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Prueba del Moto G 100 con Ready For

El moto g 100, conectado a un televisor con el sistema Ready For. Está en modo entretenimiento.
El moto g 100, conectado a un televisor con el sistema Ready For. Está en modo entretenimiento. (Foto: JLT)

Prueba del Moto G 100 con Ready For, el accesorio se convierte en lo importante

Por Javier López Tazón
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Ready For es un sistema de Motorola que utiliza una pantalla externa -televisor, monitor, tableta...- para amplificar el uso del móvil como consola de juego, equipo multimedia o centro de trabajo.

Siempre que escribo sobre un producto me gusta fijarme en un aspecto destacado. Algo que lo haga diferente, atractivo, novedoso, único... A veces es el equilibrio, otras el diseño, la potencia, la versatilidad... Con este moto g 100 me cuesta encontrar ese punto.

Tal vez lo más fácil es comenzar por el principio: ¿por qué dije que sí cuando me ofrecieron probar este móvil de Motorola? Sobretodo porque estoy en un momento en el que el de los móviles es un sector que empieza a dejar de divertirme.

¡Si es que prácticamente todos los móviles son iguales!

De vez en cuando hay una sorpresa. Llega un OPPO Find X3 Pro o un Motorola Razr con pantalla flexible en vertical... O un iPhone, como el 12 Pro, con un diseño impecable y procesadores diferentes. Pero, la gran mayoría son distintos montajes de los mismos elementos.

Y en ese momento de crisis sobre los móviles, ¿qué tiene de especial el moto G 100 para decidirme a probarlo? Pues un complemento: el sistema Ready For. Sólo por eso ya vale la pena dedicarle su tiempo. Y también es el motivo que explica que este terminal esté equipado con el potente Snapdragon 870 de Qualcomm -5G, por supuesto- apoyado en ocho gigas de RAM.

Cosas malas y buenas

Porque, vaya por delante, puede no gustarte que sea tan grande, puedes pensar que la pantalla debería ser un poco mejor, incluso molestarte que sólo cuente con dos cámaras -aunque cumplan tres funciones-... pero no te podrás quejar de la ligereza con la que se mueve, de la rapidez con la que lanza las aplicaciones, de la fluidez en la navegación -cobertura mediante-.

Continuando con la lista de agravios que he comenzado a apuntar en el párrafo anterior, es grande, bastante grande. Mejor: muy grande. Es que mide casi 17 centímetros de largo y un centímetro de grueso. Este tamaño, que hace que su manejo con una mano sea prácticamente imposible, se debe a una pantalla de 6,7 pulgadas y a un formado de 21:9, es decir, muy apaisado, con la proporción de una pantalla de cine.

Se puede agarrar bien porque mide 74 milímetros de ancho, pero no alcanzas ni por asomo toda la superficie con la misma mano. La pantalla está bien. Es de tecnología LCD, con una resolución de 2.520 x 1.080 píxeles - una densidad de 400 puntos por pulgada- y una luminosidad de 560 nits. A pesat de ello, en la calle, a pleno sol -al menos en los pasados días madrileños- hay que esforzarse para poder verla con claridad. A cambio, me parece suficiente un refresco de pantalla de 90 hercios -hay competencia con 120 hercios en el mismo rango- y que permita que sea variable, que adapte la velocidad de refresco a la necesidad del momento.

Un terminal tan grande debería tener una batería gigantesca y pesar lo suyo. Pues ni lo uno ni lo otro. Pesa 207 gramos -por encima de la media- pero no se desvía mucho. El secreto está en que la parte trasera, a pesar de que si no te fijas bien no te das cuenta, es de plástico, lo que reduce sustancialmente el peso frente al cristal. La batería es grande, pero no espectacular: 5.000 miliamperios, que le da, de sobra para una jornada larga de trabajo.

Por qué no tiene un cargador más potente que el TurboPower de 20 vatios queda en el baúl de incógnitas, aunque una de las respuestas es conocida: abaratar; hay que conseguir ofrecer un terminal 5G, con un procesador de gama alta -aunque no sea el último- de Qualcomm por debajo de 500 euros -cuesta 499 euros-.

El trampantojo de las cuatro cámaras

Las cámaras son uno de los campos de batalla de las gamas medias. El moto g 100 lleva un bloque trasero que, a primera vista, hace pensar en cuatro cámaras, la principal, con un sensor de 64 millones de píxeles, que no está mal. Pero, en realidad, son sólo tres cámaras y si se mira con un poco más de atención, se quedan en dos: la principal, un gran angular con esos 64 millones de píxeles y una buena apertura de diafragma (f/1,7, es decir, bastante luminosa), y un súper gran angular, de 16 megapíxeles y 117 grados de campo de visión, que, a la vez, hace la función de macro. Una tercera cámara es, en realidad, un sensor de profundidad; y el cuarto círculo negro imagino que será por pura simetría o porque los módulos venían con cuatro ventanas.

Queda también muy aparente que la pantalla esté doblemente perforada. Y es que tiene dos cámaras frontales, un gran angular de 16 megapíxeles y un súper gran angular de ocho. Las cámaras están muy bien apoyadas por software para lograr capturas más que aceptables, desde inteligencia artificial hasta los modos habituales de retrato o nocturno, aunque si de deja en el modo de color en el que viene configurado de fábrica, van a resultar tomas con mucha saturación. Mi opción sería dejardo en la opción de colores naturales en el menú.

Ready For

Pero, como explicaba al principio, el punto que me decidió a probar este equipo es un extra: el Ready For. La unidad de prueba llegó en una caja conjunta: móvil, cable de conexión y el soporte. La idea es sacar el máximo provecho de la potencia de un teléfono de última generación -en la mayoría de las ocasiones mayor que la del ordenador que tenemos en casa o en el trabajo- conectándolo a una pantalla más grande.

¿Tanto bombo para ver la pantalla del móvil en la tele? No se trata de eso. Ya ha habido intentos de utilizar el móvil como una CPU / GPU que conectamos en otro equipo. Y la verdad es que no triunfaron. En esta ocasión, Motorola / Lenovo tiene a su favor la sencillez absoluta para hacerlo. Con el moto g 100 y el kit Ready For (cable y soporte) tienes un ordenador Chrome, un sistema de videoconferencia en pantalla grande, un centro de entretenimiento audiovisual, una consola de videojuegos o, claro, la pantalla duplicada en la tele o el monitor.

El funcionamiento es sencillísimo. Se conecta el cable suministrado a un puerto HDMI de la tele o monitor... y al soporte una vez montado (son tres piezas y no hay manera de equivocarse); se coloca el teléfono en el soporte y ¡voilá!

Es altamente recomendable conectar al móvil un teclado y un ratón como mínimo y, si se va a jugar, un mando. Todo ello BlueTooth, claro. Es más que probable que quien se decante por este Ready For vaya a darle un uso intensivo al móvil. Por eso, el soporte Ready For está equipado con un ventilador extra para mantener el procesador refrigerado y que no baje el rendimiento. Como no puede sacar alimentación directa del HDMI, el adaptador se puede conectar simultáneamente a un USB tipo C y de esa forma se carga la batería a la vez.

Eficaz y sencillo. Como deben ser las cosas.

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