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El ocaso de Silicon Valley: impuestos, poder y fractura en el corazón tecnológico de Estados Unidos

(Foto: Depositphotos).
Alfonso de Castañeda | Lunes 26 de enero de 2026
La cuna histórica de la innovación global atraviesa uno de los debates más delicados de su historia reciente. Silicon Valley, durante décadas epicentro indiscutible del poder tecnológico, afronta ahora una discusión que trasciende lo fiscal y pone en cuestión su modelo económico, su contrato social y su capacidad para seguir reteniendo talento e inversión.

La propuesta de un impuesto extraordinario a los grandes patrimonios en California ha actuado como catalizador de tensiones que llevaban años ocultas y ha reabierto un profundo debate sobre el futuro del ecosistema tecnológico estadounidense.

El detonante ha sido la denominada California Billionaire Tax Act, una iniciativa impulsada por el sindicato sanitario SEIU–United Healthcare Workers West que plantea un gravamen único del 5% sobre el patrimonio de los residentes en California con fortunas superiores a los 1.000 millones de dólares.

El objetivo pasa por compensar recortes federales y reforzar la financiación de servicios públicos esenciales, como la sanidad o la educación. Sin embargo, el impacto político, económico y simbólico de la propuesta ha sido inmediato y ha sacudido los cimientos de Silicon Valley.

En este contexto, la reacción de buena parte de la élite tecnológica evidencia un cambio de clima. La amenaza de la salida de grandes fortunas, habitual en anteriores debates fiscales, gana ahora una dimensión más tangible, con movimientos empresariales y personales que apuntan a una reducción progresiva de la exposición a California.

Un impuesto que rompe el consenso tecnológico

El anuncio del impuesto, realizado en noviembre, activó de forma casi inmediata conversaciones privadas, debates públicos y movimientos estratégicos entre fundadores, inversores y ejecutivos del sector tecnológico. A finales de diciembre, el inversor David Sacks hacía visible el malestar acumulado al publicar una imagen de manifestantes frente a su residencia en San Francisco, un gesto que simbolizó la ruptura del tradicional consenso entre Silicon Valley y el poder político californiano.

Desde entonces, varios nombres clave del ecosistema han comenzado a reorganizar su presencia territorial. Peter Thiel, exPayPal, cofundador y presidente Palantir, ha anunciado el traslado de su family office a Miami; David Sacks, también exPayPal y fundador de la red social Yammer, ha confirmado su mudanza a Austin, donde también ha abierto una nueva sede de su firma de capital riesgo; y, según fuentes conocedoras del proceso, Larry Page y Sergey Brin, cofundadores de Google, han iniciado la reestructuración de entidades empresariales vinculadas a su patrimonio fuera del estado.

Apple Park (Cupertino)

El principal temor no reside únicamente en el importe del gravamen, que afectaría a un número limitado de contribuyentes, sino en su diseño y alcance. La propuesta contempla su aplicación retroactiva a quienes fueran residentes en California a 1 de enero de 2026, incluso si abandonan el estado con posterioridad. Este elemento ha acelerado la toma de decisiones y ha generado un intenso debate jurídico que se espera que termine en los tribunales.

Desde el punto de vista del sector tecnológico, la medida introduce una incertidumbre significativa para patrimonios altamente concentrados en participaciones empresariales ilíquidas. Varios fundadores han advertido de que la necesidad de obtener liquidez para afrontar el pago podría forzar ventas de acciones, alterar estructuras de control y afectar a la estabilidad de compañías privadas en fases críticas de crecimiento.

Aunque los impulsores del impuesto sostienen que estas interpretaciones exageran su impacto real, el efecto psicológico sobre el ecosistema ha sido evidente.

Silicon Valley frente a su propia narrativa

El debate fiscal ha puesto en primer plano problemas que Silicon Valley arrastra desde hace años. El aumento del coste de la vida, la crisis de vivienda, el deterioro urbano y la creciente polarización política han erosionado progresivamente el atractivo del área de la bahía, especialmente para nuevas generaciones de emprendedores y profesionales tecnológicos.

Durante la pandemia, varios líderes del sector escenificaron su distanciamiento con San Francisco, trasladando residencias y oficinas a ciudades como Austin o Miami. Aunque muchos de estos movimientos han tenido un carácter parcial, contribuyeron a instalar la narrativa de una pérdida de centralidad del valle más famoso. En los últimos meses, sin embargo, algunos actores del ecosistema habían comenzado a hablar de una cierta recuperación del pulso innovador, impulsada por el auge de la inteligencia artificial y el retorno de la actividad presencial.

Sede de Google (Mountain View)

Sin embargo, la propuesta del impuesto ha interrumpido ese incipiente optimismo. Para una parte de la industria, la iniciativa refleja una falta de reconocimiento institucional hacia un sector que ha sido clave en la generación de empleo, inversión y liderazgo tecnológico. Para otros, la discusión representa una oportunidad para abordar desequilibrios estructurales en un estado donde el 1% más rico concentra una parte muy relevante de la recaudación fiscal, mientras persisten altos niveles de desigualdad social.

