Es la pregunta que me hacen y que me hago cuando estoy probando el último lanzamiento informático de Apple, un equipo con tanto éxito que ha sufrido casi desde su lanzamiento un aumento sustancial de su precio de venta e incluso rumores de su descatalogación.
Apple está últimamente intratable: lleva una larga temporada presentación tras presentación, desde la nueva tanda de iPhone, incluido el Duo, por supuesto, hasta el previsto lanzamiento de un MacBook Pro con pantalla táctil para la semana que viene, pasando por Apple TV 4K, nueva generación de HomePod...
Y, a todo esto, yo he asistido desde un MacBook Neo que me cedió en pruebas Apple justo antes del verano. He tenido tiempo para varias cosas. Unas positivas y otras no tanto. Para empezar, me ha dado tiempo a asistir a una recolocación de precios. El MacBook Neo es un ordenador que no desentona en absoluto con sus hermanos de sistema operativo, los Air y los Pro. Es un bloque de aluminio perfectamente pulido (además, está disponible en cuatro colores), con unas terminaciones exquisitas, con el mismo teclado que el Air (excepto que no está retroiluminado) y con una pantalla de 13 pulgadas justas.

La gran diferencia y la característica que hace -o hacía- del Neo un equipo tan atractivo frente a los demás Mac es -o era- el precio: 699 euros para el modelo de 256 gigas de almacenamiento. El modelo superior, el de 512 gigas, con la ventaja de que incorpora el TouchID en el teclado, salía a un precio de 799. Muy atractivo. El problema de haber tenido tiempo para probarlo sin prisa es que los precios de venta se han movido a 799 y 899 euros, respectivamente. Ese salto ha hecho que miremos con más atención. Casi un 15 por ciento.
Un procesador de iPhone en un MacBook
Evidentemente, ofrecer un MacBook Neo a la mitad de precio que un Air tiene truco. En lugar de acudir a uno de los procesadores Apple Silicon de la serie M, han optado por el A18 Pro, el mismo procesador que utiliza el iPhone 16 Pro. No es la primera vez que vemos un procesador de móvil en un portátil con Windows, pero la verdad es que no han sido experiencias muy exitosas. Ahora es diferente.
Para empezar, es un procesador muy equilibrado, con tecnología de tres nanómetros y con seis núcleos (dos de alto rendimiento y cuatro de bajo consumo); está fabricado por TSMC y destaca tanto por su rendimiento como por su bajo consumo. Pero la clave está en la “magia” de Apple, en cómo consigue, en buena medida por su control de hardware y software, optimizar al máximo las capacidades de los componentes que utilizan, por ejemplo, la RAM. Hoy, ocho gigas de RAM parecen escasos en cualquier ordenador. Y, sin embargo, el Neo se mueve muy bien en diferentes entornos de uso.
Apple ha conseguido que nos olvidemos de lo que hay dentro del Neo y lo abordemos sin complejos de “procesador-de-móvil”. De hecho, lo que hice es configurarlo como el vetusto Air que todavía está en casa. A ver, lo confieso, ya era hora de cambiar de portátil y el Neo era una de las opciones. Si además podía probarlo a fondo...

Sabía de antemano que la navegación no iba a ser ningún problema, tampoco utilizarlo como reproductor multimedia. La pantalla y el proceso gráfico dan para ver películas, series, youtubes... Tampoco se traba con maletas ofimáticas, así que el trabajo de oficina también queda resuelto. ¿Y juegos? Pues, por si acaso, le metí un Civilization V y lo tuve durante horas. No hay sonido de ventiladores, porque entre otras cosas no los tiene, pero después de más de tres horas apenas se notaba un aumento de calor en el cuerpo del equipo. ¿Y no fundió la batería? Pues, tampoco. Y es que, en condiciones normales, sin meterle juegos (ojo, no le metí juegos triple A, aunque si el iPhone puede con ellos...), te da para una jornada de trabajo larga.
También probé con algún vídeo pesado y lo movía con soltura. No le pedí maravillas, pero sí puede hacer ediciones sencillas de vídeos largos.
Regresando al título de este artículo, “¿Y esto lo puedo hacer con el Neo?”, la respuesta es mayoritariamente positiva. Si lo puedes hacer con un Air de hace unos años, lo podrás hacer con un Neo; si no lo puedes hacer con un Air, el Neo tampoco es la solución.
La gran incógnita
Si se hubieran mantenido los precios en esos 699 o 799 euros, todavía estaría dudando. Pero la pregunta que me surge, cuando los precios ya van por 799-899 euros, es ¿cuál será el plazo de reposición del Neo? ¿Será equivalente al de un móvil o más bien al de un ordenador? En el primero de los casos, deberíamos cambiar el Neo en cuatro años. Estirándolo, en cinco años, que es lo que vienen a durar los móviles (y en esto Apple tiene la ventaja de que sus plazos de obsolescencia son más amplios). Si, por el contrario, me aguanta lo que me han resistido los Mac, podríamos hablar del doble de tiempo.
Pero no tengo la bola de cristal a mano ni ha pasado el tiempo suficiente para comprobarlo. Lo que nos puede dar una pista es que el soporte que da Apple a los iPhone es de seis a siete años, mientras que para Mac es de siete a diez años. Pero, ¿qué será el Neo? Por sistema operativo y por nombre, un Mac, pero por corazón, un iPhone.
Para mí sigue siendo la mayor duda, sobre todo porque he visto una oferta de una teleco española que deja el MacBook Neo a precio de salida.
Para salir de este bucle de dudas, un par de pegas para el Neo. La primera ya está esbozada más arriba: su teclado, un Magic Keyboard, que aunque es realmente cómodo, no tiene retroiluminación, así que escribir con él sobre las rodillas en un ambiente oscuro va a ser algo más difícil.
La segunda pega es la conectividad. Apenas tiene dos puertos USB-C y un conector para los auriculares. Desde que Apple lanzó el MacBook Air se fueron reduciendo los puertos disponibles, algo que se complementaba con la mejora de la tecnología de los mismos. Pero los dos puertos del Neo no son Thunderbolt.
A su favor, te diré que, si eres usuario de iPhone, el Neo te da enormes posibilidades de personalización de forma sencilla y su sistema operativo ha aprendido mucho de iOS.