Espías de nosotros mismos

Espías de nosotros mismos

miércoles 22 de octubre de 2014, 13:04h

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Hace ya cinco años, tras la salida del primer iPhone, el laboratorio de I+D de Vodafone UK detectó que el móvil de Apple llevaba un ‘log’ que registraba toda la actividad del usuario. La noticia llegó a nosotros de primera mano y, tras profundizar en la cuestión, averiguamos que la información registrada se transmitía a la empresa a través de iTunes, cuando conectábamos el terminal.

En principio, esos datos no viajaban directamente relacionados con una persona, pero todos recordamos que, desde el día 0, para comprar un iPhone era requisito indispensable vincular el IMEI a una persona y a una tarjeta de crédito. Cruzar dos bases de datos, es juego de niños no sólo para Apple, sino para cualquier informático. Lo denunciamos y consideramos la importancia que podía tener que un terminal que se había regalado a todo ser relevante en el planeta registrara y transmitiera información, del tipo que fuera, sobre los propietarios del mismo.

A los pocos meses, en ese rosario de texto que aparece al iniciar cualquier teléfono, sistema operativo o aplicación, se recogía explícitamente la autorización de los usuarios al uso de esos datos.

Lo evidente: todos y cada uno de nosotros, somos un sensor del big data (y del small data también); cada vez que pulsamos sobre un ‘aceptar’, autorizamos a las grandes empresas tecnológicas e incluso a los pequeños desarrolladores la intromisión en nuestras vidas. Y porque la ignorancia no exime del delito, ni del pecado, ni siquiera de la torpeza, el verano y el escándalo del espionaje me dejaron perpleja; ya que sólo hay un hecho cierto: nos guste o no, cada uno de nosotros somos los espías de nosotros mismos.

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