El periodismo digital ha empezado 2026 mirando a otro lado mientras el suelo se hunde bajo sus pies. Durante años se aceptaron atajos, dependencias y renuncias con una naturalidad preocupante, siempre bajo la excusa de que el tráfico lo arreglaba todo. Hoy ese relato se ha venido abajo, no tanto porque haya ocurrido nada inesperado, más bien porque el modelo llevaba tiempo agotado y nadie quiso decirlo en voz alta.
En las últimas semanas esa factura ha empezado a materializarse en forma de cierres, recortes y decisiones drásticas que muchos prefieren llamar “reordenación” o “ajuste estratégico”, ejemplo de ello es el cierre de 10 de las cabeceras que conforman el grupo Webedia en España (ecosistema Xataka) o de todos los blogs del diario ABC. No importa el nombre ni el caso concreto. Importa el patrón: cuando el tráfico deja de llegar por inercia, el modelo sobre el que se ha construido buena parte del periodismo digital deja de sostenerse. Y cuando eso ocurre, las costuras aparecen rápido. Esta erosión coincide con un desplome de la credibilidad: según el Informe Anual de la APM 2025, la confianza ciudadana en los medios ha caído al 5,4 en diciembre de 2025.
Google no es el villano, es el dueño de la casa
Señalar a Google resulta tentador. Y sí, Google tiene una responsabilidad enorme en lo que está ocurriendo. Durante años fue el gran distribuidor del periodismo digital y ahora ha decidido que ya no le hace falta. Discover cambia cuando quiere, el buscador responde solo y la inteligencia artificial se queda con la conversación. El medio pasa de ser destino a ser materia prima. De portada a pie de página. De actor a proveedor invisible.
Los datos del Reuters Institute para 2026 ya muestran una caída del 33% del tráfico global desde Google,
No es una percepción; los datos del Reuters Institute para 2026 ya muestran una caída del 33% del tráfico global desde Google, una cifra que en diarios de nueva creación y modelos basados puramente en el volumen ha llegado a alcanzar el 60% de desplome.
Pero conviene no engañarse: Google nunca prometió salvar a los medios. Prometió eficiencia. Y muchos confundieron dependencia con estabilidad. Construyeron sus modelos sobre un tráfico prestado, volátil, en muchas ocasiones paracaidista y condicionado, y ahora se sorprenden cuando el grifo se cierra. La IA no ha llegado para matar al periodismo. Ha llegado para dejar claro que el intermediario sobra cuando no aporta nada diferencial.
El clic ya no es el centro. Y quien no lo haya entendido todavía, va tarde.
El sector eligió hacer churros en lugar de periodismo
Aquí viene la parte incómoda. El sector se ha ganado a pulso buena parte de lo que está ocurriendo. Durante años se abandonó el periodismo para dedicarse a fabricar contenido como churros. Textos clónicos, titulares intercambiables, artículos escritos para nadie y para todos. Todo valía si posicionaba. Todo se justificaba si sumaba páginas vistas: si eras un medio de tecnología, podías hablar de sexo siempre que diera visitas o de la subida del precio de cualquier producto de Mercadona, el objetivo eran las visitas.
La experiencia del lector se convirtió en un daño colateral. Páginas imposibles de leer, saturadas de anuncios, vídeos que se activan solos y textos que no aportan absolutamente nada. Y aun así se insistía en que el problema era el algoritmo, nunca el contenido. El SEO se convirtió en coartada. El criterio, en un estorbo.
Cuando Google deja de empujar, muchos descubren que no tienen una comunidad detrás, que nadie echa de menos esos contenidos
Ahora, cuando Google deja de empujar, muchos descubren que no tienen una comunidad detrás, que nadie echa de menos esos contenidos y que la supuesta audiencia era un espejismo. Cuando desaparece el tráfico, queda al descubierto la verdad: no se había construido nada.
Ahora, la inteligencia artificial ha terminado de dinamitar lo que quedaba del pacto entre medios, plataformas y lectores, porque construye textos sin contexto, sin jerarquía y sin responsabilidad. Resume, responde y decide qué es relevante sin rendir cuentas a nadie. La información se convierte en un producto sin firma y sin origen, y el periodismo queda reducido a una base de datos que otros explotan. El problema no es tecnológico; es ético y estructural. Y el sector sigue reaccionando tarde.
Lo que desaparece y lo que, pese a todo, sobrevive
Este ajuste no es el fin del periodismo digital. Es una limpieza. Se va mucha morralla. Se van proyectos sin identidad, sin foco y sin respeto por el lector. Y no pasa nada por decirlo. No todo merece sobrevivir, y eso que muchas de las cabeceras que han cerrado sus puertas en los últimos 2-3 años eran pilares del periodismo patrio, especialmente en tecnología.
También hay otra realidad, aunque moleste menos comentarla. Sobreviven los proyectos que tenían claro quiénes eran antes de que el algoritmo decidiera castigarlos. Los que apostaron por especialización, por una relación honesta con su audiencia y por contenidos que alguien quiere leer, no solo encontrar.
En ese océano de cierres y recortes, algunos proyectos han resistido mejor que otros. Zonamovilidad.es es uno de ellos, aunque sería ingenuo leerlo como una victoria definitiva. 2025 ha sido el mejor año de su historia en tráfico, sí, pero sobre todo en tiempo de lectura. El lector llega y se queda. Y eso, hoy, vale más que cualquier pico artificial.
A eso se suma el trabajo sostenido en nuevos canales, con proyectos audiovisuales que han crecido con criterio en Instagram, TikTok y YouTube, sentando bases reales para 2026. Nada de experimentos desesperados. Trabajo, constancia y una apuesta clara por la calidad. Especial mención aquí al trabajo de Daniel Quesada Dávila, quien lidera todo este apartado y quien ha elevado el nivel audiovisual a otro plano, apoyándose en una redacción que entiende que el periodismo no va de rellenar formatos, va de contar bien las cosas.
Nada de esto es casual. Es el resultado de un proyecto con identidad, heredero de una forma de entender la comunicación que empezó hace más de treinta años con Telefonía y Comunicaciones para Todos y que hoy sigue viva en Zonamovilidad.es.
2026 no va a ser amable con el periodismo digital. Ni falta que hace. El que siga creyendo que puede vivir de trucos, volumen y dependencia del algoritmo desaparecerá. El que entienda que informar implica criterio, responsabilidad y respeto por el lector encontrará su sitio, aunque sea más incómodo y menos masivo.
El periodismo digital no está muriendo. Está pagando el precio de haber dejado de ser periodismo. Y eso, por duro que suene, era inevitable.