Una gran demanda colectiva en Estados Unidos cuestiona uno de los pilares técnicos y comerciales de WhatsApp: su cifrado de extremo a extremo.
La denuncia, registrada en un tribunal federal de California, apunta directamente a Meta Platforms, a WhatsApp y a terceros colaboradores por un supuesto acceso indebido a mensajes privados de los usuarios. El caso, impulsado por los demandantes Brian Y. Shirazi y Nida Samson, sostiene que la plataforma habría interceptado, leído, almacenado o accedido a conversaciones que, según su propio discurso comercial, deberían permanecer inaccesibles incluso para la propia compañía.
WhatsApp ha defendido durante años que “ni siquiera WhatsApp” puede acceder al contenido de los mensaje
El núcleo de la demanda se centra en la aparente contradicción entre el funcionamiento real del servicio y su posicionamiento público. WhatsApp ha defendido durante años que “ni siquiera WhatsApp” puede acceder al contenido de los mensajes. Sin embargo, los demandantes aseguran que esta promesa no se corresponde con la realidad operativa del servicio.
Según la denuncia, empleados de Meta; contratistas externos, incluyendo personal vinculado a Accenture; y otros terceros habrían tenido acceso a los contenidos de las comunicaciones sin el consentimiento explícito de los usuarios. Además, el texto judicial apunta a la posible existencia de mecanismos internos que permitirían sortear el cifrado en determinadas circunstancias.
En este sentido, el documento recoge testimonios de informantes que habrían trasladado a investigadores federales que existía un acceso “amplio” al contenido de mensajes que los usuarios consideraban protegidos. Asimismo, la demanda sostiene que este acceso no habría sido comunicado de forma clara ni transparente.
El papel de terceros y contratistas
La demanda señala que contratistas externos habrían participado en la revisión de mensajes
Uno de los elementos más relevantes del caso es la implicación de terceros en el tratamiento de datos. La demanda señala que contratistas externos habrían participado en la revisión de mensajes, especialmente en contextos relacionados con la detección de fraude o incumplimientos de políticas.
Aunque estas prácticas pueden formar parte de procesos de moderación o seguridad, los demandantes argumentan que el problema radica en la falta de consentimiento informado. Según el texto, “WhatsApp no solicita a los usuarios autorización para que el contenido de sus mensajes sea interceptado, leído o almacenado” por la compañía o por terceros.
Además, se apunta a que estos accesos podrían haberse realizado a través de sistemas internos que permitirían visualizar conversaciones completas asociadas a determinadas alertas, lo que ampliaría el alcance del tratamiento de datos más allá de lo que el usuario espera.
Los demandantes acusan a las compañías implicadas de vulnerar diversas normativas de privacidad, así como de incurrir en prácticas de publicidad engañosa, competencia desleal y fraude
La demanda colectiva busca representar a todos los usuarios de WhatsApp en Estados Unidos que hayan enviado o recibido mensajes desde abril de 2016 hasta la actualidad, con subgrupos específicos en estados como California y Pensilvania. Los demandantes acusan a las compañías implicadas de vulnerar diversas normativas de privacidad, así como de incurrir en prácticas de publicidad engañosa, competencia desleal y fraude. Asimismo, solicitan un juicio con jurado y reclaman compensaciones económicas que incluyen daños compensatorios, punitivos y ejemplares.
El caso también reabre el debate sobre la transparencia en los servicios digitales, especialmente en un contexto donde el cifrado de extremo a extremo se ha convertido en un elemento clave para la confianza del usuario en plataformas de comunicación.
Qué dice WhatsApp al respecto
Ante estas acusaciones, WhatsApp ha rechazado de forma tajante las alegaciones, calificándolas como “categóricamente falsas y absurdas”. La compañía insiste en que su infraestructura se basa en el protocolo de cifrado desarrollado por Signal y que los mensajes no pueden ser leídos por terceros ajenos a la conversación.