Los operadores europeos reclaman una política de competencia que facilite la consolidación del sector, elimine las asimetrías regulatorias y permita cerrar el déficit de inversión en infraestructuras digitales.
La industria europea de las telecomunicaciones ha reclamado a la Comisión Europea una revisión de las normas que regulan las fusiones empresariales con el objetivo de facilitar la inversión en infraestructuras digitales y reforzar la competitividad del continente. La petición llega en el marco de la consulta pública abierta por Bruselas sobre el nuevo borrador de las directrices comunitarias para evaluar operaciones de concentración.
La respuesta, presentada conjuntamente por la GSMA y Connect Europe, organizaciones que representan a los principales operadores móviles europeos, sostiene que las futuras normas deben favorecer la inversión en infraestructuras críticas, ofrecer mayor seguridad regulatoria y reconocer que, en determinados sectores, la consolidación puede beneficiar tanto a la competitividad como a los consumidores.
Las previsiones actuales apuntan a que únicamente se invertirán 270.000 millones, lo que deja una brecha superior a los 200.000 millones de euros
La industria sostiene que Europa afronta un importante retraso en el despliegue de infraestructuras de nueva generación ya que según los cálculos incluidos en la propuesta remitida a la Comisión, serán necesarios 475.000 millones de euros para modernizar las redes europeas hasta situarlas al nivel de los mercados líderes. Sin embargo, las previsiones actuales apuntan a que únicamente se invertirán 270.000 millones, lo que deja una brecha superior a los 200.000 millones de euros.
A juicio del sector, uno de los principales factores que limita estas inversiones es la incertidumbre regulatoria sobre la posibilidad de acometer procesos de consolidación dentro de los mercados nacionales. Por ello, las organizaciones consideran que las futuras directrices comunitarias deben ofrecer un marco más predecible para las operaciones de fusión.
A este respecto, la GSMA advierte que la Comisión Europea suele centrar su política de competencia en las fusiones transfronterizas, ignorando que las telecomunicaciones compiten a nivel doméstico. Por ello, exigen que las nuevas directrices reconozcan expresamente el valor de la escala y la densidad de red dentro de un mismo mercado (in-market scale), que es donde realmente se define la viabilidad económica y el incentivo para desplegar infraestructura.
“La escala es una de las formas de reforzar la capacidad de los operadores móviles para impulsar el crecimiento, la innovación y la competitividad de Europa"
Asimismo, recuerdan que el informe sobre competitividad elaborado por Mario Draghi ya señalaba hace casi dos años la necesidad de favorecer la consolidación en sectores estratégicos como las telecomunicaciones para incrementar la capacidad inversora de Europa.
"Para que Europa recupere su posición como líder mundial en el ámbito digital, sus principales actores necesitan la confianza a largo plazo necesaria para invertir adecuadamente en infraestructuras críticas”, asegura el director general de la GSMA, Vivek Badrinath. “La escala es una de las formas de reforzar la capacidad de los operadores móviles para impulsar el crecimiento, la innovación y la competitividad de Europa", apunta Badrinath.
Más peso para la inversión y menos para la cuota de mercado
Entre las principales propuestas trasladadas a Bruselas figura la necesidad de equilibrar la evaluación de los riesgos y de los beneficios que puede generar una operación de concentración. En concreto, la industria considera que el análisis comunitario continúa centrado en posibles efectos negativos sobre la competencia, mientras que otorga un peso insuficiente a factores como la inversión, la innovación o la resiliencia de las infraestructuras.
Para la GSMA y Connect Europe, la inversión en infraestructura es un beneficio para la competencia en sí mismo y debe evaluarse de forma independiente al desarrollo de I+D
Por otro lado, el sector critica que Bruselas use los términos "inversión" e "innovación" de manera intercambiable, lo que diluye la urgencia de destinar capital a redes físicas fijas. Para la GSMA y Connect Europe, la inversión en infraestructura es un beneficio para la competencia en sí mismo y debe evaluarse de forma independiente al desarrollo de I+D.
Además, ambas asociaciones defienden que las nuevas directrices reconozcan el papel que desempeña la escala empresarial en sectores con fuertes necesidades de capital, como las telecomunicaciones, la energía o el transporte. Según su planteamiento, compañías de mayor tamaño disponen de una mayor capacidad para financiar redes, acelerar los despliegues tecnológicos y mejorar la seguridad de las infraestructuras críticas.
En el plano de la resiliencia, defienden que una mayor escala se traduce en beneficios tangibles para el ciudadano, permitiendo financiar estaciones base con doble conectividad, mayor autonomía de baterías frente a apagones y redes blindadas contra el cambio climático o ciberataques.
Asimismo, la industria exige acabar con la actual asimetría en la carga de la prueba, denunciando que las reglas eximen a la Comisión de la obligación de cuantificar matemáticamente el daño de una fusión en cada caso, mientras que a los operadores se les imponen estándares probatorios altísimos para demostrar los beneficios de la operación. El sector reclama una "simetría probatoria": si las empresas deben medir sus eficiencias, Bruselas debe estar igualmente obligada a cuantificar sus objeciones.
Reclaman que Bruselas adopte una visión de largo plazo, ya que las inversiones en redes de telecomunicaciones suelen desarrollarse durante ciclos de entre ocho y diez años
En este sentido, también reclama que Bruselas adopte una visión de largo plazo, ya que las inversiones en redes de telecomunicaciones suelen desarrollarse durante ciclos de entre ocho y diez años, por lo que la evaluación de una fusión no debería limitarse únicamente a sus efectos inmediatos sobre el mercado.
Otro de los aspectos que cuestiona la industria es el peso que actualmente tienen indicadores como la cuota de mercado. Así, la GSMA y Connect Europe consideran que el tamaño de un operador no refleja necesariamente su capacidad para limitar la competencia y proponen incorporar otros factores relacionados con la dinámica competitiva, la capacidad de inversión o la evolución tecnológica.
Bajo este enfoque regulatorio, el sector pide a Bruselas diferenciar entre los recursos invertidos (inputs) y los resultados reales del mercado (outcomes), argumentando que una reducción del gasto total tras una fusión no equivale mecánicamente a un daño al consumidor si lo que se elimina son infraestructuras redundantes o redes duplicadas, una optimización que permite liberar recursos para acelerar la innovación y mejorar la calidad del servicio final.