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Por Antonio Rodríguez
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infozonamovilidades/4/4/18
viernes 24 de abril de 2026, 10:42h

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La creciente demanda asociada al despliegue de inteligencia artificial está provocando una escasez significativa de CPUs, con un impacto directo en los precios tanto en el segmento de consumo como en el empresarial.

Desde comienzos de 2026, los procesadores han registrado incrementos progresivos. En concreto, los modelos destinados al usuario final han subido entre un 5% y un 10%, mientras que los chips orientados a servidores han experimentado aumentos más acusados, de entre el 10% y el 20%. Sin embargo, las previsiones apuntan a nuevas subidas a lo largo del año, con incrementos adicionales de entre el 8% y el 10% en la segunda mitad del ejercicio.

Demanda de IA y presión sobre la CPU

El principal factor detrás de esta evolución es el auge de la inteligencia artificial, especialmente en su vertiente más avanzada. La aparición de sistemas capaces de ejecutar tareas complejas de forma autónoma ha reconfigurado la arquitectura de los centros de datos, donde la CPU vuelve a ganar protagonismo. En este contexto, operaciones clave como las búsquedas vectoriales o la gestión de bases de datos dependen en gran medida de procesadores convencionales. Este cambio ha elevado de forma notable la demanda de CPUs en paralelo al crecimiento de infraestructuras destinadas a IA, lo que ha tensionado la capacidad de producción disponible.

Asimismo, la expansión de estos sistemas ha coincidido con un escenario de oferta limitada. Las fuentes del sector apuntan a que la escasez se mantendrá al menos hasta 2027, lo que prolongará la presión alcista sobre los precios.

Otro de los elementos que explica esta situación es la concentración de la producción en nodos tecnológicos avanzados. Los procesadores más recientes de fabricantes como AMD e Intel se fabrican en procesos de 3 nanómetros, una tecnología que también utilizan aceleradores de IA, unidades gráficas y chips personalizados. Esta convergencia de demanda en una misma capacidad de fabricación ha generado un cuello de botella en la producción de obleas. Como consecuencia, los costes de manufactura aumentan, lo que termina trasladándose al precio final de los productos.

En paralelo, la transición hacia nodos aún más avanzados añade presión adicional. AMD, por ejemplo, avanza hacia la producción en 2 nanómetros con el apoyo de TSMC, lo que implica inversiones relevantes y una mayor complejidad en la cadena de suministro.

Qué van a hacer los fabricantes

Ante este escenario, los principales actores del mercado ya han comenzado a ajustar sus estrategias. AMD prevé aplicar dos rondas de incrementos de precios en su gama de procesadores para servidores durante 2026, con un aumento acumulado que podría situarse entre el 16% y el 17%.

Por su parte, Intel ha llevado a cabo ajustes en marzo para sus CPUs de consumo y en abril para el segmento de servidores. Además, la compañía ha reforzado su capacidad industrial mediante la recompra del 49 % de su planta en Irlanda, con el objetivo de recuperar control sobre sus procesos de fabricación y responder a la creciente demanda.

En este contexto, la industria observa también movimientos por parte de fabricantes de semiconductores como TSMC, que ha decidido ampliar su capacidad en nodos de 3 nanómetros pese a tratarse de una tecnología ya madura, con el objetivo de aliviar parcialmente las tensiones del mercado.

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