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Febrero 2013    13 de junio de 2026

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Doce horas de diferencia horaria tienen un efecto curioso sobre el cuerpo. El reloj deja de tener sentido durante unos días y uno termina desayunando cuando debería estar durmiendo y respondiendo correos a horas que ya no pertenecen a ningún huso horario razonable. Después llegan los focos, los escenarios gigantes, las pantallas imposibles y la industria tecnológica haciendo lo que mejor sabe hacer: vender futuro con una convicción admirable.
La persiana metálica baja a medio gas, como si alguien dudara en el último momento. Dentro, aún quedan cajas sin abrir, expositores encendidos y teléfonos que nadie va a vender. Fuera, el cartel sigue ahí, limpio, brillante, prometiendo lo mismo de siempre: innovación, rendimiento, futuro. Nadie lo ha retirado todavía y tampoco hace falta, porque ya no importa.
Durante los últimos años la industria tecnológica se ha sostenido sobre una gran mentira: que la inteligencia artificial se equivocaba, pero siempre de forma inocente. Que sus errores eran el precio inevitable del progreso, fallos técnicos en sistemas todavía inmaduros, nunca decisiones derivadas de cómo estaban diseñados.
El ninot de Meta que nadie se atreve a quemar
(Foto: Imagen elaborada con GenAI)

El ninot de Meta que nadie se atreve a quemar

Anoche Valencia ardía. No como arden las crisis, sino como arde lo que se ha construido para desaparecer. Mientras los últimos restos de carpintería y cartón piedra se convertían en cenizas purificadoras, una estructura mucho más costosa y etérea se salvaba, de milagro, de las llamas.
Algoritmos de seda, guerras de hierro
(Foto: Imagen elaborada con GenAI)

Algoritmos de seda, guerras de hierro

El Mobile World Congress siempre deja una sensación extraña cuando termina. Durante cuatro días uno vive dentro de un pequeño universo artificial hecho de moqueta interminable, cafés mediocres y un aire acondicionado que nunca sabe si quiere ser invierno o verano. Miles de personas caminamos deprisa entre pabellones gigantes mientras los ejecutivos repiten palabras que ya se han vuelto familiares: inteligencia artificial, conectividad total, soberanía digital.
Hay algo que solo se entiende cuando llevas más de diez ediciones a la espalda: el Mobile World Congress no se cubre, se sobrevive.
Óscar López, ministro de Transformación Digital y de la Función Pública, durante su intervención en el MWC Barcelona 2025
Óscar López, ministro de Transformación Digital y de la Función Pública, durante su intervención en el MWC Barcelona 2025 (Foto: Alfonso de Castañeda)

Mucho eslogan y poco silicio: el coste real de la agenda política de Óscar López

Hay palabras que suenan bien en un atril y mal en la realidad: soberanía tecnológica es una de ellas. Repetida hasta la saciedad desde el Ministerio de Transformación Digital y de la Función Pública, funciona como eslogan, pero empieza a fallar como diagnóstico.
El gran bostezo tecnológico
(Foto: Imagen elaborada con GenAI)

El gran bostezo tecnológico

Enero de 2026 no huele a calma. Huele a pasillo de hospital a las tres de la mañana. Todo en silencio, luces encendidas, nadie corriendo y una sensación incómoda flotando en el ambiente: aquí ya no pasa nada porque ya no queda mucho que hacer.
El periodismo digital ha empezado 2026 mirando a otro lado mientras el suelo se hunde bajo sus pies. Durante años se aceptaron atajos, dependencias y renuncias con una naturalidad preocupante, siempre bajo la excusa de que el tráfico lo arreglaba todo. Hoy ese relato se ha venido abajo, no tanto porque haya ocurrido nada inesperado, más bien porque el modelo llevaba tiempo agotado y nadie quiso decirlo en voz alta.

Hay años que pasan rápido y otros que obligan a detenerse. 2025 pertenece claramente al segundo grupo. No ha sido un año de grandes euforias, pero sí de ajustes necesarios, de cambios estructurales y de una cierta toma de conciencia colectiva en el sector tecnológico y telco. La sensación es clara: algo se está cerrando y algo nuevo empieza a tomar forma.

En el sector tecnológico europeo se ha instalado una epidemia silenciosa: la inflación del lenguaje estratégico. Todo es crítico, clave, soberano, histórico. Y, sin embargo, prácticamente nada cambia de verdad. ¿El resultado? Un ecosistema saturado de grandes palabras y pobre en decisiones estructurales.

La idea de que un chatbot pueda convertirse en la última voz que escucha un adolescente antes de quitarse la vida debería helarnos la sangre. No porque sea ciencia ficción ni un relato alarmista, sino porque ya ha ocurrido. Varias veces.
Marc Murtra, presidente de Telefónica, durante la presentación de la estrategia 'Transform & Grow'
Marc Murtra, presidente de Telefónica, durante la presentación de la estrategia 'Transform & Grow' (Foto: Alfonso de Castañeda)

Telefónica tras “Transform & Grow”: mapa de posiciones, palancas y escenarios en la nueva ola de consolidación europea

Telefónica se prepara para una nueva etapa en su historia, una fase marcada por la eficiencia, la reestructuración y la posibilidad de volver a jugar un papel activo en la consolidación del mercado europeo de telecomunicaciones.
En la era del like y del scroll infinito en el que nos encontramos, las marcas tecnológicas parecen haber olvidado que la credibilidad no se compra con seguidores. El fenómeno no es nuevo, pero ahora alcanza unas cotas difíciles de justificar.
Arranca el curso con un tablero lleno de contradicciones. Como cada septiembre, el sector tecnológico regresa a la actividad entre congresos, keynotes y anuncios rutilantes.
Un iPhone fabricado en China no despierta sospechas. Un móvil de Huawei fabricado en la misma fábrica, sí. ¿La diferencia? El pasaporte de la marca.

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