El ciberacoso no depende únicamente de lo que una persona publica en Internet, una fotografía, una grabación de voz o un perfil pueden servir para fabricar contenidos falsos y atribuir a la víctima conductas que nunca han ocurrido. ESET advierte de que la mayor accesibilidad de estas herramientas está ampliando las posibilidades de hostigamiento y exige adaptar tanto la prevención como la respuesta de familias y centros educativos.
Contenidos falsos que no necesitan ser perfectos
La compañía cita el VIII Informe de prevención del Acoso Escolar de Fundación ANAR y Fundación Mutua Madrileña, según el cual la inteligencia artificial aparece en el 23,5% de las situaciones de ciberbullying conocidas por los estudiantes españoles, frente al 14,2% del curso anterior. Son 9,3 puntos porcentuales más. La cifra se refiere a esas situaciones conocidas por los participantes, no al porcentaje de todo el alumnado que sufre acoso mediante IA.
Josep Albors, responsable de Investigación y Concienciación de ESET España, subraya que un deepfake no necesita tener una calidad impecable para causar daño, basta con que resulte creíble durante el tiempo necesario para difundirse y sembrar dudas sobre la persona afectada. El impacto puede producirse antes de que quienes lo reciben sepan que se trata de una manipulación.
La facilidad de acceso a estas herramientas también cambia el contexto, según Albors, operaciones que antes requerían ciertos conocimientos técnicos pueden realizarse ahora mediante unas pocas instrucciones. Esto reduce la barrera de entrada para generar o alterar contenidos y permite que el ataque utilice la identidad de la víctima incluso sin que exista una imagen o grabación original de la situación que se pretende representar.
ESET insiste en que la inteligencia artificial es solo una parte de la evolución del ciberacoso, otras prácticas aprovechan información dispersa o funciones habituales de servicios digitales para intimidar, suplantar o humillar. El riesgo surge de la combinación entre los datos disponibles, las posibilidades de cada plataforma y la facilidad para trasladar el contenido de un canal a otro.

De la huella digital a la cuenta de la víctima
Una de esas prácticas es el doxxing, que consiste en reunir y exponer información personal, un alias utilizado en varias plataformas, una fotografía del colegio o una ubicación pueden combinarse hasta identificar dónde estudia un menor o qué lugares frecuenta. Datos que por separado parecen poco reveladores pueden adquirir otra dimensión cuando se relacionan entre sí.
Otra modalidad utiliza directamente la cuenta auténtica de la víctima, ESET la identifica como fraping, alguien toma el control del perfil y publica o envía mensajes haciéndose pasar por su propietario. La apariencia de legitimidad puede facilitar conflictos con otras personas y aumentar la credibilidad de contenidos ofensivos o comprometidos.
Los videojuegos incorporan sus propias dinámicas, además de los insultos en los chats, la compañía describe exclusiones reiteradas, amenazas, chantajes e intentos de obtener datos personales o credenciales. El hostigamiento puede continuar después de la partida a través de Discord, WhatsApp u otros servicios, de modo que abandonar un juego no siempre interrumpe la situación.
Conservar pruebas sin ampliar la difusión
Ante estas situaciones, ESET recomienda guardar capturas, mensajes, enlaces, nombres de usuario y fechas antes de bloquear cuentas o eliminar contenidos, conservar la información permite documentar lo ocurrido, pero no exige reenviarla a otras personas, compartir imágenes o vídeos para denunciar informalmente el caso puede ampliar su alcance y aumentar la exposición de la víctima.
La respuesta también incluye denunciar el contenido mediante los mecanismos de la plataforma y revisar la seguridad de las cuentas, cuando hay indicios de acceso no autorizado, la compañía aconseja cambiar las contraseñas y activar la autenticación en dos pasos, además de limitar quién puede contactar con el menor.
Para la difusión ilícita de contenido sexual o violento que ponga gravemente en riesgo a la persona afectada, la Agencia Española de Protección de Datos dispone de su Canal Prioritario. No es una vía general para cualquier conflicto online, sino un mecanismo para situaciones especialmente delicadas, el servicio 017 de INCIBE constituye, por su parte, un recurso de ayuda en ciberseguridad para menores y su entorno.