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domingo 13 de septiembre de 2026, 14:00h
Actualizado el: 09/12/2026 23:57h

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La industria del automóvil lleva años convirtiendo el habitáculo en un auténtico escaparate tecnológico. Cada nueva generación de vehículos incorpora más pantallas, interfaces más complejas y nuevas funciones digitales que prometen mejorar la experiencia al volante, sin embargo, los conductores no parecen utilizar todas esas tecnologías con la frecuencia que los fabricantes podrían esperar.

Un estudio de J.D. Power, realizado entre más de 68.000 propietarios de vehículos nuevos y que analiza 40 tecnologías diferentes, pone de manifiesto una conclusión bastante clara, tener más tecnología no significa necesariamente ofrecer una mejor experiencia al usuario. Algunas de las funciones más sofisticadas son precisamente las que menos utilizan los conductores.

El 35% nunca utiliza la pantalla del copilot

Uno de los casos más llamativos son las pantallas destinadas al acompañante, cada vez más habituales en vehículos de gama media-alta y especialmente en modelos de fabricantes que están apostando por interiores completamente digitales. Según el estudio, el 35% de los propietarios que cuentan con una pantalla de este tipo asegura que nunca la utiliza. Solo un 6% afirma utilizarla en todos sus desplazamientos, además, es una de las tecnologías que registra una mayor cantidad de problemas, con 21,3 incidencias por cada 100 vehículos.

El dato resulta especialmente interesante en un momento en el que los fabricantes compiten por ofrecer salpicaderos cada vez más grandes y llamativos, con pantallas que pueden ocupar prácticamente toda la anchura del vehículo y desde las que se controlan buena parte de sus funciones. El estudio también muestra que los usuarios no rechazan la tecnología del automóvil, sino que parecen valorar especialmente aquellas funciones que aportan utilidad sin obligarles a interactuar constantemente con ellas.

Entre las tecnologías mejor valoradas aparecen sistemas como el encendido inteligente, el climatizador inteligente o las preferencias personalizadas. Son funciones que automatizan determinadas tareas y permiten que el conductor simplemente utilice el coche sin tener que navegar por diferentes menús o configurar constantemente parámetros.

El contraste con algunas de las novedades más llamativas es evidente, mientras una pantalla adicional puede ofrecer numerosas posibilidades, también puede convertirse en otro elemento con el que el usuario tiene que interactuar. En cambio, una función que funciona automáticamente puede aportar una mejora mucho más directa en el día a día.

Más tecnología no siempre significa más utilidad

Algo parecido ocurre con los sistemas avanzados de asistencia a la conducción, las tecnologías de nivel 2+ ofrecen capacidades más avanzadas que los sistemas de nivel 2 tradicionales, incluyendo determinadas funciones de conducción manos libres, pero esa mayor sofisticación no se traduce automáticamente en una valoración superior por parte de los propietarios.

La conclusión que deja el informe puede ser especialmente relevante para los fabricantes, el problema no parece estar en la cantidad de tecnología, sino en su utilidad real. Una pantalla puede ser muy grande y técnicamente avanzada, pero si el conductor apenas la utiliza, su presencia pierde buena parte de su sentido.

Y esto también plantea dudas sobre la tecnología como argumento de venta, los interiores cada vez más digitales no solo pueden elevar el precio de los vehículos, sino también incrementar la complejidad y el coste de determinadas reparaciones. En un mercado donde los fabricantes compiten por presentar el coche más tecnológico, los datos de J.D. Power recuerdan que la innovación que realmente importa para el usuario quizá no sea la que más llama la atención al entrar en el concesionario, sino la que hace que conducir sea más sencillo sin que el conductor tenga que pensar en ella.

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