La inteligencia artificial (IA) ha dejado de ser una promesa de futuro para convertirse en una herramienta tangible que redefine modelos de negocio y optimiza procesos en múltiples industrias. Sin embargo, su implementación no está exenta de desafíos, como demuestra la notable diferencia en la velocidad de adopción entre sectores. Mientras algunas industrias, como la petrolera, invierten masivamente al ver un impacto inmediato, otras más reguladas, como la banca, avanzan con mayor cautela.
"Hay sectores más regulados que tienen más dificultades en llegar a ese punto de velocidad en cuanto a esa creación de los modelos de negocio"
"Vemos esa diferencia en velocidad de adopción por sectores", explica Beatriz Sanz Sáiz, matemática y directiva madrileña especializada en inteligencia artificial y análisis de datos, actual líder global del área de IA en Ernst & Young desde 2023. Sanz destaca que "hay sectores más regulados que tienen más dificultades en llegar a ese punto de velocidad en cuanto a esa creación de los modelos de negocio". Esta disparidad, observada "a vista de pájaro", dibuja un mapa de innovación desigual aunque fascinante, donde la IA generativa promete acelerar aún más la transformación.
En el ámbito de la investigación aplicada, la medición rigurosa del impacto es fundamental. Natalia Rodríguez Núñez-Milara, ingeniera de telecomunicaciones y emprendedora madrileña, reconocida por su trabajo pionero en inteligencia artificial y su enfoque en el impacto social de la tecnología como fundadora y directora ejecutiva de Saturno Labs, subraya que medir es parte del "ADN" de su organización, cuyo objetivo es conectar el mundo académico con las necesidades comerciales. "Nosotros seguimos haciendo investigación de todos los proyectos que hacemos. Al final medimos qué ha pasado con esa inteligencia artificial y acabamos publicando", afirma. Este año, su equipo ha logrado dos publicaciones en prestigiosas revistas científicas (Q1) sobre la aplicación práctica de la IA.
"A través de un agente, lo que hacemos es no solo recopilar y hacer cribados de decir cómo está el paciente, sino también una parte de personalización de contenidos, de formación"
Uno de sus proyectos más destacados se desarrolla en la sanidad pública, donde se realiza un seguimiento de pacientes oncológicos. "A través de un agente, lo que hacemos es no solo recopilar y hacer cribados de decir cómo está el paciente, sino también una parte de personalización de contenidos, de formación", detalla Rodríguez. El sistema envía información útil al paciente durante su tratamiento y utiliza modelos predictivos para anticipar complicaciones, permitiendo una derivación más temprana a los hospitales. Este proyecto, además, genera "datasets potentes" que combinan datos clínicos y subjetivos, como el estado de ánimo o el cansancio, para investigar sobre la enfermedad.
Otro proyecto de gran impacto social se centra en combatir la soledad no deseada en personas mayores, un "temazo en España", según la experta. La tecnología no solo monitoriza su estado en casa y les recuerda la medicación, sino que también facilita la conexión entre ellos para que puedan charlar. Los resultados son notables: "Logramos un 102% de mejora en soledad no deseada percibida, medida con los cribados que miden los médicos". Con el apoyo de farmacéuticas, aseguradoras y la administración pública, el objetivo es ambicioso: "Solo aquí en Madrid pretendemos llegar a medio millón de personas mayores".
La conversación se traslada a un sector de gran escala y complejidad: la aviación. Ana Salazar López-Pedraza es ingeniera aeronáutica y Master en Administración y Dirección de Empresas por ICADE, y PMD en ESADE, con una experiencia de más de 25 años en diversos ámbitos de la Gestión Aeroportuaria. En la actualidad desempeña el puesto de directora de Sostenibilidad de la Dirección de Innovación, Sostenibilidad y Experiencia Cliente de Aena y lidera la estrategia de sostenibilidad 2021-2030 en AENA. Salazar relata el desafío de convertir objetivos abstractos en un proyecto real con una inversión asociada de 750 millones de euros. "El problema que tiene la sostenibilidad es que no hemos sido suficientemente rigurosos en algunos casos. Y esto es como todo, hay que ser riguroso. Hay que definir KPIs, objetivos y proyectos concretos", sentencia.
Presentar una inversión de tal magnitud a un comité de dirección fue un "enorme reto", y la clave fue desglosarla en proyectos tecnológicos concretos. Uno de ellos es un plan fotovoltaico para instalar placas solares en terrenos de los aeropuertos, abasteciendo no solo a las terminales, sino a todas las empresas que operan en ellas. La IA juega un papel crucial en este plan, ya que "soporta todos esos datos, habilita que se maximice la eficiencia de la producción energética y, sobre todo, se maximice el precio, porque la utilización de la energía producida se realiza cuando es más cara en el mercado".
"Definimos plataformas energéticas por aeropuerto y a través de la IoT y de la inteligencia artificial, identificamos ineficiencias y aplicamos soluciones"
La eficiencia energética es otro pilar, con un gasto anual de 90 millones de euros solo en electricidad. "Definimos plataformas energéticas por aeropuerto y a través de la IoT y de la inteligencia artificial, identificamos ineficiencias y aplicamos soluciones", explica Salazar. Para asegurar que estas medidas calasen en toda la organización, se estableció una gobernanza sólida, con una comisión de sostenibilidad dependiente del consejo.
