En este sentido, España se sitúa ya entre los principales mercados europeos de IA, concentrando el 5,6% del tráfico total en la región EMEA. A su vez, a nivel global, la actividad relacionada con IA aumentó un 91% interanual, impulsada por más de 3.400 aplicaciones distintas, lo que complica el control y la visibilidad en los entornos corporativos.
Un aspecto preocupante es que, pese a esta adopción masiva, muchas empresas no tienen un inventario claro de los modelos de IA que utilizan, ni de las funciones integradas en sus herramientas diarias. Hay que tener en cuenta que esta falta de gobernanza convierte a la IA en un nuevo vector de ataque, capaz de comprometer sistemas empresariales en apenas 16 minutos, según las pruebas realizadas en entornos reales.
Pese a que la IA se ha consolidado como una herramienta clave de productividad, las transferencias de datos hacia aplicaciones de IA crecieron un 93%, superando los 18.000 TB en un solo año. Esto ha situado a estas plataformas en el punto de mira de los ciberdelincuentes, especialmente cuando se trata de funciones de IA integradas que operan sin supervisión directa.
Por consiguiente, el informe apunta a la necesidad de replantear las estrategias de seguridad, ya que los modelos tradicionales no están preparados para ataques a velocidad de máquina. La protección de los datos y la resiliencia operativa pasan a ser, más que nunca, una prioridad estratégica para las empresas que apuestan por la inteligencia artificial.