La fractura también se ha dejado ver en el ámbito político. El gobernador Gavin Newsom se ha posicionado en contra del impuesto, alertando sobre los riesgos para la competitividad de California en un entorno global cada vez más disputado. En cambio, representantes como Ro Khanna defienden que una mayor contribución de las grandes fortunas puede reforzar las bases sociales que sostienen la innovación a largo plazo. Esta división evidencia la dificultad de conciliar crecimiento tecnológico, cohesión social y estabilidad fiscal.

¿Exageración coyuntural o punto de inflexión histórico?

Los expertos en movilidad de grandes patrimonios llaman a la prudencia. La experiencia demuestra que las grandes fortunas tienden a cambiar menos de residencia de lo que sugieren sus declaraciones públicas. Sus redes profesionales, sociales y de influencia se encuentran profundamente arraigadas en los territorios donde construyeron sus empresas.

Además, los procesos de relocalización fiscal implican un escrutinio exhaustivo por parte de las autoridades y una reorganización completa de la vida personal y empresarial.

Sede de Nvidia (Santa Clara)

California, además, cuenta con una larga tradición de vigilancia fiscal sobre estos movimientos, analizando hábitos de residencia, localización de activos y vínculos personales antes de aceptar un cambio de domicilio fiscal. En este sentido, un éxodo masivo sigue siendo una incógnita. No obstante, numerosos analistas coinciden en que la propuesta ha activado un punto de inflexión emocional y estratégico en parte de la élite tecnológica.

Este debate coincide, además, con una transformación más amplia del ecosistema tecnológico estadounidense. El capital riesgo se concentra en menos operaciones, la inteligencia artificial absorbe una parte creciente de la inversión y los despidos en grandes tecnológicas han debilitado la percepción de estabilidad del sector. Todo ello dibuja un escenario más distribuido, en el que Silicon Valley conserva activos clave, como el talento senior, universidades y la capacidad de escalar innovación, pero comparte protagonismo con nuevos polos emergentes.

¿Sigue Silicon Valley liderando la innovación global?

Más allá del debate fiscal, los indicadores de innovación muestran que Silicon Valley mantiene una posición central en el sistema tecnológico estadounidense, aunque en un entorno cada vez más competitivo. En 2025, el mercado global de capital riesgo alcanzó los 425.000 millones de dólares, un 30% más que en 2024, impulsado casi en exclusiva por la inteligencia artificial. Estados Unidos concentró 274.000 millones de esa inversión, el 64% del total mundial, una cuota muy superior a la media del periodo 2019-2023. Dentro de ese volumen, el Área de la Bahía sigue captando aproximadamente un tercio de toda la inversión de capital riesgo del país, a pesar de la descentralización hacia otros estados.

La actual fase del mercado está dominada por los llamados megadeals, operaciones de financiación superiores a los 500 millones de dólares que concentran buena parte del capital disponible.

En 2025, la inteligencia artificial absorbió el 53% del valor total de los acuerdos de venture capital a nivel global

En 2025, la inteligencia artificial absorbió el 53% del valor total de los acuerdos de venture capital a nivel global, con rondas récord como los 40.000 millones de dólares captados por OpenAI o los 13.000 millones de Anthropic, según recoge el 2025 Annual Global Venture Capital Report de PitchBook.

Esta concentración favorece a ecosistemas donde los grandes fondos operan de forma presencial, una dinámica que sigue beneficiando a San Francisco y Nueva York frente a hubs emergentes con menor densidad de capital institucional.

Pese al fuerte flujo financiero, la ventaja estructural del Valle del Silicio reside en la densidad de talento. Aproximadamente el 25% de los residentes del Área de la Bahía cuenta con títulos de posgrado o profesionales, casi el doble que la media nacional de Estados Unidos. Este ecosistema se apoya en dos pilares académicos históricos: la Universidad de Stanford, referente en transferencia tecnológica y creación de empresas, y la Universidad de California en Berkeley, clave en el desarrollo de los semiconductores, el software moderno y la computación avanzada.

Universidad de Standford

Aunque regiones como Boston, Austin o el Research Triangle (Carolina del Norte) han construido polos sólidos a partir de sus universidades, Silicon Valley continúa siendo el principal imán para investigadores en inteligencia artificial y fundadores seriales.

En el plano corporativo, la región vive una tensión entre éxodos y permanencia. Las grandes tecnológicas mantienen su anclaje en California: Alphabet opera desde Mountain View, Meta desde Menlo Park, Apple desde Cupertino e Intel desde Santa Clara. A ellas se suman Salesforce, que conserva su sede en San Francisco, y Nvidia, instalada en Santa Clara y convertida en el motor de la computación para la era de la IA. Además, nuevos actores estratégicos han reforzado su presencia local: OpenAI y Anthropic han decidido establecerse en San Francisco, consolidando la ciudad como núcleo de la inteligencia artificial generativa.

En paralelo, empresas como Tesla, Oracle o Hewlett Packard Enterprise han trasladado sus sedes a Austin. Silicon Valley ha perdido parte de su monopolio sobre el talento operativo y las aplicaciones comerciales, que ahora crecen en ciudades como Miami, con un aumento del 28% en 2025, o Austin, cuyo PIB avanzó un 14,3%.

Fotos: Depositphotos

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