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El origen y la evolución del coche eléctrico
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El origen y la evolución del coche eléctrico

sábado 11 de abril de 2020, 21:31h

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Los vehículos impulsados por energía alternativa son el futuro de la industria. La mayoría de marcas y consumidores tienen cada día más claro que su enfoque principal es la electricidad como combustible. A pesar de que esta tendencia es bastante reciente, la propia idea del coche eléctrico es mucho más antigua de lo que mucha gente cree.
El primer coche de la historia fue eléctrico. A pesar de lo extraña que pueda parecer esta oración, fue el empresario escocés Robert Anderson inventó el que sería el primer y rudimentario vehículo eléctrico entre 1832 y 1839. En la segunda mitad del siglo XIX, la popularidad de los vehículos eléctricos a batería (VEB), aumentó sobremanera en Francia y el Reino Unido. De hecho, en Estados Unidos ya se habían publicado más de 30 libros sobre automóviles antes de 1850.

En 1899 tuvo lugar un acontecimiento de gran trascendencia, cuando el famoso piloto Camille Jenatzy estableció un nuevo récord de velocidad en tierra en el extrarradio de París en su descapotable eléctrico con forma de bala, La Jamais Contente. Este modelo fue el primer coche que superó la velocidad una milla por minuto, al alcanzar los 105 kilómetros por hora.

Sin embargo, factores como el desarrollo del motor de combustión, muy importante en la Primera Guerra Mundial, que hizo que los conflictos tuvieran una mayor potencia de fuego y velocidad de transporte, la aparición de la cadena de montaje con el Ford modelo T, el coche más extendido de la historia, y la irrupción del petróleo barato dieron predominancia al vehículo de gasolina.

Un antepasado del coche eléctrico actual

En 1941 Peugeot se convirtió en la primera firma automovilística en comercializar a gran escala un vehículo eléctrico con el lanzamiento del Peugeot VLV, un mini-cabriolet de dos plazas y 80 Km de autonomía pensado para asegurar servicios esenciales, como Correos o asistencia médica, en un contexto de escasez de combustible por la Segunda Guerra Mundial.

Este automóvil, con un diseño muy original, contaba con 4 baterías de 12 V, que desarrollaban una potencia de 3,3 CV y se podían recargar en cualquier enchufe. El VLV tenía una autonomía de entre 75 y 80 Km y ofrecía una velocidad punta de 36 Km/h, por lo que se trataba de un vehículo con un enfoque claramente urbano.

Peugeot VLV

A principios de la década de los 40s se fabricaron 377 unidades de este modelo, que lucía un rayo en el frontal en vez del tradicional león de la marca francesa. Una de sus principales características es su reducido peso, de unos 365 kilos, baterías incluidas. A pesar de la promesa que este modelo suponía para el futuro de la industria del automóvil, las autoridades del régimen de Vichy prohibieron su producción en 1943.

La influencia del VLV

Tras esta primera incursión que se viera truncada, la Crisis del Petróleo de los años 70 y 80 llevó a Peugeot a recuperar sus estudios sobre movilidad eléctrica con modelos de serie como el 104 o el 205. Estos trabajos culminaron con el lanzamiento comercial del Peugeot 106 eléctrico, entre 1995 y 2001.

Ya en el siglo XXI, Peugeot se centró de una frente mucho más prominente con la llegada del Peugeot iOn en 2009. Este modelo supuso el inicio de una revolución eléctrica en la década de los 2010s, en la que Peugeot se posicionó al frente de la tendencia de la industria, ejemplificada por modelos y proyectos actuales como el Seat Mii eléctrico.

Vídeo: Nacho Torres

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