millones de dólares en subvenciones del Chips and Science Act en capital social. Esta medida, calificada como una intervención poco convencional en el sector privado, responde a los objetivos de la administración Trump de reforzar la soberanía tecnológica del país.

La operación no se limita a la toma de participación. Incluye un warrant con vigencia de cinco años que permitiría al gobierno adquirir un 5% adicional a 20 dólares por acción en caso de que Intel reduzca su participación en el negocio de fundición por debajo del 51%. Esta condición actúa como freno a cualquier intento de escisión o venta de esta división, responsable de la fabricación de chips para terceros.

“Desde la perspectiva del gobierno, no querían que separáramos la unidad ni la vendiéramos”, ha explicado David Zinsner, director financiero de Intel, durante la conferencia anual de Deutsche Bank.

El contexto: una división en pérdidas y bajo presión

La unidad de fundición de Intel, considerada clave para la estrategia industrial estadounidense, atraviesa una etapa complicada. En 2024, registró pérdidas por 13.000 millones de dólares y continúa lejos de alcanzar la competitividad de la taiwanesa TSMC, líder global en fabricación de semiconductores.

La presión para deshacerse de este negocio ha sido constante. Analistas de Citi, exmiembros del consejo de Intel e incluso inversores han defendido una escisión como vía para contener pérdidas. Qualcomm, entre otros, habría mostrado interés en una posible adquisición. Estas expectativas aumentaron tras la salida de Pat Gelsinger, arquitecto de la estrategia de fundición, en diciembre pasado.

El acuerdo con Washington cambia el escenario, al imponer incentivos para mantener la unidad bajo control mayoritario. Según Zinsner, la estructura del pacto genera “una fricción” que limita la libertad de Intel para tomar decisiones corporativas en este ámbito.

Un salvavidas financiero con implicaciones estratégicas

Más allá de las condiciones sobre la unidad de fundición, la operación resuelve necesidades de liquidez inmediatas. Intel recibió 5.700 millones de dólares en efectivo la semana pasada y espera otros 3.200 millones, sujetos al cumplimiento de hitos definidos en un programa del Departamento de Defensa. Este esquema reduce la dependencia de los mercados de capital y elimina la incertidumbre sobre la recepción de fondos vinculados al Chips Act.

El propio Zinsner ha admitido que el acuerdo “garantiza que obtengamos el efectivo” y evita recurrir a emisiones adicionales en un momento delicado

El propio Zinsner ha admitido que el acuerdo “garantiza que obtengamos el efectivo” y evita recurrir a emisiones adicionales en un momento delicado. Paralelamente, Intel ha completado otras operaciones financieras, como la venta de 1.000 millones en acciones de Mobileye y la inminente cesión del 51% de su participación en Altera al fondo Silver Lake. A esto se suma una inversión de 2.000 millones de SoftBank, que el directivo ha calificado como coincidencia y no como parte de un plan coordinado con la Casa Blanca.

El movimiento además coincide con un contexto marcado por la aceleración del negocio de la inteligencia artificial, donde Nvidia domina con holgura. Según estimaciones de Wedbush Securities, la inversión global en infraestructura para IA podría alcanzar entre 3 y 4 billones de dólares a final de la década, consolidando a Nvidia como referente indiscutible.

En este escenario, Intel busca reposicionarse frente a rivales que han capitalizado la demanda de chips para IA y computación avanzada. Sin embargo, su capacidad para atraer clientes estratégicos como Apple, Qualcomm o Nvidia sigue en entredicho, a la espera de demostrar procesos de fabricación fiables y competitivos.

Una jugada política y tecnológica

El acuerdo con Intel refuerza la narrativa electoral de Trump, basada en recuperar la manufactura nacional y reducir la dependencia tecnológica de Asia, especialmente de Taiwán. La administración considera que garantizar la producción doméstica de semiconductores es un asunto de seguridad nacional.

Con esta operación, Estados Unidos se asegura la continuidad del proyecto de fundición de Intel y envía un mensaje claro: el país no permitirá que su industria de chips quede subordinada a intereses extranjeros. Sin embargo, el éxito de esta estrategia dependerá de la capacidad de Intel para revertir las pérdidas y captar grandes clientes en un mercado donde la innovación avanza a un ritmo vertiginoso.

TEMAS RELACIONADOS:


Noticias relacionadas