En este contexto, la investigación pone sobre la mesa una realidad incómoda: las distracciones no son excepciones, sino hábitos cotidianos que afectan directamente a la seguridad en carretera. Además, el uso del móvil no solo implica riesgos evidentes, sino también consecuencias legales, con sanciones de 200 euros y la pérdida de seis puntos del carnet, según la normativa de la DGT.
Sin embargo, el teléfono no es el único problema. En segundo lugar aparece un factor igual de preocupante: conducir con cansancio o sueño, una situación que admite el 24,8% de los conductores. Esta condición reduce los reflejos, altera la percepción y alarga el tiempo de reacción, especialmente en momentos críticos.
Por otro lado, el estudio señala que las distracciones han evolucionado. Ya no se trata solo de grandes imprudencias, sino también de pequeños gestos del día a día. Ajustar el GPS o la música representa un 4,3%, mientras que pensar en asuntos personales o laborales alcanza el 3,6%. En la misma línea, acciones como comer o beber (2,9%) o interactuar con pasajeros (2,7%) también tienen su impacto, aunque a menudo se perciban como inofensivas.
En este sentido, los datos reflejan un cambio importante: la distracción al volante ya no se limita a comportamientos extremos, sino que está integrada en la rutina de muchos conductores.
Diferencias según la región
Además, el informe revela que no todas las zonas se comportan igual. En el centro peninsular, el uso del móvil alcanza cifras aún más elevadas, con un 61,7%, mientras que en la Comunidad de Madrid se sitúa en el 61,2%, por encima de la media nacional.
Por su parte, en Canarias destaca el cansancio al volante, que afecta al 30,3% de los conductores, superando claramente el promedio del país. En cambio, en el noreste, las distracciones están más ligadas a la interacción dentro del vehículo, como hablar con pasajeros o atender a niños, con cifras superiores a la media.
En conjunto, estos datos muestran que el contexto también influye en cómo se conduce y en qué distrae más a los conductores.
Así, el estudio no solo identifica los principales riesgos, sino que lanza un mensaje claro: las distracciones al volante no son algo puntual, sino un problema estructural. Y, precisamente por eso, requieren una mayor concienciación adaptada a la realidad de cada conductor y cada entorno.