El futuro de la aviación pasa por combustibles sostenibles (SAF) e hidrógeno, lo que implica una transformación radical. "Tenemos que afrontar una transformación total", admite la ingeniera, describiendo cómo la morfología de las aeronaves y la infraestructura aeroportuaria deberán cambiar por completo. "No sabemos cuándo el fabricante va a tener el avión de hidrógeno disponible, sin embargo, tenemos que estar preparados para que en el momento en que ese avión esté disponible, nosotros podamos darle cabida en esos aeropuertos".
El impacto de la IA no es solo tecnológico, sino también humano. Beatriz Sanz, directiva de EY, una empresa con 400.000 empleados, aborda el reto de gestionar el talento y la formación en medio de este "tsunami". La estrategia fue elevar la formación al más alto nivel. "Al comité de dirección de mi empresa le estamos dando 90 minutos de formación cada 12 semanas", revela. La premisa es clara: los directivos deben ser "apasionados" por la tecnología y usarla en su día a día.
"Mi obsesión era enseñarle a cada empleado cómo es su día a día con IA y un día a día sin IA"
Para llegar a toda la plantilla, desarrollaron un programa de formación "extremadamente personalizado". "Mi obsesión era enseñarle a cada empleado cómo es su día a día con IA y un día a día sin IA", comenta. El éxito ha sido rotundo, con una media de adopción de miles de personas en cada edición del curso. La formación es continua, con podcasts cada seis semanas sobre las últimas novedades y certificaciones que generan un gran interés. "Lanzamos un presupuesto de formación IA y a las 24 horas tengo más de 10.000 personas que quieren participar", ejemplifica.
La velocidad vertiginosa con la que avanza la inteligencia artificial está impulsando una profunda reflexión sobre el propósito, la cultura y el talento. Las directivas coinciden en un punto crucial: para sobrevivir y prosperar, las empresas deben abrazar un nuevo "renacentismo" que combine la tecnología más avanzada con una sólida formación humanista.
Irene Gómez Luque es ingeniera y líder tecnológica granadina, especializada en innovación y transformación digital, que ocupa el puesto de directora de Innovación Abierta en Telefónica y es directora ejecutiva de Wayra desde 2020. Gómez Luque advierte del riesgo de la inacción ante la agilidad de las startups. "Mi obsesión es hacer ver, en este caso a Telefónica, aunque yo creo que es en general, que la velocidad de cómo suceden las cosas, la única manera de incorporarla en grandes organizaciones es tirando de startups. Son más rápidas, más ágiles, son capaces de co-crear".
"Veo una inercia demasiado grande en dejarte llevar por la rapidez de la respuesta que ya te da, y creo que habría que complementar con formaciones más filosóficas"
Uno de los pilares de esta transformación es la formación continua, que debe ir más allá de lo técnico. "Todo lo que tiene que ver con la formación tiene que ser como un gimnasio", explica Gómez Luque. "Tiene que ir complementada con algo que no es técnico, que es el pensamiento crítico, que es la capacidad de tomar decisiones. Veo una inercia demasiado grande en dejarte llevar por la rapidez de la respuesta que ya te da, y creo que habría que complementar con formaciones más filosóficas".
Ana Salazar, directiva de Aena, revela una iniciativa pionera en su sector: "Igual es la primera empresa en España que saca un programa curricular de corporación y humanismo. Vamos a dar filosofíarigurosa en cuanto al contenido, y a la vez innovadora con la plataforma, porque vamos a coger actores que van a ayudar a hacer de filósofos para contar esto de una manera de negocios interesante". El objetivo es acompañar al empleado en un proyecto a largo plazo para desarrollar su juicio crítico y poner en contexto los cambios históricos.
La conversación deriva inevitablemente hacia el talento. Natalia Rodríguez, CEO de la startup Saturno Labs, describe la feroz competencia por los perfiles técnicos. "Fichar a gente técnica es como tener un gran unicornio", comenta. Ante esta realidad, el propósito y la cultura empresarial se convierten en el principal factor de atracción.
La ponente de Wayra ilustra este punto con el caso de María López, CEO de una fintech: "No tiene perfil técnico, pero tiene una empresa tecnológica que ha rodeado de gente que ha comprado su propósito, y me gusta mucho la palabra propósito, porque cuando hay propósito se movilizan las personas".
"Nos faltan perfiles tecnológicos. De verdad que es un dramón. Y que sean mujeres todavía más"
Sin embargo, un problema estructural persiste: la escasez de perfiles tecnológicos y, en particular, la alarmante falta de mujeres. "Nos faltan perfiles tecnológicos. De verdad que es un dramón. Y que sean mujeres todavía más", lamenta Rodríguez. Irene Gómez confirma esta tendencia desde su experiencia en selección: "Ahora mismo tengo tres posiciones abiertas (...) vienen poquísimas… una de cada diez aplican a cierto tipo de role en perfiles técnicos ".
A pesar de la brecha, Beatriz Sanz defiende el valor diferencial que aportan las mujeres, especialmente en la "traducción" del lenguaje técnico a un plano estratégico. "El perfil femenino es muy bueno para, de algún modo, traducir el lenguaje tecnológico a un lenguaje entendible por parte de los comités de dirección, un lenguaje estratégico", asegura.
Y concluye: "Ahora si quieres generar un impacto en el mundo, la tecnología es un driver fundamental. Tiene el poder conectar con el propósito. Yo, viendo que ya en las universidades estamos prácticamente al 50 por ciento, soy muy positiva".
El debate culminó con un llamado a la acción y compromisos concretos para fomentar la inclusión, desde becas para formar a mujeres en tecnología hasta la creación de programas formativos transversales que conjuguen conocimiento técnico y humanista, demostrando que el futuro de la tecnología será, necesariamente, más inclusivo y humano.
Autora: Arantza Herranz