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Francia acelera su salto a Linux para reducir su dependencia tecnológica de EE. UU. y dejar atrás Windows
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(Foto: Depositphotos)

Francia acelera su salto a Linux para reducir su dependencia tecnológica de EE. UU. y dejar atrás Windows

Por Alfonso de Castañeda
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alfondcctelycom4com/8/8/17
miércoles 15 de abril de 2026, 09:00h

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Francia ha puesto en marcha uno de los procesos de transformación tecnológica más ambiciosos de Europa con la decisión de sustituir Windows por Linux en la administración pública.

La iniciativa, respaldada por la Agencia Nacional de Seguridad de los Sistemas de Información y la Dirección Interministerial de lo Digital, busca reducir la dependencia de proveedores tecnológicos estadounidenses y reforzar la soberanía digital del país. En concreto, el plan no se limita al cambio de sistema operativo, sino que aborda de forma integral todo el ecosistema digital del Estado. En este sentido, ministerios y organismos deberán presentar antes del otoño de 2026 sus estrategias de migración, que incluirán desde estaciones de trabajo hasta herramientas de colaboración, inteligencia artificial, ciberseguridad, bases de datos, cloud e infraestructuras de telecomunicaciones.

Una transición tecnológica más allá del sistema operativo

La migración ya ha comenzado en organismos clave como la propia agencia de ciberseguridad francesa. Sin embargo, el alcance del proyecto obliga a replantear toda la arquitectura tecnológica del sector público. Además, el objetivo pasa por sustituir Windows y también la suite de aplicaciones Office y sus servicios asociados.

Para ello, el Gobierno ha desarrollado La Suite Numérique, un entorno de productividad propio que integra mensajería cifrada de extremo a extremo, videoconferencia, correo electrónico, almacenamiento y edición colaborativa. Asimismo, esta plataforma se ejecuta sobre infraestructuras certificadas bajo estándares de seguridad nacionales, lo que refuerza el control sobre los datos.

Según ha explicado el ministro francés de Acción Pública, David Amiel, “el Estado ya no puede limitarse a reconocer su dependencia; debe liberarse”, una declaración que evidencia el enfoque estratégico del proyecto en términos de autonomía tecnológica.

El uso de Linux responde a su naturaleza de código abierto, que permite adaptar el sistema a necesidades específicas sin depender de licencias externas. En este sentido, el kernel actúa como núcleo del sistema, gestionando recursos como memoria o procesador y facilitando la comunicación con el hardware. Además, Linux ofrece múltiples entornos de uso, desde interfaces gráficas similares a Windows hasta herramientas avanzadas basadas en línea de comandos. Esta flexibilidad, unida a la existencia de diferentes distribuciones, permite su adaptación tanto a usuarios básicos como a entornos técnicos complejos.

La elección de este modelo también se alinea con una tendencia europea más amplia. Actualmente, los proveedores estadounidenses controlan cerca del 85% del mercado cloud en Europa, lo que ha impulsado iniciativas para desarrollar infraestructuras propias. De hecho, se prevé que la inversión en nube soberana europea alcance los 23.000 millones de euros en 2027.

Un reto técnico y organizativo de gran escala

No obstante, la transición presenta importantes desafíos. Uno de los principales obstáculos radica en las aplicaciones heredadas, muchas de ellas diseñadas exclusivamente para Windows. Asimismo, la compatibilidad de sistemas críticos y la dependencia de proveedores externos complican el proceso.

La experiencia de proyectos anteriores en Europa, como LiMux en Múnich o LinEx en España, demuestra que la resistencia interna puede frenar estas iniciativas

A esto se suma el factor humano. La experiencia de proyectos anteriores en Europa, como LiMux en Múnich o LinEx en España, demuestra que la resistencia interna puede frenar estas iniciativas. En contraste, casos como GendBuntu en la Gendarmería francesa, con más del 97% de adopción, evidencian que el éxito depende de una implementación gradual y de un fuerte soporte institucional.

En este contexto, Francia apuesta por un modelo flexible, sin imponer una única distribución de Linux y permitiendo que cada organismo adapte la solución a sus necesidades. De este modo, el país busca evitar errores del pasado y avanzar hacia una arquitectura digital más autónoma.

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