Un grupo de nueve legisladores republicanos ha instado formalmente al Departamento de Defensa a ampliar de forma significativa la lista de empresas chinas que, según Washington, colaboran directa o indirectamente con el aparato militar de Pekín.
La petición se produce en un contexto de creciente endurecimiento regulatorio y refuerza la tendencia de vincular tecnología, seguridad nacional y geopolítica en la relación entre ambas potencias.
La iniciativa se articula a través de una carta remitida al secretario de Defensa, Pete Hegseth, apenas unos días después de que el presidente Donald Trump firmara una ley de gasto militar de obligado cumplimiento que roza el billón de dólares y que incluye restricciones explícitas a las inversiones estadounidenses en tecnología china. En el escrito, los congresistas solicitan que una docena de compañías sean incorporadas a la denominada lista 1260H, un registro oficial del Pentágono que identifica a empresas presuntamente vinculadas al Ejército Popular de Liberación.
La lista 1260H, creada al amparo de una ley de autorización de defensa de 2021, no implica sanciones automáticas ni prohibiciones directas. Sin embargo, su inclusión tiene un fuerte impacto reputacional y operativo. Funciona como una advertencia explícita a las agencias federales y a los proveedores del Gobierno de Estados Unidos sobre los riesgos de mantener relaciones comerciales con las compañías señaladas. En la práctica, este mecanismo ha servido de antesala a restricciones más severas y ha alimentado litigios por parte de empresas chinas que rechazan cualquier vinculación militar.
Entre las firmas que los legisladores piden añadir figuran la compañía de inteligencia artificial DeepSeek, el fabricante de smartphones Xiaomi y el gigante de pantallas BOE Technology Group, proveedor clave de paneles para dispositivos de consumo, incluidos terminales de Apple. La lista propuesta se amplía con nombres del ámbito de los semiconductores, la robótica, los sensores, la biotecnología y las baterías para vehículos eléctricos.
La carta llega en un momento políticamente significativo. El nuevo presupuesto de defensa, aprobado con amplio respaldo en el Congreso, refuerza la narrativa de que Estados Unidos no debe destinar recursos públicos, directa o indirectamente, a empresas que puedan fortalecer las capacidades militares o de inteligencia de la República Popular China. En este sentido, los firmantes sostienen que las compañías señaladas representan “el siguiente tramo lógico” de actores implicados en la estrategia de fusión civil-militar impulsada por Pekín.
La actualización anual de la lista 1260H debe servir para cerrar lagunas y evitar que capital, tecnología o contratos estadounidenses acaben reforzando a un competidor estratégico.
Entre los firmantes se encuentran figuras con peso institucional, como el congresista John Moolenaar, presidente del comité especial de la Cámara sobre el Partido Comunista Chino, así como responsables de comités clave de Seguridad Nacional e Inteligencia. Todos ellos subrayan que la actualización anual de la lista 1260H, obligatoria hasta 2030, debe servir para cerrar lagunas y evitar que capital, tecnología o contratos estadounidenses acaben reforzando a un competidor estratégico.
Uno de los elementos más relevantes del debate es la amplitud del concepto de “apoyo militar”. En la misiva se incluyen empresas de perfiles muy diversos, desde fabricantes de chips como Hua Hong Semiconductor hasta compañías de robótica como Unitree Robotics o proveedores de sensores y sistemas lidar utilizados en automoción y logística. Según aseguran, muchas de estas tecnologías tienen un uso dual, civil y militar, lo que, a juicio de los legisladores, justifica su escrutinio preventivo.
Casos como el de BOE ilustran la complejidad del enfoque. Aunque se trata de un proveedor industrial con fuerte presencia en cadenas de suministro globales, los congresistas reclaman que el Pentágono trabaje para eliminar progresivamente este tipo de proveedores de su ecosistema antes de 2030. El argumento es que la dependencia tecnológica puede convertirse en una vulnerabilidad estratégica a medio plazo.