Una aplicación de inteligencia artificial puede funcionar en una prueba piloto y resultar demasiado cara cuando pasa a manos de toda una plantilla. Esa distancia entre el éxito técnico y el económico centra el informe The State of Enterprise AI 2026 de Cloudera. En Europa, Oriente Próximo y África (EMEA), solo el 23% de las compañías consultadas afirma que sus proyectos de IA han generado hasta ahora un valor superior a su coste.
El coste de controlar la IA crece más de lo previsto
Tres de cada cuatro responsables de tecnología de EMEA señalan la gobernanza y el cumplimiento normativo como el principal freno para extender el uso de la IA, para el 49%, los costes asociados a estas tareas han crecido más deprisa de lo que esperaba. La cuestión afecta tanto a quién puede utilizar los datos como al lugar donde se procesan y a la capacidad de la organización para supervisar ese uso.
Al preguntar a los participantes qué harían de otra manera, el estudio ofrece dos respuestas reveladoras, en el conjunto de la muestra mundial, el 49% reforzaría la gobernanza desde el comienzo y el 45% mejoraría su infraestructura de datos antes de iniciar los proyectos. Aunque la primera cifra coincide con la de quienes han visto aumentar los costes de control en EMEA, son preguntas y poblaciones diferentes.
La consecuencia práctica aparece cuando un piloto deja de operar con un conjunto acotado de información, una herramienta probada con documentos de un solo departamento puede requerir permisos distintos si se extiende a otras áreas. El modelo puede ser el mismo; lo que cambia es el trabajo necesario para decidir a qué información accede cada usuario y comprobar que se respetan esos límites.
Cambiar de entorno también obliga a rehacer aplicaciones
El 82% de los responsables de EMEA señala que los requisitos de gobernanza, soberanía y regulación influyen en la elección del lugar donde ejecutar las cargas de IA. El 47% ya ha trasladado cargas a infraestructura privada, a instalaciones propias o a otra nube, la encuesta recoge movimientos en varias direcciones, sin apuntar a un abandono general de la nube pública.
Esas decisiones tienen un coste de ingeniería, según Cloudera, el traslado exigió rediseñar aplicaciones en el 58% de los casos y llevó a cancelar o poner en pausa uno de cada cuatro despliegues afectados. No es lo mismo decidir dónde arrancar un proyecto que trasladar uno que ya depende de servicios, permisos y datos vinculados a un entorno concreto.

Cloudera defiende acercar el procesamiento a los datos mediante una arquitectura híbrida que combine infraestructura propia y servicios de nube. Es la propuesta del proveedor ante los problemas descritos, no una solución cuya rentabilidad haya comparado la encuesta, para una empresa, la decisión depende de qué información necesita la aplicación, dónde reside y cuánto cuesta mantenerla operativa en cada entorno.
El almacenamiento y los tokens obligan a revisar el alcance
El 43% de las organizaciones consultadas en EMEA ha experimentado un incremento del coste de almacenamiento superior al previsto. Al sumar el consumo de tokens, las unidades de texto que procesan los modelos, el 85% afirma haber restringido o rediseñado determinados usos de IA. La respuesta incluye modificaciones de alcance; no equivale a abandonar la tecnología.
La distinción importa en aplicaciones de uso frecuente, una consulta que resulta barata durante una demostración puede incorporar en producción historiales extensos o documentos completos. El coste depende entonces tanto de cuántas personas utilizan el sistema como de cuánta información procesa en cada interacción; limitar el material que se envía al modelo puede cambiar esa relación sin retirar la aplicación.