El sector de los centros de datos se prepara para un punto de inflexión decisivo en 2026, impulsado por el avance acelerado de la inteligencia artificial, las crecientes limitaciones energéticas y una presión social cada vez mayor en torno a la sostenibilidad y la transparencia. Estos factores están obligando a la industria a redefinir sus prioridades y a evolucionar hacia modelos más eficientes, resilientes y responsables.
La IA se ha consolidado como el principal motor de transformación tecnológica y económica, y los centros de datos se han convertido en la infraestructura crítica que sustenta su desarrollo. El entrenamiento y la ejecución de modelos de IA, especialmente los generativos, están disparando la demanda energética debido al uso intensivo de GPUs, mucho más exigentes que las CPU tradicionales. En este contexto, la industria se ve empujada a diseñar instalaciones capaces de soportar estas cargas sin comprometer su impacto ambiental, un reto que marcará la agenda del próximo año.
Este aumento de densidad computacional está acelerando la adopción de nuevas tecnologías de refrigeración, ya que los sistemas tradicionales resultan insuficientes. La refrigeración líquida directa al chip, la inmersión y los sistemas en dos fases ganan protagonismo como soluciones clave para gestionar el calor de los racks de alta densidad. Estas tecnologías no solo mejoran el rendimiento térmico, sino que reducen de forma significativa el consumo energético asociado a la refrigeración, lo que las convierte en un pilar esencial para la viabilidad económica y ecológica de los centros de datos orientados a la IA.
En paralelo, los operadores están replanteando su estrategia energética. La combinación de fuentes renovables, como la solar y la eólica, con sistemas de almacenamiento avanzado y micro-redes se perfila como una vía para garantizar el suministro y reducir las emisiones. Además, comienzan a explorarse alternativas a largo plazo, como los pequeños reactores modulares, especialmente en regiones donde la red eléctrica presenta limitaciones de fiabilidad.
La sostenibilidad ya no se limita a la energía. El uso responsable del agua y el cumplimiento normativo se han convertido en elementos centrales en el desarrollo de nuevos proyectos. En zonas con estrés hídrico, las autoridades exigen sistemas de refrigeración secos o híbridos y el uso de agua reciclada, mientras que las evaluaciones de impacto ambiental, los materiales de baja huella de carbono y certificaciones como BREEAM ganan peso. A ello se suma un factor cada vez más determinante: la aceptación local, ya que la falta de diálogo con las comunidades puede retrasar o bloquear proyectos estratégicos.
La eficiencia operativa también avanza gracias a la madurez de los gemelos digitales y la automatización. Estos modelos virtuales permiten simular y optimizar en tiempo real el funcionamiento de los centros de datos, anticipando fallos, ajustando la refrigeración y redistribuyendo cargas de trabajo de forma inteligente. La gestión basada en IA se perfila así como una herramienta clave para mejorar la eficiencia y la resiliencia de las infraestructuras.
Europa, por su parte, está asistiendo al auge de mega campus de centros de datos, con proyectos de una escala sin precedentes que requieren infraestructuras eléctricas robustas, conectividad de alto rendimiento y sistemas de refrigeración altamente eficientes. Estos complejos representan una nueva frontera industrial y reflejan la magnitud de la inversión necesaria para sostener la economía digital impulsada por la IA.
Junto a la escala, crece la importancia de la economía circular y las métricas ambientales avanzadas. A indicadores tradicionales como la eficiencia energética se suman métricas relacionadas con el uso del agua, el carbono y el ciclo de vida completo de las instalaciones. La reutilización de materiales, la construcción modular y la recuperación de calor para usos urbanos o agrícolas empiezan a integrarse desde las fases iniciales de diseño.
La expansión de la computación periférica añade una nueva dimensión al mapa del sector. Los micro centros de datos se multiplican en aplicaciones donde la baja latencia es crítica, lo que impulsa la diversificación geográfica y permite aliviar la congestión de las redes eléctricas, además de aprovechar recursos energéticos locales.
Sin embargo, este crecimiento se enfrenta a un desafío estructural: la escasez de talento especializado. Ingenieros en energía, refrigeración, construcción o infraestructuras de IA son perfiles cada vez más demandados, y las compañías que consigan atraer, formar y retener este conocimiento tendrán una ventaja competitiva clara.
Todo ello se produce en un contexto de inversión masiva, con grandes operaciones corporativas, consorcios y asociaciones público-privadas orientadas a infraestructuras preparadas para la IA. Al mismo tiempo, aumenta el escrutinio social sobre la huella ambiental, la transparencia y el impacto local de los centros de datos. De cara a 2026, el sector deberá demostrar no solo su capacidad tecnológica, sino también su papel estratégico como infraestructura esencial para la soberanía digital y el desarrollo económico sostenible.