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Los mayores de 55 años incorporan la IA a sus compras, pero mantienen el control sobre el gasto
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Los mayores de 55 años incorporan la IA a sus compras, pero mantienen el control sobre el gasto

domingo 25 de octubre de 2026, 09:00h

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El Observatorio Cetelem sitúa las recomendaciones entre los principales usos de estas herramientas por parte de los consumidores sénior. La preparación de viajes destaca frente a la media y la disposición a recibir asesoramiento convive con reservas ante las compras automáticas y el uso comercial de los datos.

La inteligencia artificial empieza a ocupar un espacio en las decisiones de compra de los consumidores mayores de 55 años, el 46% de los séniors encuestados pide recomendaciones antes de adquirir productos, según el estudio de El Observatorio Cetelem sobre la IA en el proceso de compra.

Viajes, búsquedas y comparaciones

Pedir recomendaciones encabeza los usos vinculados a las compras, a continuación aparecen la búsqueda de productos y la preparación de viajes, ambas con un 37% de menciones. En esta última actividad, los séniors superan en 14 puntos a la media española, una de las diferencias más destacadas del informe, comparar productos reúne un 36% de respuestas y contrastar precios, un 31%. En ambos casos, los porcentajes coinciden con la media.

ChatGPT y Gemini son las herramientas más mencionadas por los usuarios sénior, con un 71% y un 58%, respectivamente. Son respuestas que pueden coexistir, puesto que utilizar una plataforma no excluye recurrir a otra, la presencia de varios asistentes amplía las posibilidades de consulta, aunque no convierte automáticamente sus respuestas en verificaciones independientes.

Los viajes también destacan entre los productos y servicios adquiridos con ayuda de estas recomendaciones, con un 31%, por delante de tecnología, con un 27%, y electrodomésticos, con un 13%. El perfil de uso presenta así un componente práctico que va más allá de la compra de dispositivos.

El consejo no siempre termina en una compra adicional

El 28% de los séniors afirma haber comprado algo que inicialmente no tenía previsto después de recibir una recomendación de IA, la cifra queda 22 puntos por debajo de la media y contrasta con el 63% registrado entre los jóvenes. La influencia de la herramienta existe, pero su traducción en compras imprevistas resulta menos extendida en este grupo.

Tampoco el ahorro aparece como un resultado universal, el 34% asegura que no ha ahorrado con ayuda de la IA y otro 19% no lo ha calculado. Entre quienes sí identifican un ahorro, un 19% lo sitúa hasta 50 euros y un 16% entre 50 y 100 euros.

Estas respuestas describen la percepción de los participantes, sin constituir una auditoría de sus gastos, consultar una herramienta puede ayudar a organizar información, pero el resultado económico depende de la compra concreta y de la alternativa con la que se compare. Elegir un producto más caro por sus prestaciones tampoco equivale necesariamente a gastar menos, el estudio recoge precisamente esa posibilidad, un 38% declara haber adquirido un artículo de mayor precio porque la IA consideró que ofrecía una mejor relación calidad-precio.

Los expertos profesionales, familiares y amigos y las opiniones de otros compradores mantienen un papel importante como fuentes de confianza, la IA se añade a ese conjunto de referencias, con resultados que cambian cuando se plantea una comparación directa entre alternativas. Frente a un vendedor, el 45% de los séniors prefiere la IA; frente a un influencer, la preferencia por la herramienta alcanza el 87%.

La distancia aumenta cuando se pasa de recomendar a ejecutar, el 29% permitiría, con distintos grados de certeza, compras automáticas realizadas por una IA que conociera sus gustos, necesidades y presupuesto. Es una proporción inferior al 39% del conjunto de consumidores, aceptar ayuda para seleccionar o comparar no supone autorizar a gastar.

La independencia de las recomendaciones genera dudas, el 62% de los mayores de 55 años no tiene clara la relación entre los resultados de la IA y las marcas, mientras que el 87% considera que una recomendación patrocinada debe identificarse expresamente como publicidad. También preocupa el uso de información personal para determinar cuánto está dispuesto a pagar cada comprador. El 82% expresa inquietud por esa posibilidad y la misma proporción consideraría injusto que se fijaran precios diferentes según el perfil del consumidor.

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